Lealtad, 1

Una crónica desde Reikiavik

Ayer pasaron muchas cosas. La Bolsa española marcó su enésima subida del orden del 3% al recoger gustosamente la perita en dulce que dejó Wall Street jueves y lunes mientras los mercados europeos permanecían cerrados. Y en Estados Unidos se vivió, quizá, la primera sesión desde principios de mes; la primera vez en que una cifra macroeconómica determinaba una moderada subida o bajada y el mundo no estaba ora ante el Apocalipsis, ora ante el final del túnel.

Y en Reikiavik, capital de Islandia, el banco central decidió subir los tipos de interés. Al 15%, nada más y nada menos. Más altos que un buen número de países emergentes y más inestables que la tranquila y civilizada isla atlántica que acogió hasta hace unos meses al genio loco de las 64 casillas, Bobby Fischer.

Islandia fue uno de los primeros países en sufrir indigestión por exceso de dinero fácil. Hace dos años que el banco central -Sedalabanki- subió el tipo de interés para frenar la vertiginosa caída de la corona islandesa, que pagaba años de excesos. Entre 2002 y 2005 se había apreciado el 63% espoleada porque el mundo financiero había descubierto un país con calificación financiera máxima pero tipos de interés relativamente altos. El enjambre de inversores se dedicó a pedir dinero prestado en Europa o, principalmente, Japón, para invertir en Islandia. El crecimiento económico se instaló en el 6% pero también se disparó el déficit exterior. En 2006 estaba en el 16% del PIB, y la deuda exterior privada duplicaba el PIB.

Cuando empezaron las subidas de tipos en el resto del mundo, el mercado empezó a temer que la corona islandesa perdiese atractivo y, como suele pasar cuando actúa el enjambre, se trató de una profecía autocumplida. Dos años lleva Islandia de resaca, y no ha podido poner freno a la sangría, si bien la economía real no se ha resentido en gran medida. La corona se ha depreciado un 27% en 2008.

La subida de tipos de interés fue recibida con euforia en el mercado islandés, que vivió ayer la mayor subida de la Bolsa desde 2001. El banco central también relajó los estándares de solvencia para las entidades financieras, y logró revalorizar la corona. Islandia, primer país en desarrollo humano del mundo según la ONU, empezó a aprender en 2006 que el dinero fácil no es para siempre. Ahora le toca al resto del mundo.