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Compartir vivencias con un premio Nobel

Un centenar de universitarios se empapan durante una semana en Fuerteventura de la experiencia y sabiduría de 14 premiados, deseosos de compartir conocimientos con el talento más joven

Al químico Edmond Fisher le concedieron el premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1992 por su trabajo sobre la fosforilación de las proteínas. Un año más tarde lo recibió el estadounidense Richard Roberts por sus hallazgos sobre la existencia de genes partidos. Al alemán Johann Deisenhofer le concedieron el Nobel de Química en 1988 por lograr desentrañar y explicar el fenómeno de la fotosíntesis, en el que está basada toda la alimentación de los seres vivos. Son los logros conseguidos por algunos de los 14 premios Nobel, que esta semana compartieron experiencias con un centenar de universitarios, 56 europeos y africanos y 44 procedentes de distintas regiones de España, en el Campus de Excelencia, celebrado en la isla canaria de Fuerteventura, y que en esta tercera edición ha estado dedicado a África.

La finalidad no es otra que poner en contacto a los jóvenes talentos con el más alto nivel de la ciencia y de la investigación mundial. Durante siete días, los cerebros más brillantes de dos generaciones, los que son y los que van a ser, intercambiaron conocimiento y vivencias. Líderes de hoy frente a los líderes del mañana. 'Se trata de que los estudiantes que están desarrollando sus tesis doctorales, proyectos de fin de carrera o tesinas de máster expongan durante 20 minutos sus ideas e iniciativas a estas autoridades internacionales del conocimiento, de la ciencia, economía, medicina y de la cultura, de los que van a recibir información, sugerencias y posibilidades de mejora', señala el director del Campus, José Ramón Calvo.

Entusiasmada después de haber compartido almuerzo con el premio Nobel de Química Johann Deisenhofer, se mostraba la estudiante mexicana Brenda Bravo, de 25 años, que en estos momentos está realizando un doctorado en Innovación Tecnológica en la Universidad Politécnica de Catalunya, una investigación sobre los desastres y catástrofes y la vulnerabilidad de las personas. 'Para mí ha sido motivo de orgullo y de satisfacción cuando le he comentado mi proyecto y me ha recomendado que siguiera investigando porque iba por el buen camino. Jamás pude imaginarme que un premio Nobel me ha iba a hacer un comentario sobre mi trabajo', afirma Bravo.

Las opiniones de estos sabios no caen en saco roto. Los estudiantes toman buena nota de todas las sugerencias que reciben. El año pasado, recuerda José Ramón Calvo, una alumna brasileña recibió una serie de observaciones sobre su investigación por parte de un Nobel, que consideró que la joven no iba bien encaminada en su trabajo. 'La alumna nos ha mandado un mensaje por correo electrónico agradeciéndonos la oportunidad que le ofrecimos porque, según ella, el Campus le había cambiado la vida. Le permitió entrar en contacto con una autoridad en la materia que ella estaba investigando, y que la estaba aconsejando sobre el mejor camino a seguir en su investigación', afirma Calvo.

Porque un investigador, así lo creen los Nobel, no debe tenerle miedo al error, ha de estar dispuestos a empezar de cero siempre que haga falta. Fue lo que hizo la alumna brasileña.

El espíritu de colaboración y de trabajo en equipo es algo que valoran por encima de todo. No les gustan las estrellas. Y si por algo llaman la atención es por su humildad y sencillez. Lo que más sorprendía era verlos pasear por el Campus y compartir conversación y café con todo aquel que quisiera preguntarles algo.

Almuerzo con los alumnos

Con esta pretensión acudió al campus de Excelencia Richard Pfeilstetter, de 26 años, licenciado en Trabajo Social por la Universidad de Múnich (Alemania) y en Antropología por la Universidad de Sevilla. En estos momentos está becado por la Fundación El Monte y de la Universidad de Sevilla y se encuentra realizando un trabajo de campo para una futura investigación sobre los emprendedores andaluces y los originarios de Mühldorf en el sur de Alemania. El análisis lo realizará manejando variables económicas, sociales y culturales. 'Pero venir a esta reunión me permite, además de poder exponer mis ideas, establecer contactos y ver cómo funciona el mundo de las personas que han intentado tener impacto social. Me interesa todo este contexto y conocer los protocolos que se manejan en este tipo de relaciones', señala Pfeilstetter, uno de los alumnos más activos de estas jornadas. 'Intento hablar con todo el mundo que puedo y he encontrado sobre todo a gente muy sencilla', matiza. Pfeilstetter ha aprendido una lección esta semana: 'A saber cómo debo presentarme en un entorno de personas que te parecen superiores, pero que luego son muy cercanas, pero sobre todo a comunicarme con las personas, a pesar de no hablar el mismo idioma'.

