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El primer submarino era de madera

La Oficina de Patentes repasa en una exposición los inventos españoles

Una barca sumergible hecha de madera, los bocetos del autogiro de Juan de la Cierva y un aparato para extraer oro de la arena por ventilación son algunos ejemplos de los esfuerzos creadores de los últimos 400 años en España. Muchos de ellos quedaron registrados oficialmente, y la Oficina de Patentes y Marcas ha decidido repasar su historia en una exposición que estará abierta hasta el 6 de julio en su sede, en Madrid.

Siete paneles recorren en paralelo la historia de los registros oficiales y la de los inventores más destacados de cada época. La Junta de Comercio y Moneda, nacida en 1679, fue el primer intento de centralizar las concesiones administrativas de patentes. El primer inventor de la serie es anterior a esa época; se trata de Jerónimo de Ayanz y Beaumont (1553-1613), militar y político español y pionero de la máquina de vapor.

Por encargo de Felipe III creó 48 inventos para resolver los problemas de las minas americanas, además de prototipos de submarinos y equipos de buceo, cuyos diseños aparecen en el panel de la muestra.

Durante los reinados de Carlos III y Carlos IV, en las últimas décadas del siglo XVIII, empezaron a surgir instituciones científicas, técnicas y económicas, que influyeron en la creación del Real Gabinete de Máquinas del Buen Retiro, que recogía catálogos y modelos de las principales máquinas del momento. Uno de sus directores fue Agustín de Betancourt y Molina (1758-1824), que participó en el desarrollo de la máquina de vapor y del telégrafo óptico.

Al Real Gabinete le sustituyó en 1824, tras los avatares relacionados con la Guerra de la Independencia, el Real Conservatorio de Artes y Oficios, que además de registrar inventos tuvo funciones docentes. De aquella época queda la labor de científicos como Ramón de la Sagra (1798-1871), impulsor del anarquismo, y que equipó con las últimas tecnologías europeas la primera compañía azucarera española, que él promovió.

El Real Instituto Industrial tomó el relevo, fomentando a creadores como Cosme García Sáez, precursor de la navegación submarina, que después llevaría a su apogeo el militar Isaac Peral (1851-1895), creador del submarino moderno. Imágenes de las pruebas de inmersión y de la botadura están incluidas en el panel correspondiente.

Del siglo XX destacan el Talgo y el autogiro, diseñado por Juan de la Cierva (1895-1936). Tras varios intentos frustrados, en 1923 consiguió que su prototipo aguantara en el aire. Ya en Inglaterra, siguió desarrollando su invento, que sobrevoló el Canal de la Mancha. Irónicamente, murió en un accidente de avión convencional. Nunca vería el eclipse del autogiro debido a la irrupción del helicóptero.

El tren ligero que soñaban Goicoechea y Oriol

Los trenes con vagones sin remaches ni tornillos, sólo con soldaduras eléctricas, y con bajo centro de gravedad para evitar descarrilamientos, son una de las mayores aportaciones de los inventores españoles a la tecnología.

El Talgo, diseñado por Alejandro Goicoechea con el apoyo financiero de José Luis Oriol, tiene un apartado destacado en la exposición de la Oficina de Patentes y Marcas. Su desarrollo inicial abarcó desde 1926 hasta 1942, y tuvo que superar las vicisitudes de la Guerra Civil. Su legado alcanza a los actuales trenes de alta velocidad.