Lealtad, 1

El parqué, como una balsa de aceite

Parecía que lo sucedido en los mercados a partir del mes de mayo, cuando cayeron a plomo en cuestión de días, había cambiado la dinámica bursátil. La caída, más que abultada, fue violenta, generada en apenas unos pocos días. Sin embargo, la Bolsa tardó poco en recuperarse. Tras varias semanas de dudas, enfiló el camino alcista a lo largo del verano para explotar en otoño.

Desde entonces el Ibex ha encadenado un rosario de máximos históricos. Pero, dejando aparte la euforia provocada en la Bolsa española por el culebrón eléctrico, las subidas han estado marcadas por la inestabilidad. El mercado ha vuelto a ser tan poco volátil como era antes de mayo, según los índices de volatilidad tanto del S&P 500 como del Euro Stoxx 50. En ambos casos la inestabilidad del mercado se encuentra en los mínimos de los últimos años. Una buena noticia, pues sabido es que el mejor escenario para el inversor es la rentabilidad sin riesgo, subidas sin sobresaltos.

Conviene recordar a este respecto que se trata de una ventaja efímera y, por lo tanto, relativa. Es una buena señal pero no existen garantías de que mañana cambien las tornas en contra del inversor. Sin embargo, con el paso de los meses el panorama, aunque más exigente, parece más sencillo de abarcar. Quizá eso explique la postura de los gestores de fondos en las últimas encuestas. Se muestran algo más pesimistas, y no terminan de ver claro qué elementos de la economía o de los resultados empresariales pueden ser capaces de sorprenderles positivamente. Incluso ven la renta variable algo sobrevalorada.

Pero el apetito por el riesgo sigue intacto, sólo elevan marginalmente los niveles de liquidez y, a juzgar por el comportamiento de los grandes índices, siguen comprando acciones. No a manos llenas, pero siguen comprando. Queda por ver si el tirón del mercado se sostiene hasta el cierre del ejercicio, y queda por ver cómo afrontan los inversores 2007 tras un 2006 excelente.