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Los desafíos de los estudios de arquitectura

El boom de la construcción y la competencia lastran la capacidad de los profesionales para proyectar obras de calidad

Los desafíos de los estudios de arquitectura
Los desafíos de los estudios de arquitectura

Cuántos filetones de buey puede comerse un hombre al día? La pregunta no es una ocurrencia del arquitecto Alberto Campo Baeza, un artista al que le divierte ser mordaz. Se trata en realidad de una reflexión en voz alta del autor de la Casa De Blas sobre el futuro de la profesión y sus hacedores. Un apunte al hilo de ese boom del ladrillo que inunda España ¿Cuántos edificios puede levantar un arquitecto en un año para cumplir con los principios sociales y artísticos que aprendió en la Escuela?

Hay dos categorías de arquitectos en España. Los resistentes y los que han sucumbido al encanto del ladrillo. Alberto Campo Baeza dice orgulloso que él pertenece al primer grupo y que no está sólo. Y habla de esos compañeros a los que tanto admira y que, como él, siguen vinculados a la Universidad: Moneo, Navarro, Tuñón y Mansilla, Jesús Aparicio, Juan Carlos Sancho... 'Todos ellos y algunos más -asegura- se niegan a considerar la arquitectura un simple objeto de consumo. No pasa nada por comprar unos zapatos de moda, pero poner en pie un proyecto es otra cosa, y está muy lejos en sus principios y sus objetivos de esos PAUS horrorosos que nos rodean'. En opinión de Carlos Lamela la calidad arquitectónica del país no se corresponde ni con su nivel económico ni con su nivel intelectual. 'La arquitectura se está vendiendo por kilos, como la fruta. Apenas queda tiempo para pensar los edificios'.

'Una cosa es la arquitectura y otra la construcción', recuerda Emilio Tuñón, codirector del estudio Mansilla+Tuñón. 'La arquitectura tiene una dimensión pública que obliga a respetar a la colectividad. La construcción se está cargando España. Muchos planes de urbanismo son una barbaridad', insiste. En la misma línea se expresa la profesora Blanca Lleó: 'Cuando uno hace un edificio debe recordar que está haciendo ciudad y que la ciudad debe ser mejor con ese edificio que sin él'.

La competencia profesional también está haciendo estragos. La voz autorizada de Ricardo Aroca, decano del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, explica lo que ha pasado en los últimos años: 'Hace cuatro décadas sólo ejercían la profesión en España 2.000 arquitectos, hoy están colegiados 40.000. La competencia es feroz y un poco cainita'. Según Carlos Expósito, codirector de la empresa Alia, Arquitectura, Energía y Medio Ambiente, 'se regala mucho trabajo. Y no siempre son los más jóvenes los que lo hacen. Y además se cobra igual por un proyecto malo que por uno bueno'. En el mismo sentido se expresa Aroca: 'El arquitecto muchas veces se olvida del lado del que debe estar, que siempre es el del ciudadano'.

Para Carlos Lamela, que 'bajen los precios de la arquitectura es muy perjudicial, porque afecta a la calidad final del producto'. El autor de la Terminal 4 de Barajas enumera como problemas profesionales la masificación, el exceso de competencia y la orfandad que muchos sienten ante el silencio de los colegios. 'Hoy somos más vulnerables que hace una década', se queja. Emilio Tuñón, sin embargo, no observa la realidad con tanto pesimismo y Blanca Lleó nos dirá: '¿Competencia? La de siempre'.

'El mercado de trabajo está contaminado por los concursos', dice Carlos Expósito. 'Sobre todo, por los concursos restringidos, los preferidos de los políticos. Buscan sólo un puñado de nombres para dar notoriedad al proyecto y dejan fuera a los jóvenes profesionales', apunta Emilio Tuñón. A los jóvenes y a los que no lo son. 'Muy, muy pocos se acuerdan de que hay profesionales rozando el medio siglo que tienen verdaderas dificultades para trabajar en medio de tanta estrella, tanto espectáculo y tanta propaganda', advierte Teresa Arenilla.

La acumulación de proyectos municipales en manos extranjeras se ve mayoritariamente como un mal menor, pero la reflexión de Emilio Tuñón es toda una declaración de principios. 'La buena arquitectura debería hacerse con los arquitectos de la tierra, como el buen vino', explica. Ricardo Aroca se reiría del artisteo que le rodea si no fuera por las consecuencias que está teniendo en la formación de los más jóvenes. 'Estamos proyectando una imagen falsa de lo que deben ser nuestros intereses e intentando formar genios, cuando la genialidad no se enseña, se da. Nuestro deber es inculcar ortografía y sintaxis, porque en esta profesión la ortografía debe ser impecable'.

Nombres propios

Blanca LLeó. Tiene 48 años y es profesora de Proyectos en la Escuela de Arquitectura de Madrid. Formada con Sainz de Oiza, que dirigió su tesis cum laude La casa, el sueño de habitar, antes de construir el Mirador de Sanchinarro levantó una cárcel y un faro.

