Lealtad, 1

El ejemplo falaz de 1993

Comparar el momento económico actual con el de 1993 parece ser una referencia obligada en esta primavera de turbulencias financieras, inmobiliarias y económicas. Cierto es que algunas marcas de agua, como la caída en las compraventas de coches o la percepción de que el precio de los ladrillos va a bajar, invitan a esta comparación. Pero meter en el mismo saco estos dos momentos es hacerse trampas al solitario. Por un motivo por encima de todos los demás: el euro.

Caída de los precios inmobiliarios, alta dependencia de los flujos de capital exterior y economía recalentada. Un escenario muy complicado para un país con moneda propia: el miedo a la salida masiva de capital obliga a la depreciación de la moneda mientras las autoridades tienen que subir los tipos de interés. Entre 1993 y 1995 España devaluó la peseta cuatro veces, amén de las intervenciones con reservas practicadas por el Banco de España para mantener a la moneda dentro de los márgenes marcados por el sistema monetario Europeo. Los tipos de interés venían de niveles superiores al 14%, y entre 1993 y 1995 oscilaron entre el 8% y el 10%.

Si España no se hubiese adherido al euro tendría, probablemente, un problema similar al de Islandia: un país estable políticamente y con deuda de alta calidad que, tras recibir voluminosos flujos de inversión extranjera durante varios años de repente ve que se acaba la gallina de los huevos de oro. La fuga de dinero hace tambalearse la estabilidad financiera. Islandia ha visto la moneda depreciada un 30%, ve amenazada su calificación financiera (ya está en A+) y se ha visto obligada a subir los tipos de interés al 15%.

'El caso islandés nos recuerda a España en 1992' comenta José Carlos Díez, de Intermoney, 'pero en plena crisis financiera nuestros tipos de referencia están por debajo del 5% ... aún estamos lejos de situaciones de insostenibilidad del endeudamiento externo. El euro es la moneda refugio y los activos españoles se benefician de ello'.

Los efectos de la crisis crediticia serían incomparablemente más duros si España estuviese hoy al otro lado de la valla. Por eso las situaciones son poco comparables. 'Nuestra preocupación debería ser alcanzar la renta per cápita de los islandeses y olvidarnos de los fantasmas del pasado'.