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Los tesoros de las Bahamas

Paraíso natural, fiscal y turístico. Pocos lugares del planeta despiertan tanta codicia en el imaginario colectivo como este laberinto anfibio, antigua república de piratasViaje

Hace apenas unos días aparecía, en una encuesta de Internet, el nombre mágico de Bahamas como el destino preferido de los españoles. Chocante. Porque sin duda son pocos, todavía, los paisanos que allí viajan. Es más, son pocos los que en realidad conocen las Bahamas. Se tiene una imagen idealizada, y es ese fantasma el que imanta como oscuro objeto del deseo. Se piensa en Bahamas como unas islas paradisíacas del Caribe; pero están en el Atlántico, aunque es cierto que el clima y colorido tienen mucho de caribeño.

Se piensa en ellas como un feudo yanqui, una especie de sucursal de Miami. Hay algo de verdad, en cuanto que el mayor número de visitantes a las Bahamas proviene de Estado Unidos (Florida está a cuarenta minutos en avión). Pero la realidad es que Bahamas se independizó hace relativamente poco de la corona británica (en 1973) y que precisamente sus islas sirvieron de refugio a los loyalistes, es decir, a los colonos de la futura Unión que preferían seguir siendo súbditos de su Graciosa Majestad. Harbour Island, tal vez la más bonita de las Bahamas, conserva intacto el sabor y arquitectura de aquellos días fundacionales.

En algo coinciden los sueños y la realidad: privilegiados o no, son muy pocos los moradores de esas islas afortunadas. Exactamente, unos 300.000. Casi todos (dos tercios) apiñados en la capital, Nassau; el resto, desperdigados por un área equivalente a toda la Gran Bretaña, un sopicaldo de 700 islas y cayos flotando en un mar acaparador. Bien es verdad que sólo algunas están habitadas. Se suele hablar de islas interiores o exteriores, según la proximidad al continente, por poner un algo de orden geográfico.

El núcleo donde se concentran las dos terceras partes de la población es una isla más bien pequeña, New Providence (donde está Nassau), unida por dos puentes a la pequeña Paradise Island: una lengua repartida entre el mega-complejo turístico Atlantis (invento fantasioso del empresario de origen polaco Sol Ketzner, el mismo creador de Sun City en Sudáfrica) y hoteles y residencias del mayor lujo y privacidad imaginables, donde se esconden rostros famosos de Hollywood y millonarios anónimos de todo el mundo, con el yate aparcado a la puerta de su residencia.

Es mucho mayor en territorio Grand Bahama, al norte, la que tiene más instalaciones y recursos turísticos después del núcleo capitalino. Ábaco, entre Grand Bahama y Nassau, es también bastante extensa, casi toda convertida en parque natural. Lo mismo que le sucede a Andros, la mayor de las Bahamas, donde los pocos resorts turísticos que existen parecen hechos pensando en un Robinson Crusoe afiliado a una ONG ecologista. Eleuthera (donde está la preciosa Harbour Island) parece una anguila de esmeraldas y turquesas escamando un hilo interminable de playas paradisíacas, de arena lechosa y fina como polvo de talco. Exuma es otro de los complejos de islas, islotes y cayos que tienen un algo de actividad. El resto del archipiélago -Bimini, Inagua, Long Island, etc.- son ya para turistas que aspiran a nota. Aunque lo único que tienen que hacer -lo único que puede hacerse- es bucear entre mágicas selvas de coral, pescar en alta mar piezas difíciles, o tenderse al sol (garantizado 360 días al año) en una hamaca colgada entre palmeras, a la espera de que venga el hidroavión o cosa semejante a traer noticias de lo que pasa por el mundo.

Guía para el viajero

Información general:

www.bahamas.com (en inglés, a partir de septiembre, también en español).

cómo ir:

No hay vuelos directos desde España; British Airways (91 3769666) tiene cuatro vuelos semanales desde Londres a Nassau; el precio del billete ida/ vuelta desde Madrid a Nassau es a partir de 780 euros.

La mayorista Catai (www.catai.es) incluye el destino Bahamas en su catálogo, pero sólo como extensión de otros viajes a los Estados Unidos.

Alojamiento y comida:

En Nassau: Graycliff Hotel (00 1 242 322 2796, 8-14 W. Hill Street -junto al Parlamento-, www.graycliff.com), hotel muy especial, con mucho encanto a pesar de su cierta bohemia de lujo, propiedad de Enrico Garzaroli y su esposa, que mantienen un trato personal con los clientes del establecimiento. Extraordinaria la comida del restaurante (sobre todo el ambiente de las cenas, con música) y sencillamente fabulosa la bodega que atesora este vividor italiano, la más completa del Caribe (aloja, además, en el hotel una fábrica de habanos).

En Gran Bahama: el Viva Wyndham Resort (00 1 242 373 4000, www.vivawyndhamresorts.com, reservas: reservations@vivaresort.com) ofrece una alternativa algo más popular y todo incluido a los precios más bien altos de los hoteles en Bahamas.

En Harbour Island, la joya histórica, los precios de una suite junto a la playa pueden alcanzar los 2.500 dólares por noche. En el complejo Atlantis de Paradise Island hay una suite que cuesta 25.000 dólares por noche.