CincoSentidos

Caricatura de un filósofo egoísta

Se publica en España la primera novela de Eric-Emmanuel Schmitt

Soy un músico frustrado que intenta ser un buen escritor'. Eric-Emmanuel Schmitt (Sainte Foy-lès-Lyon, Francia, 1960), uno de los autores en lengua francesa más leído y representado en el mundo, encontró en la escritura una manera de crear música.

La música, junto con la filosofía, son elementos clave en su literatura, en unas ocasiones consagrada al teatro -sus obras se han estrenado en más de 50 países- y en otras, a la novela. 'Mi modo de expresión natural es el teatro, porque es un género de debate, de confrontación, del intercambio de ideas del espíritu', señala. Son las historias, sin embargo, las que imponen el género. Así ocurrió con La secta de los egoístas, su primera novela, publicada en 1994, cuando ya era un dramaturgo de éxito internacional, que Destino publica ahora en el mercado español. En la obra, un soltero adicto al trabajo, que odia los domingos y prácticamente vive en la Biblioteca Nacional investigando su tesis -un cráneo entre paredes de libros mudos, alude irónicamente el escritor-, descubre al azar a un excéntrico filósofo del siglo XVIII, Gaspard Languenhaert, fundador de la escuela de la filosofía egoísta.

Schmitt era un profesor universitario de filosofía, que tenía a Diderot por maestro, cuando descubrió a Borges. 'Fue una revelación, me di cuenta de que se podía hacer ficción a partir de la filosofía'. Es lo que quiso hacer con La secta de los egoístas. 'Mi intención fue decir adiós a la filosofía y convertirme en el escritor que soy ahora'.

Languenhaert fue un personaje real. De él se sabe que procedía de Holanda, era muy guapo y frecuentó los salones de París, donde presentó su filosofía egoísta, que en resumen decía que él era el autor del mundo; intentó montar una escuela en Montmartre y escribió un texto, Ensayo de una nueva metafísica, que se perdió. Murió a los 33 años de una sobredosis de opio.

Schmitt ha querido hacer una caricatura de este filósofo integrista. 'Todos podemos ser Languenhaert', admite. æpermil;l se recuerda a los 20 años viviendo un éxtasis frente al pensamiento racional, totalmente apartado del mundo real. Le salvó el amor, la amistad y la sexualidad, confiesa. 'Languenhaert es uno de nuestros posibles, es una manera de huir de la realidad a través del pensamiento y de la droga', asegura el escritor.

'Todos necesitamos tener creencias en la vida, pero hemos de ser conscientes de que son nuestras y no valen necesariamente para los demás, no son la verdad'. Tan necesario como los valores es para Schmitt el humor, porque, 'si no, caemos en el integrismo'.

Sin fronteras

Eric-Emmanuel Schmitt ha publicado en más de 40 países. Entre sus piezas teatrales figuran El visitante, El libertino, Pequeños crímenes conyugales o La tectónica de los sentimientos. En España, se le conocía como novelista por El evangelio según Pilatos (Edaf). El público español también conoce otro de sus libros El señor Ibrahim y las flores del Corán por su adaptación al cine. La novela que escribe actualmente es una reflexión sobre las fronteras que los hombres han inventado para no convivir juntos. Schmitt vive en Bélgica y se siente profundamente europeo por motivos históricos y culturales, pero aborrece el concepto de nacionalismo. 'La nacionalidad es una idea que no tiene sentido. El concepto de frontera es problemático'. Prefiere sentirse ciudadano de la humanidad.