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Las fiestas más deseadas del año

Galas benéficas, debuts en sociedad o el estreno de la presidencia de EE UU. Una cita social casi todos los meses.

Las fiestas que nadie quiere perderse este año
Las fiestas que nadie quiere perderse este año

Todo el año de fiesta. Desde Washington a Venecia, pasando por París, Viena y Nueva York, pueden ir haciendo huecos en su agenda. Cenas benéficas, presentaciones en sociedad de las famosas del futuro o incluso el estreno del curso político; casi cada mes tiene una cita ineludible para el glamour y la elegancia.

La primera, cronológicamente hablando, de la decena de fiestas preferidas por la revista Forbes es la Philarmonic Ball de Viena, que combina el baile de debutantes con un gran concierto, y que se celebrará el 24 de este mes. Las mesas ya están agotadas, y hay que acudir a la lista de espera para los próximos años. Justo un mes después, el 24 de febrero, será el momento de cruzar el charco hasta Los Ángeles. Si la huelga de guionistas no lo impide, ese día se entregarán los Oscars de Hollywood; pero quienes no estén nominados quizás estén más pendientes de la fiesta que organiza siempre Vanity Fair después de la gala. Los invitados los elige el director de la revista.

El 13 de marzo se celebrará una fiesta muy juvenil, el Young Fellows Ball de la Colección Frick de Nueva York, que cada año tiene una temática distinta y que suele tener relación con alguna exposición. Este año el tema será Un ballo in Maschera (Un baile de disfraces), inspirado en el misterio que rodea la identidad de Antea, retrato de Parmigiano prestado por el Museo Capodimonte de Nápoles desde el 29 de enero.

Sin cambiarnos de ciudad, el 5 de mayo llega la fiesta del Metropolitan Museum of Art que cada año inaugura la exposición de primavera del Costume Institute, la parte del museo dedicada a la ropa. Esta vez, con el patrocinio de Giorgio Armani, se analizará la imaginería de los superhéroes. Copatrones serán George Clooney, Julia Roberts y Anna Wintour, directora de Vogue, editada por Condé Nast, que también financia la muestra.

Volvemos a Europa. Cada dos veranos, coincidiendo con la Bienal de Venecia, el Patrimonio Veneciano organiza unas jornadas que concluyen con una fiesta, la Venetian Heritage Biennale Ball. El año pasado se celebró en el Palacio Pisani Moretta, con entradas que costaban 1.200 euros por persona. Los jóvenes pudieron comprar entradas por 500 euros, que incluían otras actividades. Los barones Rothschild están entre los asistentes de los últimos años.

En julio llega la fiesta de la Serpentine Gallery de Londres, también en beneficio del museo, de arte moderno y contemporáneo. Los 265 euros que paga cada asistente permiten que sea gratuito para el público. No podía faltar Montecarlo en este ranking del jolgorio. La Gala de la Cruz Roja, con la asistencia de las familias reales habituales, se celebra el primer o segundo sábado de agosto, con pases de 800 euros, que no incluyen la bebida.

Con su particular estilo, Hugh Heffner reúne el primer sábado de agosto a sus amigos con las conejitas de Playboy en su mansión de Los Ángeles. La fiesta El sueño de una noche de verano (Midsummer Night's Dream) se celebra desde los años setenta, con una interrupción mientras Heffner estuvo casado. El rapero Diddy Combs organiza su White Party en los Hamptons, a las afueras de Nueva York, generalmente en Labor Day (el día del trabajo, a principios de septiembre).

En noviembre o diciembre el Hotel Crillon parisino acogerá el Baile de las Debutantes, en el que 24 chicas europeas se presentan en sociedad. Cada una de ellas lleva un vestido de una casa de alta costura, así como joyas de Adler. En el último participaron Kathleen Kennedy, nieta de Robert Kennedy, vestido del francés Mendel; Lily, hija de Phil Collins, vestida de Chanel, y la hija de Pedro J. Ramírez y Ágatha Ruiz de la Prada, Cósima, vestida de Christian Lacroix.

