Lealtad, 1

Argumentos para aplazar una inversión

Los planes de pensiones han sido hasta hace bien poco uno de los instrumentos de ahorro más mimados en términos fiscales. La posibilidad que tiene el ahorrador de cambiar de un producto a otro sin tributar por ello, y los incentivos fiscales que tienen las aportaciones los hace vehículos de inversión atractivos, con la única pega (que no es nimia) de que son instrumentos ilíquidos que no se pueden reembolsar salvo en caso de algunos supuestos como la jubilación o la invalidez.

Los planes de pensiones son los vehículos de inversión con vocación a más largo plazo. Y eso es un incentivo, porque además de fomentar el ahorro para la jubilación, como complemento a la pensión pública, se supone que deberían ser muy rentables pasado el tiempo.

Un estudio reciente elaborado por el profesor del IESE Pablo Fernández concluye que en los últimos cinco años seis de cada 10 planes ha rentado por debajo de la inflación o, lo que es lo mismo: nada.

Fernández lo atribuye a varios factores, como el marcado perfil conservador del ahorrador español, que hace que muchas carteras estén invertidas en renta fija. Pero también lo atribuye a la escasa eficiencia y a las elevadas comisiones de los fondos.

Es patente el esfuerzo que se está haciendo desde la Administración y desde el sector financiero por fomentar el ahorro a través de los planes de pensiones para hacer frente a un futuro que se pinta entre gris y negro para las pensiones públicas.

Y así como es exigible a la Administración que evite la incertidumbre en materia legislativa de previsión social, también lo es a las gestoras que contribuyan a elevar el atractivo de los productos mejorando sus rendimientos. La incertidumbre es el mejor argumento para aplazar una decisión de inversión. Pero más aún lo es la falta de eficiencia, los costes elevados y los pobres resultados. Sobre todo cuando el vehículo es, recordémoslo, totalmente ilíquido.