Lealtad, 1

Las fusiones que son y que serán

No es sólo que haya mucho dinero. Que los tipos de interés sean bajos y las perspectivas económicas más o menos claras. Que el capital riesgo haya desembarcado con armas y bagajes el mercado español. Que las compañías cotizadas dispongan de poca deuda y saludables flujos de caja. No es sólo eso. También es la sensación de urgencia. Por las dos partes, la de quien compra y la de quien vende.

Así, por un lado los compradores saben que el mercado está caliente, muy caliente, y piensan que lo que no hagan ahora, o bien no lo podrán hacer más tarde, o bien lo podrán hacer a un precio más algo. Y, por el otro lado, los que venden cuentan con esta misma información, y la utilizan para obtener un mejor precio.

'Si hay un interesado en la adquisición de una compañía, ésta le envía el cuaderno de venta. Pero se lo envía también a otros 10 interesados a ver quién está dispuesto a pagar más', comenta un experto del mercado. El procedimiento de apremio también funciona vía medios de comunicación. æscaron;ltimamente las empresas se cruzan públicamente su interés por unirse unas con otras como si de una gaceta local se tratase.

Al lector novel le sorprenderá, sin duda, tanto la promiscuidad de las fusiones y adquisiciones como la publicidad de los contactos. Pero, en realidad, no se trata sino del citado procedimiento de apremio. En cuanto algo es público ya nadie se puede quedar quieto, y la sensación de urgencia ya presente en el mercado se agudiza.

Cierto es, también, que la proliferación de operaciones anima la creatividad. Los rumores campan a sus anchas por la sencilla razón de que hoy es realidad lo que ayer era fantasía, luego las fantasías de hoy parecen un poco más verosímiles. Un buen ejemplo es el sector de la energía. En realidad, la manida reordenación está apenas en mantillas, y después de dos meses de vorágine ni el analista más avezado se atreve a hacer quinielas sobre la configuración final.