Crisis subprime

La aversión al riesgo escala hasta nuevos máximos

La filial cotizada de KKR anuncia la demora de sus pagos

La aversión al riesgo escala hasta nuevos máximos
La aversión al riesgo escala hasta nuevos máximos

Nueva víctima de la crisis crediticia. KKR Financial Holdings, la filial cotizada del fondo de capital riesgo KKR, anunció ayer que aplazaba el pago de parte de su deuda respaldada por títulos hipotecarios y que iniciaba otra ronda de conversaciones con sus acreedores. Se trata de la segunda vez en seis meses que este gigante, el segundo de mayor tamaño del sector, reconoce que atraviesa dificultades de liquidez.

Esta demora, junto a las persistentes dudas sobre la solvencia de las aseguradoras estadounidenses (conocidas como monolines y especializadas en garantizar el pago de determinados bonos), ha contribuido a disparar las primas de riesgo hasta nuevos máximos históricos.

'Nadie se fía de nadie en estos momentos. El mercado descuenta la posibilidad de que haya quiebras', explica David Cano, socio de Analistas Financieros Internacionales (AFI). Este experto añade que la situación no mejorará hasta que los inversores verifiquen que el agujero provocado por la crisis subprime ha tocado fondo. 'Tendrán que pasar tres o seis meses sin que ningún banco reconozca un nuevo impacto negativo en sus resultados', señala. El martes, le tocó el turno al suizo Credit Suisse y ayer al británico Alliance & Leicester. Se teme que la lista de entidades afectadas por las turbulencias siga creciendo.

Esta desconfianza ha hecho que el índice Itraxx Crossover, que mide el diferencial entre la deuda de alto riesgo y los bonos públicos, escale por encima de los 585 puntos. A finales del pasado verano, cuando aún no se presentía el alcance real de la crisis, este indicador rozaba los 300 puntos.

'Estamos abriendo la caja de Pandora y aflorando todos los riesgos sistémicos. No se sabe cuánto puede durar', asegura José Luis Martínez, de Citi, que añade que la incertidumbre sobre el futuro de las monolines no contribuye precisamente a calmar los ánimos. 'Lo increíble es que las Bolsas estén en los niveles que están'.

El gobierno estadounidense ha propuesto escindir el negocio de las monolines para evitar que los riesgos contraídos en el negocio subprime se contagien a otros segmentos, como los bonos municipales. A ello se suma la oferta realizada la semana pasada por parte del multimillonario Warren Buffet, dispuesto a comprar los 551.000 millones de euros de deuda municipal que tienen estas compañías en sus carteras.

Pero estas dos iniciativas no han logrado convencer al mercado de la solvencia de estas compañías. 'Todavía no está claro quién va a tapar el agujero generado por las subprime', explica Cano. Y las consecuencias de que engrosen la lista de damnificados por la crisis pueden ser impredecibles. De hecho, los expertos insisten en que si la situación deriva en un recorte de sus ratings el impacto en la banca va a ser 'brutal'.

La Fed confirma la desaceleración económica

La debilidad del crecimiento económico será duradera. Así lo confirman las actas de la Reserva Federal correspondientes a la reunión del 29 y 30 de enero pasado, publicadas ayer.

Los miembros de la Fed presentes en el encuentro señalaron que la tasa de crecimiento se situará este año entre el 1,3% y el 2%, está por debajo de la tendencia histórica y supone un recorte respecto a la previsión anterior, realizada en octubre pasado, que situaba el rango entre el 1,8% al 2,5%. Para la Fed, la tasa de paro también seguirá dando disgustos y no bajará del 5,2% en 2008. El banco central espera que sus recortes de tipos y el paquete de ayudas fiscales anunciado por el presidente George Bush relance el crecimiento a finales de año y mejore ligeramente en 2009 y 2010. Pero estos repuntes no se traducirán en una mejora sustancial de aspectos cruciales como el pinchazo inmobiliario o la tasa de paro.

La Fed espera que las presiones inflacionarias se moderen en los próximos meses, lo que incrementaría su margen de actuación. Aún así, el último recorte -del 3,5% al 3%- tuvo en contra el voto del presidente de la Fed de Dallas, Richard Fisher, que considera que la medida perjudica el control de la inflación y que los tipos ya eran suficientemente expansivos.