Laboral

General Motors despide a 900 trabajadores en una de sus dos plantas británicas

General Motors propinó ayer el enésimo golpe a la industria británica del automóvil. El gigante estadounidense, a través de su filial Vauxhall, anunció su intención de eliminar en agosto un turno en la factoría de Ellesmere Port (al sur de Liverpool). Esta decisión supondrá el despido de los 900 trabajadores empleados en esa franja horario.

La compañía estadounidense explicó que este movimiento se debe a la presión ejercida por la industria automovilística europea, que busca aumentar la productividad y reducir costes, pero que no impedirá que la firma mantenga su producción en Inglaterra.

En esta ocasión, los sindicatos van a encontrar poca ayuda del Gobierno laborista. Tras reunirse ayer con la directiva de Vauxhall en lo que se interpretó como un gesto hacia la plantilla, el ministro británico de Economía, Gordon Brown, coincidió con los empresarios en que los despidos son necesarios para incrementar la competitividad de la planta, 'la de mayor coste de Europa'. 'Es un paso importante para hacerla más competitiva y seguir avanzando', declaró.

Con este último plan de despidos anunciados ayer por Vauxhall, ya son cuatro los grandes fabricantes de automóviles que han recortado empleos en el Reino Unido en dos años. MG Rover anunció, hace un año, el cierre de su fábrica de Longbridge, en Birmingham y la pérdida de 6.000 puestos de trabajo.

El mes pasado, el fabricante francés Peugeot Citroën anunció el próximo cierre de su cadena de montaje en Ryton, cerca de Coventry, para, recelan los sindicatos, trasladar la producción a Eslovaquia, lo que conllevará la pérdida de 2.300 empleos. Los sindicatos británicos proyectan promover el boicot a los productos de Peugeot en protesta por este cierre.

A todo ello se suma el anuncio hecho hace unas semanas por TVR, fabricante de coches deportivos, de que en seis meses planea cerrar su fábrica de Blackpool (noroeste de Inglaterra), en la que emplea a 260 personas. Hace dos años, Jaguar propinó el primer golpe al sector automovilístico al parar la producción en la fábrica de Coventry, con la pérdida de cientos de empleos claves para la economía de la zona.