Secretos de despacho

Aire chic y moderno en Grey

Acaba de tomar las riendas de la agencia de publicidad Grey. La llegada de John A. Lynn a la presidencia de la compañía, donde ya dirigía la división europea de marketing relacional, ha supuesto una revolución. Este publicista, nacido en Birmingham (Reino Unido) hace 46 años, tiene estilo anglosajón, aunque su español está exento de cualquier acento extranjero, quiere darle un nuevo estilo a la agencia. Su objetivo es 'acercar la percepción del mercado a la realidad de Grey'. Y cuenta que la compañía ha sido hasta ahora poco dada a comunicar cualquier cambio e iniciativa puesta en marcha. 'Y la percepción que se puede dar es que nos hemos podido quedar estancados. Nuestra asignatura pendiente es ser más abiertos', afirma.

Lynn advierte que eso no significa que, a partir de ahora, vaya a ser más arriesgado, sino que quiere empezar a dar a conocer todas las iniciativas y proyectos que tiene en marcha. Para empezar, comenta que se siente orgulloso de una de las últimas campañas que Grey está realizando, la del Ayuntamiento de Madrid, encargada con el fin de promocionar todas las obras acometidas por el alcalde, Alberto Ruiz Gallardón. 'Si damos a conocer nuestro trabajo es lo que dará una imagen fiel de lo que realmente hacemos'. En este sentido, añade que el mercado no percibe que Grey tenga otras capacidades que las puramente publicitarias, como por ejemplo en marketing indirecto o como agencia digital. 'Hemos fortalecido nuestras carencias, de manera que ahora somos un grupo equilibrado. La mitad de nuestros ingresos provienen de la publicidad y el resto, derivados del marketing'. El deseo de Lynn es además: 'ser la agencia internacional más nacional y viceversa'.

Este ejecutivo no se conforma con poco. Se le nota seguro de sí mismo, mira a los ojos, y parece tener las ideas claras. Habla muy deprisa, desgrana sus ideas a un ritmo que a veces cuesta seguir, y sonríe, siempre sonríe. Sabe que para poder desarrollar plenamente su trabajo necesita estar informado, por eso le gusta tener una relación fluida con sus colaboradores y con su entorno. 'Tenemos que estar pendientes de todas las tendencias, necesito disponer de horas para comportarme como un consumidor, porque es la única manera de entenderle'.

John A. Lynn tiene despacho en Madrid, donde vive su familia, y en Barcelona, y reparte su jornada laboral entre estas dos ciudades. Asegura que con el nuevo cargo ha mejorado su vida laboral, ya que antes tenía que repartirse entre varias ciudades europeas. Comienza temprano, sobre las 7.30 horas, 'trabajo mejor por las mañanas, algo muy anglosajón, que por las tardes. Doce horas más tarde da por concluida la jornada, y es el momento de estar con su familia, ir al gimnasio, realizar compras por Amazon, ir al supermercado o actualizar su blog en MySpace. 'Tengo que estar constantemente haciendo cosas. Cuando contratamos a ejecutivos jóvenes les decimos que lean, que vayan a galerías de arte. Siempre me ha dado miedo el síndrome de la pecera, que nos quedemos aislados de la realidad'.

æpermil;l, por si acaso, mantiene siempre una norma: tener la puerta de su despacho abierta, de manera que si alguien necesita entrar a consultar algo pueda hacerlo libremente. 'Quiero que la gente se acostumbre, si la puerta está abierta se puede entrar, y si está cerrada es que hay algo importante y no estoy disponible en ese momento'. Tiene claro que el despacho -ha decidido ocupar una antigua sala de reuniones- puede ser un elemento aislante, y no está dispuesto a que cuatro tabiques supongan una barrera de comunicación. 'Una agencia de publicidad es un negocio de personas y tiene que haber una relación fluida'. Su mesa de trabajo ya es un indicio de que el estilo de dirección de Lynn es moderno, ya que se trata de una mesa redonda de reuniones. Quiere tratar a todo el mundo de igual a igual. Todo un símbolo de creatividad e innovación.

Una mochila para cargar con la tecnología

Es un ejecutivo tecnológico. Necesita para trabajar un teléfono móvil, su blackberry y su ordenador portátil.

Todo ello lo guarda en una moderna mochila, detalle que da muestra de su carácter, alejado del formalismo del típico maletín y traje. Sabe desconectar. ¢El truco de la tecnología es saber utilizarla. No estoy siempre en contacto con mi trabajo. Hay que saber desconectar, y yo a las ocho de la noche no quiero que nadie controle mi vida¢.

John A. Lynn bromea cuando se refiere a sus múltiples aficiones: ¢Es preferible desarrollar todas la excentricidades cuando se es joven porque si lo haces de mayor pueden tacharte de loco¢. Le gusta la música, el golf, al que le gustaría dedicarse cuando se jubile, los coches antiguos, la familia, esquiar y leer dos libros a la vez. Es un fan de Ernest Hemingway, y como herencia de cuando estudiaba Literatura Latinoamericana es un estudioso de las obras de Borges y de Julio Cortázar. Le encanta el jazz y, por supuesto, el cine. Su género preferido es el western, que asegura que es un eco del teatro griego clásico.

Aunque si tiene que elegir una película, y de hecho recomienda verla al menos una vez al año, opta por Casablanca.¢Me gusta porque está relacionado con el jazz, y el guión lo sientes a cada momento porque se improvisó¢. Lo mismo que ocurre en publicidad.