Valores a examen

El polvo se asienta, la niebla permanece

Si fue una mezcla de broker y hacker, como apunta la versión oficial ante el escepticismo del sector, o fue un nuevo ejemplo de cómo en algunas organizaciones se hace la vista gorda cuando hay dinero de por medio da un poco lo mismo. El caso de Jérôme Kerviel ha demostrado, una vez más y como pasa en todas las crisis, que los cimientos del sistema financiero mundial son tan endebles como la confianza mutua de una comunidad de individuos cuyo ánimo colectivo padece un severo trastorno bipolar. En ese sentido, es una noticia que ayuda a poner los puntos sobre las íes sobre la naturaleza real del mundo financiero y sobre la situación en la que se encuentra hoy por hoy. Y ayuda a mirar con otros ojos el interesado optimismo de quien sostiene que, como ha sido cosa de un loco, aquí no ha pasado nada.

El ideograma chino para la palabra crisis está compuesto de los caracteres que representan 'riesgo' y 'oportunidad'. El riesgo de perder más de un 12% en una sesión y media -del viernes al martes a primera hora- y la oportunidad de ganar el 9% comprando en ese punto. Esto es una crisis, un crac o como cada uno lo prefiera llamar. En cuatro jornadas se ha visto el mayor desplome de la historia del Ibex, la mayor subida, el mayor fraude bursátil y la mayor bajada de tipos en Estados Unidos en décadas. El viernes el polvo empezó a asentarse, y la moderada subida del mercado permitía, al fin, tomar un café sin pensar en qué habrá pasado mientras tanto. Pero el paisaje después de la batalla no está mucho más claro que antes; pensar que el mercado está igual pero más barato es una invitación a quedarse atrapado en un rebote efímero. Evidentemente una caída bursátil abre oportunidades, pero buscarlas ahora es intentar coger un cuchillo al vuelo.

Société Générale vendió una masa ingente de futuros y tumbó el mercado. Pero eso sólo fue la espita, el detonador. Por muy irracional que sea el sentimiento del mercado en etapas extremas, lo sucedido esta semana deja claro que el mercado está tocado. Mucha gente vendió mucho papel a precio bajo en cuanto vio las orejas al lobo. La volatidad va a persistir, los resultados empresariales en Estados Unidos están sujetos a revisión bajista desde hace tiempo, la recesión está en las quinielas y el efecto de la crisis subprime y sus derivadas todavía es incierto. No se va a hundir el mundo, pero desde luego no es éste un momento de jugar a ser más listo que el mercado.

Nuño Rodrigo Redactor jefe