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CincoSentidos

Las curvas de cristal que más seducen

El juego exquisito entre la copa y su contenido resalta las virtudes de un buen vino

Hace unos años lo habitual era servir el vino en barrocas copas talladas de tamaño más bien pequeño. Pero el interés creciente por el mundo del vino ha hecho que hoy formen parte de la liturgia gastronómica, porque es impensable tomar un buen vino en un recipiente inadecuado.

La elección no es fácil, ya que el mercado ofrece cientos de ellas, a cual más atractiva. Las hay lujosas y más asequibles, sopladas a mano o manufacturadas, para profesionales o neófitos, de multitud de tamaños y precios. ¿Por cuál decantarse, qué hay que tener en cuenta a la hora de adquirirlas? Pues en primer lugar, depende de la exigencia. Es más, las firmas de más prestigio ofrecen colecciones enológicas, pensadas exclusivamente para sibaritas del vino.

Como norma general, una buena copa debe ser de cristal transparente, lo más fino posible, sin tallar, para que permita apreciar la limpidez y brillantez de un vino. Debe resultar agradable al tacto con los labios, y por tanto, de bordes finos y redondeados. Lo más adecuado es que se cierre en la parte superior -lo que permite concentrar los aromas-, y que sea amplia, que posibilite respirar al vino. También se valora que el pie sea largo y estilizado, para poder coger la copa por el tallo, evitando dejar huellas o transmitir calor.

Las copas austriacas Riedel son las más famosas del mundo, incluso uno de sus diseños se expone en el MOMA de Nueva York. Su lema 'el contenido determina la forma' ha revolucionado el concepto de la copa actual, que pretende enfatizar la armonía del vino, no sus defectos. De sus distintas colecciones, destaca la gama Sommelier (la más cara, por encima de 60 euros la unidad, soplada artesanalmente). Algo más asequibles, las alemanas Zwiesel, muy resistentes. Novedosas y vanguardistas, las Open Up de Mikasa Oenology; exclusiva y versátil la Royal de Lalique, y sibaritas las Impitoyables de L'Esprit et le vin (grupo Peugeot), perfectas para entendidos.

Una copa para cada ocasión

Existen una serie de copas clásicas que todo amante del vino debe poseer en su cristalería: la de champagne y espumosos, con forma de tulipa, la de tipo burdeos, de gran tamaño (es la más habitual en restaurantes), la borgoña, algo más pequeña pero con la boca ligeramente acampanada, la chardonnay, con forma de balón, o la chianti, de tamaño medio, que se utiliza frecuentemente en los concursos internacionales de vinos. Pero para tomar vinos españoles la ideal es la tempranillo y la tinto reserva, modelos ambos desarrollados por la casa Riedel en 1998. Este diseño especial permite degustar la mayoría de nuestros vinos (riojas, riberas, manchegos, navarros, catalanes…). Una copa polivalente de tamaño medio que alcanza mayor capacidad en la de tintos de reserva.'Tyrol', de Riedel. Copa moderna y actual, concebida para un público joven y para todas las ocasiones. Realizada en cristal de Bohemia, la colección presenta 10 formatos diferentes. Precio: 20 euros.'Open Up Flute', de Mikasa Oenology. Gama diseñada para amateurs. De finura extrema, permite el desarrollo de todos los aromas y favorece la oxigenación. Precio: 7,5 euros.'Royal Wine Glass', de Lalique. Refinada copa de balón para todo tipo de vinos. Labor artesanal en finísimo cristal Lalique, un clásico de la cristalería de lujo francesa. Precio: 50 euros.'Impitoyables', de L'Esprit et le vin-Peugeot. Copa profesional, ideada para multiplicar el placer de la degustación. Realizadas a mano en cristal muy puro. Precio: 40 euros.'Fine', de Zwiesel. Permite concentrar los aromas y sabores. Fabricada en cristal Tritan®, libre de plomo, destaca por su dureza, brillo y resistencia a la acción corrosiva del lavavajillas. Precio aproximado, 8 euros.

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