Lealtad, 1

División en el Banco de Inglaterra

Cinco a cuatro. Como en la tanda de penaltis que decide una final, la votación sobre el mantenimiento o no de los tipos de interés en la reunión del Banco de Inglaterra de este mes refleja una notable división en el seno de la autoridad monetaria. Los cuatro consejeros disidentes optaron por la subida de los tipos de interés en un cuarto de punto, hasta el 5,5%.

La decisión se enmarca en un proceso de perspectivas de dinero más caro a nivel global. Teóricamente, eso ha llevado abajo el precio de los bonos -arriba las rentabilidades- y hecho menos atractiva la inversión en Bolsa. El argumento, la verdad, suena un tanto endeble. Y aunque es muy cierto que el mercado exagera y ve hoy negro lo que ayer era blanco nuclear -quizá sea esta la única verdad de la Bolsa-, hay tras el movimiento al alza de la deuda un cambio de más calado. Porque no es la primera vez que sucede. Ya en 2005 Alan Greenspan hablaba de un enigma o misterio -conundrum- en el mercado de renta fija. Aquel fue el primer episodio de fuertes caídas y alta volatilidad de este ciclo alcista. Y, curiosamente, dos años después cuando arrecia la tormenta viene del mismo sitio.

Así, en las disquisiciones del Banco de Inglaterra habrá tenido que ver la inflación, pero también el dichoso conundrum de Greenspan. Porque la globalización -esa palabra que vale para todo- ha permitido sujetar el edificio de las finanzas internacionales y ha roto algunas de las normas previamente establecidas. Pero ahora que el foco del crecimiento se ha trasladado a Asia se prevé que allí el dinero sea más barato y el crecimiento no proceda sólo de exportaciones. Lo que amenaza con poner fin al carry trade y a la inversión en deuda del superávit comercial asiático.

No es mala noticia, en todo caso, que los problemas de la Bolsa vengan por el lado de un crecimiento mundial más equilibrado. Pero habrá que acostumbrarse a un nuevo escenario, y a las tensiones que cualquier cambio implica.