Lealtad, 1

El dato que nadie quiere escuchar

La Bolsa tiene un mantra, que recitan los analistas con convicción de monjes para mantener su fe en el mercado: los beneficios empresariales. Un somero porcentaje que da o quita la razón el mercado y que, se podría pensar, convierte los sesudos informes de estrategia y análisis en un simple desperdicio de papel, en una deforestación inútil. En un mercado alcista se pueden exponer una miríada de argumentos bajistas, pero un beneficio empresarial sólido calla casi todas las bocas.

Pero este argumento tiene un poder asimétrico. Es la piedra angular de las opiniones alcistas cuando el beneficio funciona, pero se convierte en material de derribo, en obtusa y obsoleta numerología, cuando al mercado no le conviene. Y hoy por hoy no conviene demasiado hablar de los beneficios empresariales. De hecho, apenas se habla cuando este trimestre ha sido el peor para las cuentas de las compañías del índice Standard & Poor's 500 desde 2001. Según el informe semanal de Reuters al respecto, la caída del beneficio ha sido el 3,3% en el tercer trimestre. Antes de empezar dicho trimestre se auguraba un crecimiento de los beneficios del 2,5%. El consenso ha errado por casi seis puntos.

En esta misma línea, las empresas que advierten que los resultados no cumplirán las expectativas son más que las que elevan dichas previsiones. Y la distribución del comportamiento de los resultados aclara las dudas sobre la fortaleza del ciclo: los sectores de consumo cíclico y financiero presentan caídas interanuales de casi el 30%.

El mercado parece haber olvidado, por ejemplo, que Cisco hace no mucho apuntó que el descenso del gasto por parte de, entre otros, las entidades financieras iba a afectar a sus cuentas. El beneficio empresarial alimenta el ciclo de inversión y de empleo, y si las cosas empiezan a fallar en las cuentas empresariales la tijera corporativa se trasladará a otros ámbitos económicos.

Pero hoy toca hablar de otras cosas, como por ejemplo las bajadas de tipos salvadoras. Periódicamente el mercado descubre a su propio Rey Midas, encarnado esta vez en Ben Bernanke. ¿Recesión? Mejor que mejor, más bajadas de tipos. Hasta que bajen a cero, como en el Japón de los 90, o al 1%, como en 2002, felices tiempos para la Bolsa.