Aeronáutica

Airbus y Boeing pujan por un contrato de 27.000 millones

Airbus y Boeing han entrado en la recta final para hacerse con uno de los contratos más importantes de la Fuerza Aérea de EE UU, que se adjudicará en un mes. En juego, 27.190 millones de euros por la fabricación de 179 aviones cisterna.

Los dos grandes fabricantes mundiales de aviones, Airbus y Boeing, se juegan un importante contrato en las próximas semanas. Se trata de uno de los principales concursos de la Fuerza Aérea estadounidense (USAF), para adjudicar la fabricación de 179 aviones cisterna (tanqueros en la jerga aeronáutica) por unos 40.000 millones de dólares (27.190 millones de euros).

El montante definitivo para el ganador probablemente se amplíe hasta los 100.000 millones de dólares (67.960 millones de euros) gracias a los contratos de mantenimiento y a los pedidos que la USAF realizará en el futuro.

Los responsables de Airbus y Boeing deben presentar estos días sus ofertas definitivas, que la USAF pretende estudiar en profundidad para adjudicar el contrato en febrero, después de un ligero retraso a lo largo del proceso, iniciado meses atrás.

Airbus se presenta al concurso junto Northrop Grumman, uno de los principales grupos de defensa de EE UU. Su propuesta es el KC-30, un tanquero diseñado a partir del A-330 que ya ha sido elegido por las Fuerzas Armadas de algunos de los principales aliados de Estados Unidos: Reino Unido, Australia y Arabia Saudí.

Por su parte, Boeing ofrece el KC-767, un modelo fabricado a partir de los 767 de aviación comercial. En la producción y montaje del aparato, que ha sido adquirido por los ejércitos de Italia y Japón, participan otras empresas como la aeronáutica Spirit o el fabricante de motores Pratt & Whitney.

Desde el punto de vista técnico, los dos grupos tratan de hacer valer sus virtudes. El modelo de Boeing es un 35% más pequeño y un 20% más ligero que el de su rival, lo que le permite gastar un 24% menos de combustible, con unos ahorros globales de 6.800 millones de euros, y operar en mayor número de aeropuertos.

Por contra, el KC-30 de Airbus y Northrop tiene la ventaja de que puede transportar hasta un 20% más de pasajeros y carga y suministrar un 31% más de combustible en los abastecimientos en vuelo.

En todo caso, la carta que está jugando ante la opinión pública Boeing es la de que su avión es netamente americano: un 80% se construirá en el país, con 44.000 trabajadores y 300 suministradores nacionales. Airbus y Northrop, por su parte, han prometido que el 60% del avión será estadounidense (un 12% se hará en España), empleará a 25.000 personas, trabajará con 230 suministradores nacionales y se montará en Mobile (Alabama).

El nuevo tanquero de la USAF se denominará KC-45 e irá sustituyendo a la actual flota de aviones cisterna estadounidenses, los KC-135, que tienen una media de antigüedad de 46 años. El primero de estos aparatos, basados en el 707 de Boeing, fue entregado a la USAF en 1956.

Estos aviones se han ido modernizando para adaptarlos a las nuevas necesidades militares de EE UU. Sin embargo, el país necesita urgentemente un nuevo modelo. Según el Comando de Movilidad Aérea, si se recibe el primer KC-45 en 2011, como está previsto, la flota de KC-135 no se dará de baja al completo hasta 2048, cuando el último aparato tenga 87 años.

La cifra. 67.960 millones es el montante total que puede llevarse la empresa que gane el concurso de la USAF, gracias a futuros pedidos y contratos de mantenimiento.

Grupos de presión y financiación a políticos clave

La batalla de los grandes de la aeronáutica por el jugoso contrato de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF) también se ha extendido a los pasillos del Congreso y el Senado del país, donde los grupos empresariales tratan de recabar apoyos.

Aunque la decisión de quién se alza con la victoria en el concurso de los aviones cisterna corresponde a los mandos militares, el respaldo de los políticos estadounidenses es clave para las empresa, ya que congresistas y senadores condicionan la aplicación del presupuesto y pueden orientar la resolución de la USAF.

Un elemento clave en esta lucha de pasillos son los comités de acción política (PAC, por sus siglas en inglés), grupos creados por las empresas que sirven para financiar las campañas de los distintos representantes políticos mediante donaciones.

Según los datos recogidos en la página web CampaignMoney.com, especializada en control de las donaciones públicas, hasta finales del pasado mes de octubre, el comité de acción política de Boeing había desembolsado 363.676 euros en el ciclo electoral 2007-2008 frente a los 47.950 euros del PAC impulsado por EADS en Estados Unidos y los 443.075 euros de Northrop Grumman, socio del grupo europeo en el concurso.

En este caso, resulta significativo echar un vistazo a qué políticos concretos han destinado el dinero las compañías. Así, el presidente de la comisión sobre armamento del Senado, Carl Levin, ha recibido 2.378 euros de EADS y su socio, y 3.740 euros de Boeing. El del Congreso, Ike Shelton, se ha embolsado 4.078 euros de Boeing y 1.360 euros de Northrop. EADS y su socio, que han prometido montar su avión en Alabama, también han financiado a los principales parlamentario de este estado.