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El auge de los cursos de verano

Las escuelas aumentan la competencia en programación y ponentes de prestigio

Profundizar en cuestiones de actualidad y debatir con un Premio Nobel en un entorno natural o de especial valor histórico. El verano de 2006 ofrece miles de propuestas en toda la geografía, desde Almendralejo (Universidad de Extremadura) a Villablino (Universidad de León) o Santa María de La Rábida (Universidad Internacional de Andalucía). La oferta de cursos de verano no para de crecer. Universidades, fundaciones, instituciones públicas y privadas compiten por el programa más atractivo y ponentes de prestigio. Durante dos meses al año, se convierten en factorías de la cultura, en las que los alumnos, universitarios o no, tienen oportunidad de escuchar a maestros y celebridades -en muchos casos por menos de 60 euros (estancia, aparte)- debatir sobre los temas que les interesan en un ambiente distendido.

La Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) ha sido la pionera, pues en los veranos del periodo 1933-36 puso en marcha un programa de cursos sobre los temas más relevantes de la época, así como sobre lengua y literatura españolas para extranjeros. Este año el número de cursos alcanza la cifra récord de 140, repartidos entre las distintas actividades: cursos magistrales, seminarios, escuelas, talleres, encuentros, el autor y su obra, el aula de verano y el aula del mar.

Otra de las escuelas de verano de larga trayectoria es la de la Complutense, que organiza desde hace 19 años en El Escorial (Madrid). Juan Ferrera, director de los cursos, explica que a la hora de elaborar la programación se tiene en cuenta la variedad de carreras que se imparte en la universidad. 'Intentamos ser plurales y abarcar todas las disciplinas que engloba la universidad', señala. Hasta el próximo 11 de agosto, la Complutense desarrollará 118 cursos, 35 encuentros y jornadas, 5 talleres, 19 actuaciones de artes escénicas y 7 actividades extraordinarias.

Entre 450 y 1.000 euros recibe un ponente de la Complutense

La aceptación de las actividades académicas en verano se mide por el aumento de cursos y sedes. La Universidad Politécnica de Madrid (UPM) inauguró su escuela de verano el pasado año en La Granja (Segovia) con vocación de crear unos cursos de referencia y lograr un mayor acercamiento a la sociedad. 'El primer año organizamos seis cursos y en 2006, veintidós, seleccionados entre 35 propuestas', explica Rafael Sanjurjo, director de los cursos de verano de la UPM.

Margarita Rodríguez Lucas, coordinadora de los cursos de verano de la Universidad Camilo José Cela, que este año alcanza su tercera edición, ve en el auge de estas actividades 'una forma de darte a conocer'.

Los cursos de verano de las universidades están tan vinculados a sus compromisos docentes como a la actualidad, de ahí la importancia de asegurarse la presencia de figuras relevantes en la materia. Para estos expertos, el exceso de ofertas les proporciona un intenso verano laboral. A veces ocurre que cuando una universidad contacta con ellos, ya se han comprometido con otra, una situación que Margarita Rodríguez Lucas ve lógica 'por la coincidencia de temas'. Pero el prestigio de la institución y la repercusión de sus actividades son suficiente reclamo para atraer a ponentes de primera fila, recalca Sanjurjo. Sin olvidar la cuestión de la remuneración económica. La UPM paga 400 euros a los ponentes por una conferencia de dos horas, aunque en el caso de participantes de mayor nivel, como el caso de un Premio Nobel, los honorarios se elevan a 1.000 euros. Los participantes de la Camilo José Cela recibe de media 400 euros, aunque la remuneración aumenta dependiendo de la responsabilidad asumida. La Complutense paga 450 euros por ponencia y participación en mesa redonda, en tanto que los directores de curso y conferenciantes de primer nivel pueden llegar a recibir 1.000 euros.

Los alumnos, por su parte, se benefician de una formación complementaria, en un ambiente placentero y de la posibilidad de intercambiar opiniones con profesores de prestigio, coinciden Rafael Sanjurjo y Margarita Rodríguez Lucas.