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Bodegas Valdivia resucita la fe en los vinos de Jerez

Intermonte protagoniza la primera inversión del sector en 20 años

Los vinos de Jerez se están malvendiendo y deben recuperar su antiguo esplendor. Es la idea de algunos inversores clarividentes que empiezan a creer de nuevo en estos caldos después de 20 años de crisis y la huida del sector de las multinacionales. La fe en este producto milenario, que llegó a ser número uno en el mundo y cuyas ventas se han desplomado en los últimos años, la ha rescatado por todo lo alto Bodegas Valdivia, el último proyecto de diversificación del grupo cementero Intermonte.

Para pasmo del resto del sector, instalado todavía en las desinversiones iniciadas hace una década, la firma ha invertido 30 millones en un proyecto integral que incluye 250 hectáreas de las mejores viñas y la rehabilitación de 20.000 metros de bodegas en el corazón de Jerez.

Valdivia, como el conquistador extremeño de Chile, llega así a Jerez para abanderar el relanzamiento de sus vinos y brandys con una imagen de marca rompedora que atraiga a nuevos consumidores y posicionada en la gama alta del sector.

La fórmula mágica pasa además por aplicar políticas de comercialización y marketing mucho más agresivas. Es el plan que desarrolla para Bodegas Valdivia su director general, Rafael Veas, un experto con más de 25 años de trayectoria en las primeras empresas bodegueras que ahora afronta el reto de hacer rentable la primera inversión vinícola que se acomete en el Marco de Jerez en las últimas dos décadas. Opina el directivo que las firmas del sector, asfixiadas por los altos inmovilizados, se han centrado en adaptar su producción a los recortes del consumo y han descuidado la ofensiva comercial que hubiera podido detener la caída de las ventas. Tomando buena nota de estos errores, la nueva bodega jerezana llegó en 2003 con un proyecto que prima la excelencia y rechaza el volumen y las marcas blancas.

Igual que la maduración de un buen vino, el proyecto se ha concebido a largo plazo y con una rentabilidad estimada en cinco años. Y no se escatimaron recursos: se compraron las mejores viñas y las soleras y vinos viejos más selectos de las bodegas de crianza para controlar todo el proceso según el sistema de soleras que le ha dado fama mundial a Jerez.

Los primeros productos, 400.000 botellas bajo las marcas principales de Valdivia y Sacromonte, se han lanzado al mercado este mismo año, cosechando ya varios premios. La bodega espera facturar en 2006 unos tres millones, para alcanzar en cinco años 10 millones en ventas. La distribución se centra en España y en el canal de restauración, pero el objetivo es saltar a la gran distribución y que las ventas exteriores sumen el 50%. Se abordarán países inexplorados como los de la ampliación comunitaria, Rusia o los asiáticos.

Una villa señorial al servicio de las empresas

¿Taichi al amanecer para directivos en las viñas más exclusivas de Jerez? ¿Consejo de administración en la villa señorial de una bodega? Bodegas Valdivia acompaña su ambicioso proyecto vinícola con una oferta turística complementaria y dirigida principalmente al mundo de los negocios. La empresa ha rehabilitado, con respeto exquisito a su estructura original, la villa señorial de una docena de habitaciones que se integra en el corazón de la bodega adquirida a Williams & Humber y que antes de la expropiación de Rumasa pertenecía a la familia Ruiz Mateos. La mansión Villa del Duque, que dispone de un refrescante patio andaluz con piscina, se alquila al completo por horas o días y con un programa de actividades a la carta. La cesión exclusiva de la villa puede incluir cursos sobre los vinos de Jerez, catas o visitas a la bodega y las viñas. En los escasos meses de funcionamiento antes de la apertura oficial en septiembre se ha impuesto un producto singular para grandes empresas: consejos de administración en los lujosos salones, seguido de comida, siesta de lujo y viaje de vuelta al aeropuerto en limusina.