Michael Dell vuelve a liderar su empresa para sacarla de una larga crisis

Michael Dell ha dado un paso ya ensayado por otros empresarios y visionarios en el mundo de los negocios. Charles Schwab volvió al banco que fundó después de dejarlo, Ted Waitt también retomó el timón de Gateway cuando esta empresa de informática comenzó su deriva y con mucho más éxito, Steve Jobs también regresó a Apple para llevar a la empresa a su actual estrellato. Ahora, a los 41 años Dell acaba de anunciar que vuelve a Dell, la empresa que fundó en 1984 y que ha pasado de ser el sinónimo de eficiencia a una compañía con serios problemas. Fue el miércoles cuando se anunció este regreso. A cierre de mercado, la empresa explicó que Kevin Rollins, su consejero delegado, dimitía y le sustituía el propio fundador.
Dell, hasta ahora presidente, se había alejado de la gestión y vuelve para quedarse. Y dice estar contento. En el comunicado oficial, agradece a Rollins que haya sido un 'gran socio y amigo que ha hecho significativas contribuciones en los últimos 10 años', pero también expresa su 'entusiasmo' por poner en marcha el plan Dell 2.0 que incluye una mejora del servicio al cliente.
Para Wall Street, la salida de Rollins era una cuestión de tiempo por mucho que Michael Dell le defendiera, porque el fabricante de ordenadores y servidores lleva varios trimestres mandando a los mercados señales sobre su crisis. Este ejecutivo empezó asesorando a Dell y compartió oficina con él antes de llegar a ser el consejero delegado. Se le considera un coarquitecto de una compañía que basó su éxito en el bajo coste de una producción a la carta y sin inventarios.
El problema es que Dell, que revolucionó el negocio en su momento, no ha sabido adaptarse a los últimos cambios que se han producido y le han alejado del liderato que tan fácilmente conquistó en la fabricación de hardware simple y efectivo: es decir, una commodity. Por contra sus competidores ha reaccionado rápidamente y las estrategias de bajar precios con las que ahogaba a Hewlett-Packard, Gateway o Toshiba entre otros, ya no funcionan.
Bajo la batuta de Rollins la empresa comenzó a ampliar su líneas de negocio con periféricos y servidores. El problema es que descuidó la parte del negocio quizá más pequeña, el PC, pero también la que más ha crecido estos años y donde, desde 2006, manda HP con una cuota de mercado mundial del 18%, tres puntos porcentuales por encima de Dell.
Uno de los problemas más llamativos y que más han enfatizado los analistas es que el servicio de atención al cliente empezó a flaquear y las quejas a crecer. Todo ello cuando además se produjo en EE UU un cambio de mentalidad sobre las ventas de estos aparatos en parte por la estrategia de su competidor más lejano, Apple.
Los consumidores han empezado a comprar ordenadores, especialmente portátiles en las tiendas y ya no buscan una simple caja gris sino estilo y diseño. El constante movimiento en las tiendas Apple dan una pista clara de esta tendencia que también se ve en los grandes centros comerciales multimarca.
Por otro lado, Dell perdió el mejor momento del fabricante de microprocesadores AMD y mantuvo su acuerdo con Intel hasta 2006, justo cuando esta empresa empezó a tomar ventaja con sus productos sobre la primera. Dell ha ido reaccionando, abriendo tiendas muestrario e invirtiendo en su abandonado servicio al cliente. La estrategia tiene que rodar aún más para ver cambios y la competencia es fuerte.
Para complicar más las cosas, Dell está bajo la lupa de las autoridades por su contabilidad y no ha presentado aún las cifras del segundo y tercer trimestre. El miércoles anunció que los resultados del cuarto trimestre estarían por debajo de las previsiones. Los analistas creen que es una buena noticia que Dell vuelva por que es un visionario que puede hacer que la empresa retome su magia aunque hay dudas porque el liderazgo de por donde van las cosas lo llevan sus competidores
Nuevo equipo
¦bull; Además del empuje que Michael Dell pueda dar a la empresa, en los últimos meses se ha atraído a ejecutivos de otros sectores, GM, HP, Amazon o Wells Fargo, con el objetivo de inyectar ideas nuevas en una compañía que las tuvo y las necesita de nuevo