Análisis

La inversión más rentable... y sin riesgo

La anécdota del magnate que al oír a su limpiabotas hablar de Bolsa decidió vender sus acciones es una referencia de manual para explicar cómo se desencadenó el crac de 1929. Historias como ésta tratan de mostrar que cuando a un mercado alcista se incorporan los ciudadanos de a pie es mejor salir corriendo. A estas alturas, sería absurdo pensar que las finanzas serán siempre reducto de ricos. La tecnología y el acceso a la información lo democratizan todo. Los mercados se ensanchan, ganan en eficiencia, liquidez y transparencia. La llegada de nuevos operadores, productos y maneras de países más desarrollados financieramente que el español propicia una competencia más intensa entre bancos, cajas y otros intermediarios que beneficiará a los clientes. Poco a poco, las demandas específicas de cada ahorrador se irán imponiendo sobre las ofertas estandarizadas de las redes bancarias.

Pero el estirón de la industria todavía no ha servido para romper del todo con los viejos estigmas del inversor español. Seducidos por las generosísimas plusvalías del boom inmobiliario y cómodos con la seguridad de los ladrillos, muchos españoles siguen renunciando a poner a trabajar su dinero en mercados más organizados y transparentes que el de la vivienda y con la compra del piso dan por cerrada la gestión de sus finanzas personales. Pierden con ello otras muchas posibilidades de sacar brillo a su ahorro. Los mercados todavía tienen ante sí el reto de atraer al minorista y hacerle llegar productos tradicionalmente reservados a las grandes fortunas y los particulares no pueden escudarse eternamente en la ignorancia financiera. Preocuparse por su dinero, informarse, aumentar sus conocimientos financieros son requisitos ineludibles, tanto para quien decide hipotecarse de por vida como para quien opera con futuros. Para vivir mejor, para que no le vendan lo que quieran, para que no le engañen... La industria madura. Las leyes, como la directiva MiFid que entrará en vigor este año, refuerzan la protección del ahorrador. Con la reforma del IRPF se iguala el tratamiento fiscal de los productos para que una engorrosa planificación fiscal no enturbie la toma de decisiones financieras. Los supervisores aumentan los controles para que las cosas funcionen sin que peligre el sistema ni el dinero de nadie. Ahora es el turno del ahorrador. Aproveche la información a su alcance. Lea: es la única inversión en la que en el binomio rentabilidad-riesgo sólo cuenta el primer término.