âscar Blanco

'¡Qué inviertan en póquer mejor que en Bolsa!'

Con 30 años, y sólo cuatro en el circuito, es firme candidato a ganar las series mundiales de póquer

Una cicatriz en la cara y dos pendientes que atraviesan sendas cejas convierten la mirada de âscar La Púa Blanco en una de las más desafiantes del circuito de póquer mundial. Su pelo de punta, como púas, deja adivinar sus 30 años de edad, de los cuales lleva cuatro como profesional. Sólo en la última temporada ganó más de 200.000 dólares, 110.000 de su victoria en Los Ángeles dentro del tour mundial. Hasta el domingo, este deportista - como él se define - y profesor de su propia escuela, busca ganar la Series mundiales de póquer (WSOP, en sus siglas en inglés) igual que otros cinco españoles.

¿Cuántas horas juega al póquer?

Unas seis horas, más las que dedico a estudiar y prepararme psicológicamente.

¿De dónde viene su afición?

Quería dedicarme profesionalmente al billar, pero no era bueno. En los billares donde jugaba había timbas de póquer. Empecé a jugar y me di cuenta de que se me daba bien. Luego conocí el tema de internet, leí algún libro y me puse a estudiar.

¿Recomendaría a un hijo dedicarse a ello?

Si le gusta… De hecho, me encantaría enseñarle.

¿Cuál ha sido su partida más rara?

Con unos jeques árabes multimillonarios en Marbella. Con bandejas de fruta pasando, con mujeres alrededor, masajistas… ¡Un espectáculo!

¿Les desplumó?

Sí, 7.000 euros. Tenían poco aprecio al dinero y encima eran muy malos.

¿Con quién no jugaría?

Con mis amigos.

¿Cuánto ha llegado a perder en un solo día?

12.000 euros.

¿Qué tiene de azar?

Hay una parte de azar, a lo mejor en un 20% frente a un 80% de talento. Esa suerte hace que los jugadores que son de peor nivel crean que puedan ganar a los profesionales. La parte mala es que en cualquier torneo cualquier jugador peor te puede eliminar.

¿Qué recomienda, jugar al póquer o invertir en Bolsa?

¡Qué inviertan en póquer mejor que en Bolsa! ¡Pero porque estoy yo!

¿El entorno de los casinos es poco recomendable?

El póquer ahora tiene una imagen más bien deportiva. Ya no es el rollo de timba, de humo y de gente que se juega el coche. Con la televisión de por medio esto ya es un show, más que una enfermedad como la ludopatía.

¿Qué hay de cierto en la imagen de 'me juego mi casa'?

Siempre, por las películas, lo que la gente ha pensado es que el jugador ha llevado a arruinar a su familia, a perder sus pertenencias. Un profesional es lo contrario. Hace las cosas con cabeza. Aunque también hay jugadores que no han sabido controlarse y han llegado a la bancarrota.

¿Qué opina su familia de su profesión?

Al principio no se lo dije por miedo. Ahora lo saben y me apoyan.

¿Cuál es el futuro del póquer?

Va a ser un éxito a nivel mundial, de hecho ya lo está siendo, sobre todo en EE UU en los últimos años. Va a ser uno de los deportes más vistos.

¿Por qué hay tanta gente joven empezando en el circuito profesional?

Llaman mucho la atención los premios y el show televisivo. Sobre todo el ver que sales por la tele jugando a las cartas y que encima eres famoso.

¿Es fácil ganar dinero?

Si te lo tomas en serio y te gusta, no es muy complicado.

¿Qué no le gusta del póquer?

Es muy absorbente. Si no lo controlas, estás constantemente hablando de póquer y centrado en el póquer. A mí me gustaría empezar a separarlo de mi vida personal.

Las series mundiales, por primera vez en Europa

El constante y tintineante ruido de fichas es lo que primero llama la atención en un campeonato de póquer. Lo segundo, que los jugadores parecen aburridos. Abundan las gafas de sol y los auriculares, que les aíslan y esconden su estado de ánimo. Jugar 30 manos por hora, durante diez horas, puede ser agotador. Por eso reciben los cuidados de masajistas mientras no paran de mover las fichas. El premio lo vale: 3.460.000 libras (más de cinco millones de euros), de las WSOP Europa, un campeonato que ha salido por primera vez de Las Vegas y se celebra desde el 10 de septiembre hasta este domingo en Londres. La inscripción, 14.700 euros, la suele pagar un patrocinador.