El negocio del deporte

El traslado, una rutina en la competición estadounidense

Esta misma semana, los Seattle Supersonics fueron vendidos y pueden terminar en Oklahoma

Un Betis de Vigo o un Celta de Málaga suenan a chiste, pero en las grandes ligas profesionales estadounidenses existen equivalentes: Los Angeles Lakers se llaman así pese a que en California no hay lagos (lakes), y el equipo de Utah son los Jazz aunque el estado mormón tiene el menor índice de población negra del país. Claro que, en origen, los Lakers eran de Minneapolis, ciudad de los grandes lagos, y los Jazz, de Nueva Orleans. Hasta que fueron trasladados por una decisión empresarial.

Lo que arranca en España como una gran novedad, la venta de la plaza, es en el deporte americano una práctica corriente. Buena parte de los equipos profesionales estadounidenses han pasado por el trauma de un traslado, que causa en muchos casos el mismo tipo de reacción que aquí produciría la pérdida de categoría por una venta.

La situación, por supuesto, tiene numerosos matices que diferencian ambos casos. Aquí se daría al equipo de otra ciudad el puesto en la Liga, no habría traslado del club. La NBA es, a diferencia de las Federaciones europeas, una empresa privada que concede derechos de explotación -aquí el término 'franquicias' es exacto- a otras empresas que son las propietarias de los equipos. La liga se reserva el derecho de controlar esas trasferencias y gestionar la imagen global cobrando cantidades anuales en partidas de marketing, gestión administrativa, etcétera.

Esta misma semana se ha producido un ejemplo de cómo se manejan estos asuntos en Estados Unidos. Los Seattle Supersonics, un equipo con cuatro décadas de historia e incluso un anillo de la NBA en su currículo, ha sido vendido por 350 millones de dólares. El anterior propietario, Howard Schultz, el magnate de Starbucks, asegura haber sufrido unas pérdidas de 50 millones de dólares anuales debido sobre todo a los problemas con el pabellón donde juega el equipo.

La Liga, a través de su comisionado David Stern, echó leña al fuego al afirmar que el acuerdo de alquiler al ayuntamiento de la cancha, el Key Arena, era el peor de la NBA y que la ciudad demostraba al no construir un nuevo pabellón que no tenía 'ningún interés en mantener el equipo en la ciudad'.

El que los compradores sean de Oklahoma esclarece el posible futuro del equipo. Oklahoma City ha sido la base empleada por los New Orleans Hornets este año, cuando no han podido disputar los partidos en casa por los daños causados en el pabellón por el huracán Katrina. La ciudad se ha volcado con el equipo y tiene un obvio interés en contar con uno residente. Los nuevos propietarios de los Sonics han afirmado que, de momento, no quieren el traslado, pero que lo acometerán si en un año no hay nuevo pabellón.

La historia de los Sonics serviría como ejemplo de algo que podría ocurrir igualmente en España. Dado que la mayor parte de los estadios son de titularidad pública, un grupo empresarial podría igualmente utilizar la amenaza de una venta de plaza para forzar la construcción de un nuevo emplazamiento de mayor capacidad.

Las historias de enfrentamientos entre propietarios y aficionados son recurrentes en el deporte estadounidense. La oposición de los seguidores a la gestión de George Shinn al frente de los Charlotte Hornets se plasmó en las más bajas asistencias de toda la Liga. Shinn tuvo que llevarse a los Hornets a Nueva Orleans en 2003, y Charlotte consiguió un nuevo equipo al año siguiente.

Los 350 millones de dólares pagados por los Sonics son el récord de la historia de la NBA, superando los 300 que Cablevision abonó en 1997 por el equipo considerado como la franquicia más valiosa de la Liga, los New York Knicks. En total, 12 de los 30 equipos de la NBA se han mudado de domicilio en alguna ocasión, así como 11 de la NFL -fútbol americano- y 13 de la MLB -béisbol-.

Varias mudanzas dieron lugar a casos célebres. Los Baltimore Colts de la NFL trasladaron en 1984 sus oficinas a Indianápolis en una operación nocturna ante la amenaza de expropiación por el estado de Maryland. Y la revuelta popular en Cleveland por la marcha de su equipo en 1996 hizo que la Liga concediera otro a la ciudad al año siguiente.

Entrar en la Fórmula 1 cuesta 300.000 euros

El acceso de nuevos participantes en la principal competición automovilística del mundo no presenta tantos obstáculos como otras competiciones de carácter privado. De hecho, el gestor de la Fórmula 1, Bernie Ecclestone, alienta y da la bienvenida a cuantas escuderías se quieran sumar al gran circo, como gusta en llamarse, lo cual incrementa el negocio.

La Federación Internacional de Automovilismo cobra una cuota de entrada de 300.000 euros. Con este dinero, el regulador sólo tramita la licencia administrativa y crea la plaza. Otra cosa, claro está, son los varios ceros más que hacen falta para crear y desarrollar un equipo competitivo. Ferrari ha gastado unos 300 millones este año. Toyota se acerca a 500 millones, según el portal estadounidense especializado Automotive News. Super Aguri ha debutado este año después de hacer una fuerte -y desconocida- inversión y hasta la fecha, no ha logrado ganar ni un sólo punto.

Por eso, a veces sale más rentable comprar el trabajo de los demás. Así, en el año 2000, el fabricante francés de automóviles Renault compró a Benetton su escudería, por 20.600 millones de pesetas de las de entonces, unos 123 millones de euros. Benetton ya había sido dos veces campeón con un -por aquel entonces- jovencísimo Michael Schumacher, y Renault volvería a serlo años después con Fernando Alonso.

La escudería rusa Midland F1 Racing está en los circuitos gracias a que compró a Jordan su plaza y sus efectivos. BMW, por su parte, corre este año por primera vez con una escudería propia este año, después de haber roto con Williams y comprar Sauber. El próximo, BMW Sauber F1 sólo llevará el nombre del principal fabricante de coches de lujo del mundo.

En ocasiones, incluso, las escuderías funcionan más como empresas, con intercambios de capital y alianzas. Recientemente, el austríaco Gerhard Berger, ex piloto de Fórmula Uno, ha comprado a la empresa de bebidas energéticas Red Bull la mitad de las acciones de la escudería Toro Rosso, de la que ahora es copropietario.

Honda rompió el pasado con su socio British American Tobacco, que poseía el 55% de la escudería y que permitió su regreso a las pistas en 2000, y asumió el control en solitario del equipo.

Protagonistas

David Stern, comisionado de la NBA. La Liga se reserva el derecho de vetar cualquier tipo de trasferencia entre las franquicias que la integran, y gestiona también las posibles ampliaciones. El último equipo que se incorporó a la NBA, los Charlotte Bobcats, tuvieron que desembolsar 300 millones de dólares entre garantías y avales, por un lado, e infraestructuras, por otro.

Michael Jordan, copropietario de los Charlotte Bobcats. El mejor jugador de la historia del baloncesto participó primero en los Washington Wizards, con los que luego jugó, y este año invirtió 20 millones de dólares en los Charlotte Bobcats, en los que ejercerá como asesor deportivo. Ha colocado a su asesor financiero como presidente ejecutivo.

Pau Gasol, jugador de los Memphis Grizzlies. Durante sus seis primeros años de historia, los Grizzlies jugaron en Vancouver (Canadá). El año del traslado, el propietario, Michael Hensley, decidió lavar la cara de la plantilla y traer jugadores jóvenes que lograran la identificación con su nueva sede, Memphis. El principal de ellos resultó ser Pau Gasol.