Lealtad, 1

A vender, que Roach se vuelve optimista

Stephen Roach es conocido en el mundillo bursátil como un agorero inasequible al desaliento. Durante años, ha venido alertando semana tras semana de los riesgos intrínsecos a una recuperación económica construida a partir de desequilibrios, en un ciclo de consumo y crédito entre América y Asia que se había convertido en una bomba de relojería.

Sin embargo, el pesimista impenitente ha cambiado de opinión, y detalla que la última vez que se mostró optimista sobre la economía mundial fue en 1999. La noticia asusta, pues 1999 es el año anterior a la crisis del Nasdaq. Se confirmaría, de este modo el viejo dicho: cuando el último pesimista se vuelve optimista, hay que venderlo todo rápidamente. Pero Roach tranquiliza a la parroquia. 'Mi entusiasmo duró poco, pues la cura a la crisis de 1998 derivó en la madre de todos los ciclos de liquidez, en múltiples burbujas de activos y en un desarrollo sin precedentes de desequilibrios globales'.

¿Y de dónde procede el renovado entusiasmo de Roach, siete años después? Ha comprado el argumento del reequilibrio global. 'El mundo está al final tomando su medicina, o al menos considerando la posibilidad de hacerlo', explica. La clave está en la baja inflación que permite el proceso de globalización. Ello permite que los bancos centrales ajusten sus políticas -es decir, suban los tipos de interés- de forma pausada y preparando el terrano.

Es un proceso delicado porque en el camino de la recuperación desequilibrada se ha generado una gran dependencia de los mercados de activos financieros, y los efectos de una crisis serían muy negativos. De forma paralela, continúa Roach, el FMI y el G-7 se han tomado en serio la necesidad de encontrar soluciones multilaterales a problemas multilaterales. Y, para terminar, los tipos de cambio de las divisas han tomado de nuevo la senda del reequilibrio, entorno en el que se enmarca la debilidad del dólar.