Pequeños gigantes

Namimarquina viste el suelo con arte e innovación

Creada hace 20 años en una antigua fábrica textil, está especializada en la edición de alfombras. Innova texturas y técnicas que favorecen diseños cálidos y confortables. Fabrica en India y Marruecos y exporta la mitad de su producción. Su creadora, Premio Nacional de Diseño 2005, preside la Asociación de Diseñadores Profesionales

Nani (Elena) Marquina soñaba de cría que sería diseñadora. Cuando en España el diseño estaba en mantillas, ella ya respiraba un ambiente familiar de creatividad e ingenio. 'Ser diseñador entonces tenía algo de mágico y misterioso, y eso me atraía', recuerda esta barcelonesa de cincuenta y pocos años. Su padre, Rafael Marquina, arquitecto y escultor, era de los pocos profesionales que, en aquella época, se dedicaban a ello reinterpretando objetos de uso cotidiano para convertirlos en productos innovadores y de éxito.

Nani Marquina estudió diseño industrial en la escuela Massana de Barcelona, a pesar de los consejos de su padre para que se dedicara a otra cosa. Lo que no podía imaginar Nani entonces es que sería empresaria y, mucho menos, que su nombre se convertiría en una marca de prestigio en el panorama internacional de la edición de alfombras y productos textiles para el hogar.

Su carrera profesional comenzó en el estudio de arquitectura Sellés-Marquina. En 1974, abrió Self-Decor, una tienda de interiorismo. Diez años después, ya diseñaba alfombras por encargo tras haber estado creando estampados para empresas textiles. Desde siempre, su concepción de la alfombra ha sido la de una obra de arte con la que hacer la vida más agradable. En 1994, su modelo Dama es seleccionado para los Premios Delta de Diseño Industrial, que otorga la Asociación de Diseño Industrial del Fomento de las Artes Decorativas (ADI-FAD) cada dos años.

Como las imitadas vinagreras antigoteo, diseñadas por su padre en 1961 y convertidas en referente del diseño español (se conocen como vinagreras Marquina), las alfombras firmadas por Nani empezaron a pedirse también por su nombre. Y así nació Nanimarquina, la marca especializada en diseño y edición de textiles con la que la diseñadora daría el salto empresarial.

Entonces el mercado de alfombras se limitaba a los diseños clásicos y su producción estaba totalmente mecanizada, lo que implicaba grandes tiradas y limitaba el diseño. 'Mis alfombras no son piezas por metros, son mucho más. Son un concepto, una idea, una forma de vender, de vivir, de mostrar... Yo tenía las ideas muy claras en cuanto a la filosofía de nuestra marca y la industria, de aquélla, no estaba preparada para el diseño que proponía ni para producir las alfombras de la manera que yo quería', recuerda la creadora.

Logró reinventar la alfombra y, con sus diseños basados en la estética de los años ochenta -dibujos geométricos y colores vivos-, revolucionar el mercado, abriendo para sus creaciones un nicho inexistente. 'En pleno boom del diseño, ser pioneros en alfombras contemporáneas era muy motivador. Durante muchos años fuimos los primeros y los únicos. Eso fue muy positivo para la empresa', asegura.

Bajo el paraguas del concepto 'alfombra de autor', acuñado con éxito por las creaciones de Nani Marquina y la colaboración de otros creadores de prestigio como Mariscal, Peret o Eduard Samsó, la compañía inició la internacionalización. Sus alfombras participaron en grandes exposiciones de arte y diseño celebradas en Berlín, Moscú, Nueva York o Viena. Gracias a ello, en 1988 las nanimarquina se exportaban ya a Alemania, Italia y Japón. Logró el acceso a estos mercados tan competitivos sin invertir una peseta en publicidad ni en promoción comercial. 'El boca a boca entre los propios fabricantes del sector funcionó y acudían por sí solos a comprar', recuerda.

También introdujo un concepto, hasta entonces inédito en decoración textil, el de colección. En 1989 comenzaba a diseñar otros productos como mantas, tejidos estampados, toallas y cojines. Ese mismo año, su colección Begonia es seleccionada por el MOMA de Nueva York para su tienda. Animada por los éxitos y el reconocimiento de la firma a nivel internacional, la emprendedora se decidió a dar el paso más atrevido: fabricar en India.

