COLUMNA

Ni fuego, ni alto, ni ETA

El último comunicado de ETA es un flagrante ejercicio de antiperiodismo. Veamos que se trata de un texto de 33 líneas, donde para acceder a la noticia hay que llegar a la línea 32. Sólo allí indica que 'ha decidido suspender el alto el fuego indefinido y actuar en todos los frentes en defensa de Euskal Herria a partir de las 00.00 horas del 6 de junio'.

Nada que ver con el comunicado del 22 de marzo de 2006 que, conforme mandan los cánones del género comunicado, daba la noticia en la primera línea. La frase decía que 'ETA, organización socialista revolucionaria vasca de liberación nacional, ha decidido declarar un alto el fuego permanente a partir de las 00.00 horas del 24 de marzo'. Es decir, que se componía de sujeto (ETA), verbo (ha decidido declarar) y predicado (un alto el fuego).

ETA tiene una gramática del asesinato -personalizado o masivo, con tiro en la nuca, bomba lapa o explosivo accionado a distancia- y de la extorsión económica, la coacción vecinal o las marchas intimidatorias. Pero, además de escribir con sangre ajena, también lo hace con tinta propia. De ahí el interés de poner en contraste el léxico y los modos gramaticales de los dos comunicados de apertura y cierre por si los cambios registrados en ambos planos -léxico y gramatical- pudieran ser reveladores de la evolución que ha experimentado la cúpula de la organización terrorista en los 13 meses y medio que van desde la declaración donde se anunciaba del 'alto el fuego indefinido' hasta la de ayer que daba cuenta de la suspensión.

El comunicado de marzo de 2006 señalaba como objetivo del alto el fuego impulsar un proceso democrático en Euskal Herria para construir un nuevo marco en el que le fueran reconocidos los derechos como pueblo, asegurar la posibilidad de desarrollo de todas las opciones políticas y que al final los ciudadanos vascos tuvieran la palabra y la decisión sobre su futuro. Enseguida se reclamaba a los Estados español y francés el reconocimiento de lo que en su día resultara de dicho proceso democrático, sin ningún tipo de limitaciones. También hacían un llamamiento a las autoridades de Francia y España para que aflojaran la presión como contrapartida al alto el fuego. Al final, se incluían los gritos de rigor sobre la izquierda aberzale con el ruego de que se implicara en el proceso.

La suspensión del alto el fuego se hace ahora mediante otro comunicado para el que se han preferido unos términos que suman convicciones voluntaristas, ardores guerreros, primariedades patológicas y maximalismos ilimitados. Desde el primer párrafo el texto que comentamos traza el camino hacia un Estado independiente, pretensión explícita que estaba ausente en el comunicado antes referido de 13 meses y medio atrás.

Aquellas expresiones bucólicas sobre apertura a todas las opciones y al voto de los ciudadanos se han sustituido por otras con el señalamiento de metas indeclinables que han fijado quienes siguen con las armas en la mano y dispuestos a accionarlas de nuevo. Es como si la pólvora convirtiera a los polvoristas en líderes investidos de la autoridad que no prestan los votos para decirnos a todos lo que nos conviene.

Así que el final, nos dicen, será un Estado independiente que se llamará Euskal Herria. En la mejor tradición de los paranoicos, se declaran adversarios del carnaval, proclaman la desaparición de los disfraces, proceso que les permite mostrar a Zapatero convertido al fascismo, y resaltan que a los dirigentes del PNV se les ha caído la careta (ellos que la usan sin reparo para todas sus hazañas y comparecencias), que andan insultando, que se mueven por la sed de dinero y que han elegido la traición.

Ya no tienen nada que decir de Francia, ni del Estado francés. Vuelta al ruedo ibérico. Ninguna objeción al Partido Popular que tanto se ha desvivido por impulsar el malogrado proceso, ni a quienes le han seguido o le han azuzado en esa dirección.

Quedan dos factores comunes en los textos que venimos comentando. El gusto por el lenguaje militar más rimbombante que cultivan bajo la denominación de 'alto el fuego', muy desproporcionada para ocasiones como éstas donde lo que se proclama o se suspende es otra cosa. El honor de las armas, que decía Clausewitz, es incompatible con la vileza del recurso al terrorismo. Luego está la afición a fijar las horas a la usanza ferroviaria. Lo de las 00.00 horas les priva a estos indeseables. Que se vean repudiados para que se cumpla que 'ni alto, ni fuego, ni ETA'.

Miguel Ángel Aguilar, Periodista