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La cara más viva de Suecia

Gotemburgo se perfila como destino ideal para compartir el lado más hedonista e imaginativo de los nórdicos, gracias a los vuelos directos recién establecidos desde Madrid y Barcelona

Gotemburgo ha sido conocida como la Ámsterdam sueca o la Barcelona sueca. Ambas comparaciones son acertadas. Por un lado, esta ciudad relativamente moderna -fundada en 1621- fue diseñada por ingenieros y arquitectos holandeses, que mandó llamar el astuto rey Gustavo Adolfo. Y aunque hoy han desaparecido muchos de los canales que tuvo, no ha perdido su aire de ciudad anfibia. Por otro lado, es la cara más dinámica de Suecia: pese a contar sólo con medio millón de vecinos -el 20% con alguna raíz extranjera-, posee el puerto más activo de Escandinavia, dos aeropuertos, dos universidades, y aloja a empresas como Volvo, Ericsson, SKF o Hasselbald. Goza además de una renta per cápita que supera los 20.000 euros, con una tasa insignificante de desempleo.

Es una ciudad creada a escala humana, que puede recorrerse a pie. Sin embargo, es mejor utilizar la magnífica red de tranvías de que dispone, ya que no hay metro: en su día, no hubo medios para vencer al terreno fangoso que escolta al río. Porque la occidental Gotemburgo -Göteborg en sueco- es la fortaleza (borg) del río Göta: un cauce navegable hasta Estocolmo y la orilla oriental del país, causa por ello de luchas entre suecos, daneses y noruegos.

Para conseguir una preciosa panorámica del lugar, basta subir a cualquiera de las colinas de granito que emergen sobre los tejados: desde allí se divisan el río y el mar, confuso y desdibujado por un millar de islotes, algunos habitados. Porque el agua está presente por todas partes. Tanto como el verde imparable de parques, praderas y colinas.

En Gotemburgo es fácil orientarse. Arriba se encuentra la acrópolis de la Götaplatsen, formada por el museo de Bellas Artes, un palacio de la música y un teatro, y presidida por un gigantesco Neptuno de Carl Milles, el más célebre escultor sueco. Desde allí, la Kungsportavenyen, conocida como Avenyn (avenida), desciende hasta el antiguo puerto, donde alza su proa vanguardista un edificio de la ópera con los pies en el agua. Poco antes hay que franquear un cinturón de parques y canales, el único resto de los antiguos bastiones diseñados por los holandeses.

Dentro de ese óvalo ceñido por el agua se hallan los edificios más nobles y antiguos que han subsistido. Como el Kronhuset o palacio, de 1655, donde se reunía el Parlamento sueco; o el edificio de la Compañía Sueca de las Indias Orientales, ahora convertido en Museo de la Ciudad. Todo ello agrupado en torno a la plaza de Gustavo Adolfo. Un paseo por ese cogollo histórico permite descubrir fachadas y edificios de los siglos XVII y XVIII, junto a otros del llamado estilo nacional-romántico.

También destaca un barrio como Klippan, el embrión de la ciudad, donde estaban las fundiciones de hierro y vidrio y los almacenes de sal. Y, sobre todo, Haga: una zona de calles peatonales y casas bajas convertidas en restaurantes, cafés y tiendas de moda. Es uno de los reductos más inquietos y alternativos de la ciudad, aunque sería excesivo llamarlo bohemio. Un concepto que casa mal con este vecindario que, aunque ignora las fronteras entre el día y la noche -principalmente en fin de semana- acude en masa a comedores sibaritas o a museos de última generación donde, más que exhibirse objetos, se proponen ideas sobre cuestiones de actualidad. Porque en materia de globalismo, Gotemburgo es una alumna aventajada.

Guía para el viajero

Cómo ir. La compañía SAS (www.flysas.es) acaba de abrir dos vuelos semanales directos, los viernes y los domingos, entre Gotemburgo y Barcelona. Ryanair (www.ryanair.com) también tiene vuelos directos a Gotemburgo desde Madrid, Barcelona y Alicante.

Dormir y comer. Para alojarse en Gotemburgo, una opción recomendable es el Hotel Gothia Towers (www.gothiatowers.com), que se encuentra junto al Centro Ferial, a un paso de la céntrica Götaplatsen. Es el hotel más grande de Suecia, y próximamente será ampliado, con la construcción de una tercera torre. Desde el bar restaurante del piso 23, Heaven 23, se disfruta de una panorámica única de la parte moderna de la ciudad. Imprescindible probar su sándwich de gambas.

Para comer, un lugar con un encanto muy especial es el Sjömagasinet. Este antiguo almacén de la Compañía Sueca de las Indias Orientales está situado en el barrio Klippan. Metido en el agua, su chef propietario, Leif Mannerström, conserva una estrella Michelin desde 1999. Lucen también estrella Michelin los restaurantes Fond, Basament y 28+. Más información: www.visitsweden.com (en español).