Lealtad, 1

¿Cuál es el mercado emergente ahora?

Los inicios de trimestre ofrecen una buena excusa para hacer balance del pasado y pensar en las perspectivas de futuro. Son un momento tan bueno y tan malo como cualquier otro pero, parece, es ahora cuando toca hacerlo. Si se reflexiona sobre los focos de inestabilidad que han elevado la volatilidad de la Bolsa en los últimos meses, llama la atención que los mercados emergentes hayan desaparecido de la agenda.

Llama la atención, por ejemplo, que las turbulencias en los bonos se hayan trasladado de forma limitada a estos mercados. Habitualmente las perspectivas de subidas de tipos de interés dañan más a los activos emergentes en la medida en que, si los activos seguros son más rentables, la disposición a asumir riesgo desciende. Pero lo que falla es que el riesgo no se percibe en los mercados emergentes, al menos no en la misma medida. Ahora las trampas están donde menos se las espera. El siguiente efecto tequila se barrunta en el mercado hipotecario de Estados Unidos o en los inmuebles españoles. En la recalentada Bolsa china. En el desequilibrio exterior estadounidense y las posibilidades de que los flujos de capital asiáticos se moderen. En mercados como Hungría, Nueva Zelanda o Islandia donde los inversores profesionales aprovechaban el diferencial de tipos. Pero nada de emergentes.

Porque estos mercados, en lugar de ser destinos de inversión de los países ricos, son los prestamistas del mundo globalizado. 600.000 millones de dólares en 2006, según los cálculos de Pimco. La fuga de capitales que provocó terremotos financieros años atrás se ha producido de antemano lo que, paradójicamente, protege a estos mercados. Los problemas derivados del exceso de inversión, que son a la postre los que acaban con los ciclos expansivos y generan crisis, se han producido en otras áreas. Eso no quiere decir que los emergentes sean un valor seguro, pero sí que a estos mercados no se les puede juzgar con la vara de medir de hace años.