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Villas históricas del lago Como

Aristócratas, escritores y artistas las habitaron desde el siglo XVI. Algunas se han reconvertido en hoteles y museos

Hay un ombligo mágico donde confluyen las formas oblongas de los lagos de Como y Lecco, formando el que llaman Triángulo Lariano. Abajo, a ras de las aguas glaucas y profundas, crecen laureles y limoneros de talante mediterráneo; en cambio, lo que la vista abarca, arriba y a lo lejos, son picachos alpinos, donde las nubes deshilachadas se enredan con la nieve; las cimas que pintaba Alessandro Manzoni en su novela capital Los novios.

El pueblo de Bellagio, en el vértice mismo que divide a los dos lagos, viene a ser el Saint Tropez de esta riviera lacustre (está reproducido en Las Vegas). Allí se alojó Liszt en 1837, mientras componía su fantasía tras una lectura de Dante, y allí nació su hija Cósima (futura esposa de Wagner). El poeta y creador del futurismo, Marinetti, murió en otra casa cercana, en 1944. Bellagio es un burgo antiguo, conserva parte de sus defensas y una iglesia románica dedicada a Santiago. Bajo los soportales de Piazza Mazzini o por las escalinatas empedradas orilladas de tiendas exquisitas, los turistas recién desembarcados buscan rostros conocidos del cine o la crónica mundana, como el del actor George Clooney, cuya mansión, Villa Oleandra, se halla en el pueblo de Laglio.

Mucho más tranquilo y romántico es el pueblo gemelo de Pescallo, a solo unos minutos de paseo. Todo queda cerca, en realidad. A pocos pasos del embarcadero de Bellagio se encuentra Villa Melzi, que debe su nombre al conde que Napoleón puso al frente de la República Cisalpina (Italia); hay un pequeño museo y unos jardines fabulosos, donde están enterrados el conde y su familia.

Justo enfrente, en la orilla opuesta del lago, Villa Carlota es otro de los lugares más visitados. La villa, en el pueblo de Tremezzo, se remonta al siglo XVI y posee los más frondosos y opulentos jardines del lago, con centenares de especies de azaleas, rododendros y plantas exóticas. En 1843, una princesa austríaca compró la propiedad para su hija Carlota, como regalo por su boda con el heredero de los Sajonia-Meiningen. En el interior de la vivienda se conservan estatuas originales de Canova o Thorsvalden, frescos, cuadros y muebles neoclásicos decorando las estancias.

Pero la más evocadora es sin duda la vecina Villa Balbianello (en Lenno), en un promontorio que se adentra en el lago, con jardines tallados que ruedan hacia el embarcadero, apenas anclados a la pendiente por balaustres, estatuas y cipreses. La villa fue erigida por el cardenal Durini en el siglo XVIII y luego la habitó el explorador Guido Monzino; allí preparó sus expediciones al Polo Norte (1971) y al Everest (1973), dejando una valiosa colección de mapas, libros y objetos de arte exóticos. Es tal vez la imagen más repetida en carteles y postales del lago de Como, donde el último James Bond (Casino Royal) añadía sus dotes de seducción al fulgor irresistible de la propia naturaleza.

Guía para el viajero

Cómo ir. Easy Jet tiene dos vuelos diarios desde Madrid a Milán (Malpensa), desde 30,99 euros (reservas: www.easyjet.com). En el aeropuerto de Milán se puede tomar un autobús que llega a Como y allí un aliscafo (hidroala) hasta Bellagio. El precio combinado de ambos trayectos es de 18 euros; si se opta por ir en limusina desde el aeropuerto al hotel Bellagio, el precio asciende a 160 euros.

Villa Serbelloni y la cocina molecular italiana

A mediados del siglo XIX la familia Fizzoni construyó en la orilla de Bellagio una villa suntuosa; en 1872 aquello se convirtió en el Grand Hotel Villa Serbelloni. Un lujo de película, con frescos pompeyanos, mármoles y vistas impagables, y un servicio a la antigua que dobla en número a los clientes. El hotel cuenta con dos restaurantes, dirigidos por el chef Ettore Bocchia. æpermil;ste descubrió un buen día que era vecino, en Parma, del profesor de física Davide Cassi, y juntos empezaron a trabajar en lo que dieron en llamar cocina molecular, expuesta (con sus recetas) en un libro que ha sido traducido en España con el título La ciencia en los fogones de la cocina molecular italiana (Ediciones Trea, 2005). Una aportación original, imaginativa y rigurosa al afán de ligereza y autenticidad de la cocina actual.

El Grand Hotel Villa Serbelloni está abierto de marzo a noviembre, +39 031 950216, www.villaserbelloni.com, y sus tarifas oscilan entre 225 y 980 euros.