Lealtad, 1

Qué hacer con un billón de dólares

Hay varias películas de serie B de los años 80, de esas con las que las cadenas de televisión tienen la costumbre de aderezar los domingos por la tarde, cuya temática consistía en que el actor principal debía, por algún motivo generalmente relacionado con una herencia, gastar una cantidad indecorosa de dinero en un tiempo récord, lo que daba lugar a un buen número de situaciones disparatadas y supuestamente divertidas.

China ha amasado un billón de dólares ensamblando aparatos electrónicos, vendiendo tejidos y provocando dolores de cabeza en los fabricantes de juguetes de Levante. Los ingresos de las ingentes exportaciones chinas se quedan en reservas denominadas en dólares. Unas reservas que terminan volviendo a los países de origen, generalmente en forma de la compra de activos de renta fija.

Algo similar ocurre con el mercado del petróleo. Aunque en este caso la llegada masiva de dólares al Golfo Pérsico y otras zonas productoras no tiene que ver con un despegue industrial, sino con una subida del precio que cobran por extraer hidrocarburos del subsuelo. Y tienen ante sí el mismo reto que los chinos o que el protagonista de la película. Saber qué hacer con el dinero. La respuesta es, a grandes rasgos, la misma. Entra en el circuito de reciclaje de capitales, de vuelta a los mercados financieros occidentales, si bien en este caso se suele ir un poco más allá de la mera compra de deuda del Tesoro.

Son grandes inyecciones de liquidez para los mercados de valores. Para una Bolsa que sube y para una deuda pública, la estadounidense, que se puede permitir un mareante déficit presupuestario.

Queda la duda de qué pasará cuando este maná se vaya agotando. De hasta qué punto notarán los mercados un eventual enfriamiento en los actores que han estado aportando una cantidad de dinero extra durante los últimos años. Quizá, al fin y al cabo, sea el petróleo caro uno de los sostenes de la Bolsa.