Y a principios del año que viene se celebrará la reunión más exclusiva de todas, al menos por su periodicidad: el baile que da inicio a cada presidencia de EE UU, que se celebra durante tres días, con fiestas dedicadas a los diversos estados que conforman el país: desde la Constitution Ball a la Freedom Ball, pasando por la Patriot Ball o la Commander in Chief Ball, esta última exclusiva para los militares. Asistir a todos los eventos puede salir por 6.700 euros, según cálculos de The New York Times.

España, guateques de marca

Las grandes fiestas en España están íntimamente relacionadas con las grandes empresas del lujo y el glamour, como Loewe, Cartier, Dior y Guerlain, además de la excepcional Porcelanosa. Y aunque las multinacionales reservan sus mayores presupuestos para las fiestas de sus sedes, la falta de dinero se compensa con una 'mayor creatividad', a juicio de Carmen Valiño, directora de comunicación de Loewe España.

Ella empezó a finales de los ochenta, en plena movida madrileña, 'invitando a la gente que marcaba la pauta socialmente, como Luis Antonio de Villena o Alaska, en una sociedad conservadora'. Siempre ha trabajado mano a mano con su hermana Mayte, directora de comunicación de Guerlain, del grupo Louis Vuitton. También hacen encargos puntuales para otras empresas.

Valiño recuerda con especial cariño la fiesta de lanzamiento del producto para la piel Happylogy Guerlain, de hace cinco años, que se transformó en una celebración de la felicidad. 'Antes del evento pedimos al humorista Forges que resumiera lo que era la felicidad para él, y dibujó una margarita cada uno de cuyos pétalos era un libro. Javier Rioyo escribió sobre cine, el filósofo Javier Sádaba lo analizó desde su campo, y los invitados nos dieron su visión'.

Con todo ello diseñaron los espacios de la fiesta: un altar con 18 vinos, una zona hippy, una dedicada al chocolate... A los 150 asistentes les regalaron la banda sonora de la noche. 'La clave es la generosidad, pensar en los invitados, en lo que les gusta', recalca Valiño.

Prefiere la calidad a la cantidad, y no suele hacer convites para más de 200 personas, con la excepción del 160 Aniversario de Loewe, cuya fiesta mundial se celebró en España el año pasado y que congregó a 400 personas. Elegir a los invitados es todo un arte. 'Las marcas siempre quieren tener repercusión mediática, y para eso es imprescindible invitar a famosos', explica Valiño, que presume de que muchos de quienes van a sus fiestas van por amistad. En ocasiones lo más complicado no es que acudan los convocados, sino evitar que vengan quienes no se ajustan a la imagen que quiere dar el organizador, especialmente en las más lúdicas.

Carmen y Mayte Valiño siempre han sido pioneras, como cuando presentaron Esencia de Loewe en un garaje. Carmen ha preparado sendos desfiles para Carolina Herrera y Loewe en el Guggenheim de Bilbao.

También contribuyeron 'a recuperar la tradición celta de Halloween en España', con la fiesta que celebraba cada año la marca de champán Veuve Cliquot. Valiño recuerda lo difícil que era convencer, en concreto a las mujeres, de que salieran disfrazadas de brujas en los medios de comunicación. Ahora pretende celebrar una fiesta anual para Guerlain todos los febreros, con motivo de San Valentín, o como este año, del carnaval.

A juicio de la comunicadora, los españoles 'tienen un sentido lúdico muy puro, participan con más emoción de las fiestas, están más liberados, y no es difícil que asistan a ellas'. Valiño no tiene empacho en reconocer que las fiestas de Porcelanosa son algo aparte. Como una celebrada en una residencia del príncipe Carlos de Inglaterra a la que ella asistió. 'Son las mejores del mundo'.