Equipo Fam. Son cinco y no paran de trabajar. Miguel Jaenicke, Mauro Gil-Fournier, Raquel Buj, Pedro Colón de Carvajal y Esaú Acosta. Dentro de muy poco se inaugurará uno de sus proyectos más emblemáticos, el Monumento Homenaje a las Víctimas del 11 M, que se levanta en Atocha (Madrid). Para el Equipo Fam es importante 'dar cada vez más responsabilidad a los jóvenes arquitectos. Hoy en día la profesión está dominada por el mito del arquitecto con experiencia y este negocio debería tener un componente experimental que haga romper con viejos prejuicios', dicen. ¿El relevo?

Alberto Campo Baeza. Gaditano de Valladolid, la obra de Campo Baeza está marcada por la reflexión y por la luz. Su mejores obras son viviendas, como las casas Turégano, García Marcos y De Blas, en Madrid. Hoy construye en Gredos, Treviso, Granada y Nueva York.

Ricardo Aroca. Dirigió la Escuela de Arquitectura de Madrid y hoy gobierna su Colegio. Empeñado en dignificar la profesión, ha emprendido una cruzada contra los municipales honoríficos, que trabajan gratis a cambio de controlar y ejecutar las obras de un municipio.

Carlos Lamela. Es el hijo de Antonio Lamela, uno de los maestros. Hoy, dirige el estudio de la familia, de donde han salido proyectos como la Terminal 4 de Barajas, y da la bienvenida a los procesos de fusión que 'están por llegar'. Lidera un equipo en el que hay arquitectos, ingenieros , informáticos y biólogos.

Carlos Expósito. Codirige la empresa ALIA, volcada en proyectos de alta eficiencia energética y bajo impacto ambiental. æpermil;l y sus socios prefieren 'ganar adeptos' que rodearse sólo de clientes bioclimáticos. Construyó el edificio Trasluz y sueña con planificar una ciudad.

Teresa Arenillas. Tuvo estudio propio, pero los reveses de la profesión la obligaron a trabajar bajo el paraguas de la empresa Ingeniería 75, propiedad de su hermano. Activista del madrileño Club de Debates Urbanos, ha planeado junto a Luis Miquel la Ecocity de Tudela.

Mansilla+Tuñón. Son pareja y no sólo de futbolín. Luis Mansilla, con gafas, y Emilio Tuñón forman equipo desde 1992 y coordinan el trabajo de 12 profesionales. Son defensores a ultranza de los vacíos. 'La buena arquitectura tiene más que ver con los vacíos que con los llenos', dice Tuñón, y de las ciudades rehabilitadas 'con grandes árboles y aceras'. Profesores de la Escuela de Arquitectura de Madrid, construirán el Museo de la Automoción para albergar la colección Barreiros.

Solidez, utilidad y belleza

A Alberto Campo Baeza le gusta mirar a la Historia cuando habla de arquitectura. Y en la Historia encuentra los atributos que definen un buen edificio: solidez, utilidad y belleza (Vitrubio dixit). 'Estos mimbres están al alcance de cualquier arquitecto, todo profesional, si lo desea, puede construir un edificio que perdure', advierte el constructor de Casa Turégano, defensor a ultranza de la obra 'barata y pensada para vivirla'.

La funcionalidad forma parte del abecé de los buenos arquitectos. Todos quieren que a sus obras se les reconozca por los detalles funcionales y 'que los problemas que surjan, si es que surgen, puedan arreglarse con facilidad', apunta Teresa Arenillas, una enamorada de los racionalistas.

'Y que produzcan sensaciones', defiende Emilio Tuñón, devoto de la obra de Le Corbusier y profundo admirador de la honestidad de Moneo y Navarro.

Carlos Lamela, que desde hace tiempo sueña con levantar un rascacielo y la próxima semana inaugura el Centro Alzheimer de la Fundación Reina Sofía, pone el énfasis en la fachada y en los elementos comunes del edificio. 'A todos les pido lo mismo: buena orientación, confort y luminosidad', dice Ricardo Aroca. 'Y rigor constructivo', apostilla Carlos Expósito, un profesional que intenta sacar adelante proyectos con el sello medioambiental.

Ideas, la materia prima de la construcción

Materia gris. Para Blanca Lleó esta es la pasta de la que debe estar hecho un buen arquitecto. Ahora y en el futuro. 'Necesitamos un gran conocimiento técnico porque esta industria es cada vez más compleja, pero también debemos poseer capacidad de anticipación para entender por dónde va el curso de la vida y cuáles son las expectativas de los ciudadanos'. Ricardo Aroca comparte opinión.

Para Lleó, el arquitecto debe ser un profesional culto y reflexivo. 'Deberíamos dedicar a pensar el 50% de nuestro tiempo', apunta la arquitecta.

Reflexivo, prudente y, sobre todo, paciente, en palabras de Alberto Campo Baeza. Lo explica Carlos Expósito: 'Hoy en día son demasiados los actores que intervienen en un proyecto y cada vez es más difícil conjugar todos los intereses. Necesitamos grandes dosis de paciencia', dice. 'Y no debe olvidarse que la negociación intelectual ocupa un lugar central en este negocio', recuerda Emilio Tuñón.

Además, en sólo dos décadas, el profesional liberal ha pasado de trabajar solo a liderar un equipo. 'Uno debe desenvolverse igual en el ámbito técnico que en el de las relaciones humanas', afirma Carlos Lamela, tras vaticinar que el éxito irá acompañado en el futuro de la hiperespecialización constructiva. 'Y dejar que en los proyectos entren la energía y las ideas de los demás', apostilla Lleó.