Para Brenda Bravo lo mejor ha sido conocer otras culturas, sobre todo la africana, 'tomar contacto con la realidad de este continente a través de personas que viven allí, y que te despierta la conciencia para colaborar con estos países en vías de desarrollo'. En este sentido, hubo algunas conferencias que despertaron los sentimientos de los presentes. Por ejemplo, la que impartió Richard Roberts sobre el caso de las cinco enfermeras y el médico palestino condenadas a muerte en Libia por haber inoculado el virus del sida, de forma deliberada, a 400 niños libios en un hospital de Bengasi en los años 90. La sentencia la calificó de 'barbaridad' porque hay que conocer las condiciones sanitarias que se vive en el país. Otro tema que despertó gran interés fue la historia del árbol conocido como moringa, del que se come todo, es rico en proteínas, vitaminas y calcio, y crece en los lugares donde la nutrición es pésima.

'En este Campus hay mucho de lo que aprender', señala Carlos Navarro, nacido en Gran Canaria hace 26 años, autor de un proyecto de investigación y desarrollo de turismo global centrado en los países en vías de desarrollo. 'La experiencia vivida aquí es de lo más enriquecedora porque convives con premios Nobel, pero también con compañeros de todo el mundo'. Como recomendación a su investigación, los expertos le animaron a continuar con su iniciativa. De emocionante calificó su encuentro con los sabios Rocío Bartolomé, zamorana de 26 años, estudiante de un doctorado en la Universidad de Salamanca sobre la promoción de lenguas nativas en la educación en África. 'Lo que más me gusta de los Nobel es lo sencillos que son. En el almuerzo nos explicaba Deisenhofer cómo en la entrega del Nobel había estrechado la mano a los reyes de Suecia. Son muy humildes'.

l El caché de un premio Nobel está entre los 50.000 y los 100.000 dólares por conferencia. Sin embargo al Campus de Excelencia acuden sin recibir remuneración dineraria a cambio. 'Nadie viene por dinero. No podríamos pagarles y ellos han renunciado, por vivir esta experiencia con los jóvenes, a cobrar dinero', asegura el responsable de esta iniciativa José Ramón Calvo. Lo que reciben a cambio, es un billete de avión en primera clase, la estancia en el hotel de lujo Bahía Real para ellos y sus acompañantes y una cantidad de dinero de bolsillo para sus gastos durante la semana que pasan en Fuerteventura.

La filantropía de un empresario

Organizar un evento como Campus de Excelencia no es fácil. Según su director, José Ramón Calvo, la idea comenzó a fraguarla hace una década, pero no pudo ponerla en marcha hasta hace tres años debido sobre todo a la falta de financiación. 'La parte económica fue la más difícil', recuerda. Hasta que encontró en su camino al empresario hotelero de origen catalán, pero afincado desde hace casi tres décadas en Fuerteventura, Carlos Cebriá, presidente del grupo Atlantis. Su aportación, según Calvo, es de 500.000 euros de los tres millones de presupuesto anual con los que cuenta esta iniciativa. 'Creo que es mi deber como empresario colaborar con la sociedad y aportar a tu granito de arena al desarrollo', señala Cebriá, orgulloso de propiciar el encuentro entre 'gente joven y brillante, con ideas innovadores, con personas en la cima de su vida profesional y personal'. Otro motivo por el que no duda en ser el anfitrión de todos los asistentes es porque está 'implicado en la defensa de un modelo socioeconómico para la isla'. Lo que si recomienda a todos los empresarios es que, además de toda la obra social que se hace en las empresas, se involucren a título individual en proyectos en los que crean firmemente. 'Son los que más satisfacciones personales te dan, porque no todos los días tienes la oportunidad de cenar con un premio Nobel'.

Campus de Excelencia está organizado por la Fundación Vitalia y promovido por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y la Universidad de La Laguna, con la colaboración del Gobierno de Canarias y con el patrocinio de diversas entidades públicas y privadas, entre ellas Bancaja.