æscaron;ltima

65 millones de dólares por perder unos pantalones

El Premio Stella destaca las demandas más absurdas planteadas en Estados Unidos.

65 millones de dólares por perder unos pantalones
65 millones de dólares por perder unos pantalones

El juez Roy L. Pearson decidió demandar a su tintorería por la pérdida de un par de pantalones. Sin embargo, se excedió un tanto en su petición: aduciendo daños psicológicos y demás palabrería habitual de los juicios oportunistas estadounidenses, reclamó 65 millones de dólares como compensación. Su historia le ha valido ser el ganador de la última edición de los Premios Stella, que destacan los más disparatados casos judiciales de su país.

Durante años, corrió por internet como bulo la existencia de estos premios, que reciben su nombre de Stella Liebeck. Se trata de una anciana que en 1992 le ganó a McDonald's un juicio tras quemarse accidentalmente con uno de sus cafés: desde entonces, los vasos de la empresa incluyen la leyenda sobre la posibilidad de que el líquido queme, y la señora Liebeck recibió una indemnización de 640.000 dólares. Cassingham, escritor y humorista creador de la web de noticias disparatadas This is True ('Esto es cierto'), decidió en 2002 convertir en realidad los premios y otorgarlos anualmente tras verificar que se trata de historias reales, aunque en la mayor parte de los casos los procesos terminen en nada.

En el caso de la historia del juez Pearson, su demanda fue calificada de 'litigio vejatorio', una figura jurídica con la que los países anglosajones castigan a los demandantes cuya única intención es dañar a la parte contraria. Pese a ello, Pearson ha apelado el veredicto. Tampoco tuvo mucho éxito, por ejemplo, el galardonado en 2006, Allen Ray Heckard, que demandó a Michael Jordan por los daños emocionales que, según él, le causaba su parecido físico con el astro del baloncesto, pese al hecho de ser diez años mayor y 20 centímetros más pequeño. Pedía 364 millones de dólares.

Quizá el caso más extraño que ha conseguido documentar Cassingham sea el de Christopher Roller, que demandó a los magos David Copperfield y David Blaine, solicitándoles un 10% de sus ingresos. Según Roller, los trucos de ambos sólo pueden realizarse con poderes divinos, y considerando que él es Dios y nadie le pidió permiso para emplear sus poderes, se hacía justa una compensación.

Sorprendentemente, algunos de estos extraños procesos terminan en victoria. Por ejemplo, una mujer que demandó a la compañía de teléfonos alegando que había encontrado en sus páginas amarillas el número del médico que le había realizado una problemática liposucción, y que consiguió no sólo 1,2 millones de dólares, sino 375.000 adicionales para su esposo debido a 'la pérdida de los servicios matrimoniales' durante el periodo de convalecencia. Otra mujer obtuvo 50.000 dólares de un centro comercial porque al salir de él tropezó con una ardilla y, según el jurado, no existían señalizaciones suficientes en la zona sobre el peligro de esas alimañas.

Algunos de los juicios más célebres son, en cambio, leyendas urbanas. No hay pruebas, por ejemplo, de que nadie haya matado a su mascota por ponerla a secar en el microondas y luego demandara a la marca del electrodoméstico.

En España, un caso reciente atrajo la atención de la opinión pública, cuando el hombre que había atropellado a un muchacho en Haro (Logroño) demandó a los padres del fallecido por los daños en el vehículo. Sin embargo, la presión popular y mediática consiguió que la demanda se retirara.