Juan Corrales Garavilla

'Creceremos a un ritmo anual del 10%'

El fabricante de conservas de pescado, controlado al 100% por la familia Garavilla tras la salida del BBVA, pretende ganar cuota con nuevos productos.

Conservas Garavilla, titular de la marca Isabel, inició en febrero pasado una nueva etapa tras salir el BBVA de su accionariado y pasar a ser controlada en su totalidad por los sucesores de su fundador. Juan Corrales Garavilla (Bilbao, 1967) tuvo que hacer carrera primero fuera de casa para ahora pilotar el destino de la sociedad familiar.

El nuevo consejero delegado, en su primera entrevista con un medio de comunicación, asegura que el fabricante de conservas de pescado con sede en Bermeo (Vizcaya) basará su crecimiento en los nuevos productos con mayor valor añadido. Asegura, con convicción, que en el periodo 2006-2008 la facturación anual tendrá un crecimiento sostenido del 10%. En 2005, Garavilla, unas de las compañías de referencia de su sector, cerró con unas ventas de 194 millones y un resultado operativo de un millón de euros.

Ha finalizado 33 años de relación accionarial con el BBVA. ¿Cómo se presenta el futuro de Garavilla?

Culturalmente procedemos de una familia de industriales y así seguiremos. La apuesta que hemos realizado por la innovación, por la puesta en el mercado de nuevos productos de mayor valor añadido está empezando a dar sus frutos y tiene un largo recorrido.

Detalle un poco más esa estrategia…

Empezamos a trabajar en tres campos nuevos pero siempre con el pescado como base. El eje de salud con productos para prevenir y reducir colesterol y las ensaladas preparadas que han tenido un crecimiento exponencial. Hace cuatro meses pusimos en el mercado los platos elaborados a base de atún. Esta línea de negocio tenemos previsto que se trabaje desde nuestra planta de Ecuador

¿Esta apuesta requiere de nuevas inversiones?

No. Creemos que tenemos un grupo bien dimensionado y con un buen potencial de crecimiento. Estamos liderando el sector en lo que a innovación se refiere. Lo que si haremos en los próximos tres años es invertir algo más de 16 millones de euros en marketing y publicidad.

¿Piensan entrar en otros negocios del sector de conservas no relacionados con el pescado?

Tenemos posibilidades de posicionarnos en otras áreas pero de momento no nos lo hemos planteado. El año pasado enlatamos más de 6.000 toneladas de otros productos, entre los que se incluyen verduras, y 80.000 toneladas de pescado.

¿Se puede producir una concentración del sector en España? ¿Tienen ustedes planes en ese sentido? ¿Están estudiando alguna operación?

La reestructuración sectorial la está haciendo el propio consumidor. Debemos demostrar al mercado que Isabel es la gran marca de conservas de pescado. La irrupción de los productos blancos, que suelen tener un importante peso en la facturación de las empresas, te obliga a ser innovador. Llevamos años trabajando con las universidades, con los consumidores, haciendo catas, buscando el mejor producto. Cada año destinamos un 1% de las ventas a I+D+i. Eso nos ha diferenciado del resto y, como se suele decir, el que da primero, da dos veces. En eso llevamos ventaja y no tenemos pensado aumentar la base de las marcas que elaboramos para las grandes superficies

Sí, pero no me ha contestado si tienen planes de compra o de alianzas con otras sociedades...

No tenemos en cartera ninguna compra, ni venta de posiciones accionariales. Nuestro crecimiento será orgánico y no corporativo.

El capital de Garavilla está ahora al 100% en manos de la familia fundadora de la que usted es miembro. ¿Han firmado algún tipo de protocolo para garantizar su buen funcionamiento y apuntalar su futuro?

No, pero eso no ha impedido su desarrollo y ya vamos por la tercera generación. Nuestros principios de actuación se han basado en la confianza y en que la empresa funcione con criterio. Todas las decisiones que tomamos se han adoptado aplicando el consenso. Asumimos esta nueva etapa con una enorme ilusión y con una apuesta por el crecimiento rentable.

En los años noventa Garavilla elevó considerablemente su deuda para realizar inversiones superiores a los 100 millones. ¿Cómo esta ahora ese capítulo?

Invertimos mucho dinero en renovar flota y en instalaciones, lo que nos costó cinco años de digestión, pero se le ha dado vuelta al balance. A partir de 2001 aplicamos un política rigurosa de control del gasto y desinversiones en activos lo que supuso la venta de nuestras plantas en Lanzarote y Algeciras. También vendimos la fábrica de Bermeo y construimos la nueva en Mundaka. Esta estrategia nos ha permitido reducir la deuda de 120 a 27 millones con unos fondos propios superiores a los 47 millones.

En un mercado muy estrecho y con una gran presión de las empresas de distribución ¿Qué les diferencia de la competencia?

Tenemos claro que nuestro activo principal es el producto y la innovación.

Una apuesta histórica por las fábricas en el exterior

A Conservas Garavilla no le preocupa demasiado la globalización. La compañía vasca realizó, hace casi 30 años, una apuesta por su expansión industrial fuera de España. Entonces se decidió tomar el rumbo hacia Ecuador, país donde construyó una fábrica para elaborar y procesar el pescado procedente de su flota de atuneros congeladores que operan en el Pacífico. 'Fuimos los primeros de nuestro sector que tuvimos esa visión estratégica', asegura Juan Corrales. Desde su planta en el país latinoamericano salen los productos con destino a los mercados situados en los países del entorno y hacia Estados Unidos. Conservas Garavilla concentra en estas zonas el 25% de sus ventas. Además cuenta con otra fábrica en Marruecos donde procesa, fundamentalmente, sardinas.

Corrales defiende una pesca sostenible. Los túnidos, el grueso de la materia prima para elaborar sus conservas, proceden de su propia flota en la que se incluyen cuatro atuneros congeladores. El consejero delegado de Garavilla afirma que tienen firmado un protocolo, instado a través de una ONG norteamericana, por el cual se han comprometido que durante las labores de pesca y captura de atunes no muera ni un sólo delfín. Esta política, que, según él, siguen la mayoría de las conserveras españolas, les permite trabajar en mercados que 'nos interesan'.