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Objetivo

Lisboa asume la presidencia de la UE con el reto de cerrar el nuevo Tratado

Portugal asumió ayer la presidencia semestral de la UE con el objetivo de cerrar definitivamente el nuevo Tratado del club. Inmigración, liberalización energética y reformas económicas serán las otras prioridades de Lisboa.

El Gobierno de José Sócrates recoge el testigo de manos de la canciller alemana Angela Merkel, que el paso sábado dejó cerrados los términos políticos en los que deberá basarse el nuevo Tratado de la UE. Lisboa comenzará el próximo 23 de julio la conferencia intergubernamental que debe dar la forma definitiva a un texto llamado a entrar en vigor en 2009.

La tarea, en teoría, debe ser meramente técnica. Pero no cabe descartar que durante las negociaciones de la letra pequeña se resquebraje alguno de los acuerdos alcanzados a altas horas de la madrugada después de dos días de tensión y acritud.

Ayer mismo, el primer ministro polaco, Jaroslaw Kaczynski, desató el pánico en las instancias comunitarias cuando sugirió que el debate sobre el sistema de voto podría reabrirse de nuevo. 'Espero que se trate sólo de un malentendido', se apresuró a declarar Sócrates.

Kaczynski matizó luego que sólo se trata de garantizar que los acuerdos alcanzados se plasman adecuadamente en el Tratado. Pero el escalofrío fue inevitable.

El carácter imprevisible de los Kaczynski no será la única variable que puede marcar la presidencia portuguesa. Lisboa también deberá estar muy atenta a lo que suceda en París. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, quiere dar la batalla sobre las negociaciones en marcha para el ingreso de Turquía en la UE y sobre el objetivo de conseguir el equilibrio fiscal en 2010.

El próximo 9 de julio Sarkozy quiere presentarse en la reunión de ministros de Economía de la zona Euro. La tentativa francesa de relajar la consolidación presupuestaria puede encajar mal con la presidencia de un país como Portugal que lleva años con un programa de austeridad para cumplir el Pacto de Estabilidad.

Lisboa tampoco ve con agrado la intención de Sarkozy de frenar las negociaciones con Ankara. 'Para nosotros es vital que Turquía entre en la Unión cuando respete los criterios de adhesión', subraya esta semana en Bruselas el ministro portugués de Asuntos europeos, Manuel Lobo Antunes.

Portugal, que en su presidencia del 2000 hizo un gran alarde de efectividad, prefiere centrarse en una agenda positiva. Sócrates quiere revitalizar la agenda de Lisboa pactada aquel año para modernizar la economía europea y dar un impulso a la liberalización e integración del mercado energético con las directivas que presentará la CE después del verano.

Lisboa también dará prioridad a la promoción de canales legales para la inmigración y a la concertación con los países de origen.

A Portugal le tocará, por último, comenzar a buscar un candidato para la dirección del FMI tras la anunciada dimisión de Rodrigo Rato. Un proceso susceptible de abrir luchas internas en el seno de la UE.

La antigua metrópoli tiende puentes hacia África

Fiel a su vocación de ultramar, Portugal convertirá a África en el principal objetivo internacional de su presidencia de la UE. Lisboa espera aprovechar su papel de antigua metrópoli en varios países subsaharianos para reforzar la influencia de la Unión Europea en un continente en el que EE UU y China han entrado a la búsqueda de materias primas y mercados.La relación comercial con el gigante asiático ya supone dos puntos porcentuales del crecimiento anual africano, cuya media es del 6%. En cambio, según la presidencia portuguesa, 'Europa y África tienen una historia reciente de oportunidades perdidas'. El primer ministro luso, José Sócrates, intentará paliar esa situación con una cumbre extraordinaria intercontinental de Jefes de Estado a finales de año.El problema de la inmigración será también una motivación para que Bruselas mire hacia el continente.

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