Y empezó en 1992, a 150 kilómetros de Delhi. Allí logró lo que la estructura de la industria nacional le negaba, la fusión de la tradición artesanal y la racionalización del trabajo. 'Optimizamos producción sin recurrir a la mecanización, con niveles de calidad poco frecuentes en la industria occidental. Además, este esquema nos permitía investigar en materiales, técnicas, hacer prototipos, etc. Todo con mayor calidad y mejores márgenes'. Pero los comienzos no fueron fáciles. 'Lo peor, las comunicaciones. Cada vez que mandábamos un télex rezábamos para que llegara', recuerda sonriendo la empresaria.

La compañía fue ganando dimensión. Era necesario profesionalizar la gestión y retomar las riendas de la distribución comercial. Los reconocimientos seguían llegando: en 2003, recibe el premio IDQ; la colección Topissimo obtiene el premio Red Dot Design y es seleccionada para los Premios Delta ADI-FAD de esa edición en la que también la colección Cuks logra una mención especial del jurado. Al año siguiente, Topissimo es reconocido como el mejor producto en la Feria Sidim de Montreal y el Good Design Award del Chicago Athenaeum.

Líder del sector de textiles para decoración en España, para seguir creciendo, en 2005 lanzó la línea Basic, orientada a profesionales. No en vano a la firma recurren los mejores arquitectos e interioristas a la hora de buscar resultados espectaculares. Como, por ejemplo, cuando una alfombra de 54 metros cuadrados y 200 kilos de peso -diseñada por el artista taiwanés Michael Lin y especialmente producida por Nanimarquina en India- cubrió el hall del Kursaal en la edición Dfoto2006, o los suelos del vanguardista Hotel Puerta de América de Madrid, o las oficinas de DaimlerChrysler en Bremen (Alemania).

En la actualidad, el catálogo de Nanimarquina lo componen 31 colecciones con hasta seis versiones diferentes cada una. Los diseños son mayoritariamente de Marquina, aunque también de creadores como Diego Fortunato, Ana Mir, Emili Padrós, Sybilla, Mariana Eidler y Oriol Guimerà, entre otros.

¿Su último proyecto? La producción de alfombras en seda. Todo un reto.

'El diseño es un intangible que conviene fomentar'

Madre e hija llevan el diseño en los genes. Nani, 53 años, anima con sus alfombras a vivir en el suelo. Ha recibido el Premio a la Mujer Emprendedora 2006 del Sidem, el Premio Cambra Gestió de Disseny 2005 y el Premio Nacional de Diseño 2005. María Piera, 28 años, es economista y directora general adjunta de la compañía.

¿Cuál es su materia prima favorita?

Nani. La lana, la materia más tradicional, aunque utilizada de mil maneras. En las últimas colecciones, como fieltro troquelado.

¿Qué define a sus alfombras?

Nani. El color; la simplicidad, pues deben compartir espacios con otros objetos, y la innovación. Logramos hacer vanguardista un objeto tan ancestral.

¿Para triunfar en diseño hay que ser catalán?

María. No, pero sí es cierto que aquí hay mejor caldo de cultivo.

Nani. La mentalidad catalana es más rompedora y progresista.

¿Qué le falta al diseño español?

Nani. Hay buen nivel, pero falta un empujón para que la marca España se identifique con diseño. El diseño es innovación y hay que considerarlo desde el punto de vista industrial. La clave es favorecer el diseño desde la educación.

María. Es un intangible y las normas fiscales deberían resolver cómo valorarlo. Fomentar el diseño es fomentar la productividad de las empresas.

Las alfombras también se imitan. ¿Cómo se defienden de la piratería?

María. Nanimarquina es una marca registrada y también nuestro principal activo.

Nani. Luchar contra las falsificaciones es realmente difícil trabajando con artesanía.

¿Cuánto cuesta tener una nanimarquina en casa?

María. Entre 1.000 y 1.500 euros, las de gama alta, y entre 700 y 900, las de la nueva línea Basic.