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Un romano entre vikingos

Hace 1.700 años que Constantino el Grande fue proclamado emperador en York, la bella ciudad histórica de Reino Unido

Fue un 25 de julio del año 306 cuando Constantino El Grande entró en la historia como emperador. Cuando se cumplen 1.700 años, el aniversario no podía pasar de balde en la urbe que protagonista del hecho, York, una vieja ciudad pletórica de huellas romanas.

Si la estatua del emperador se alza junto a la catedral, no es porque Constantino diera luz verde al cristianismo sino porque debajo se halla el campamento romano. Se puede visitar, así como los cimientos de un templo normando primitivo.

Lo romano asoma por doquier. El Museo Romano es breve, pero sustancioso. Y hace poco fueron restaurados unos baños. Otro aliciente es que cada verano se celebra un Festival que llena las calles de legionarios, gladiadores, músicos y artesanos.

Los romanos llamaban a aquel castro Eboracum. Los sajones lo pronunciaban Eofowick. Hacia el año 1000, fue invadido por los vikingos, que lo llamaron Jorvik. Entre 1976 y 1981, unas excavaciones descubrieron el asentamiento vikingo, que permanece bajo tierra y se recorre de forma singular: acomodados en un trenecillo, los visitantes pueden ver, oír y hasta oler el villorrio tal como respiraba el 25 de octubre del año 975 a las 5.30 de la tarde, aproximadamente.

La arqueología puede ser tan divertida como el túnel de la risa o los fantasmas de feria.

Jorvik no nacía de la nada, claro. Trescientos años después de que Constantino legalizara el cristianismo, los sajones construían una primera iglesia de madera (627), de la que no queda rastro. El primer templo de piedra lo levantaron los normandos (que no eran sino nietos de los vikingos) en torno a 1080, sobre el campamento romano. Y en el año 1220 se empezó a construir la actual catedral sobre el templo normando, que se puede ver en el subsuelo, junto con las ruinas romanas.

Durante siglos, inacabada, sirvió de todo, para albergar mercados o para que los críos jugaran al fútbol (hay quejas documentadas). En 1472 fue terminada, por fin, la que puede considerarse una de las más grandes y bellas catedrales de Europa, la que tiene la mayor vidriera emplomada del mundo.

Las cifras, sin embargo, no hacen justicia al clima sereno y luminoso que baña sus proporciones. La silueta de la catedral domina por completo el casco medieval, preservado como por milagro. Un burgo acorazado por un anillo perfecto de muralla, con varias de sus puertas intactas; se puede recorrer el adarve completo, y sorprender la intimidad de huertos y traseras desde la altura.

La villa medieval incluía un buen puñado de iglesias -la de la Trinidad es la más evocadora- y un ovillo de calles donde afortunadamente no se ha tocado ni un solo adoquín. The Shambles, aparte de ser la calle más fotografiada de Inglaterra, es también de las más viejas, citada en documentos desde el remoto año 1086.

Además de turística (recibe a unos cuatro millones de curiosos al año), York es sibarita, con varios restaurantes premiados: no podía ser de otro modo, en una ciudad que ha patentado el jamón cocido.

Para rasgar su intimidad, sugiero invertir una mañana en el Museo del Castillo. Entre otras cosas, allí está la celda en que pasó sus últimos instantes Dick Turpin, el cuatrero que resultó colgado en 1735 y que los autores románticos convertirían en héroe de folletín hasta llegar a los tebeos de nuestra infancia.

Guía para el viajero

cómo ir

British Airways (902 111 333, www.britishairways.com, www.ba.com) tiene vuelos directos desde Madrid a Manchester; desde allí se llega a York cómodamente en tren. También hay compañías de bajo coste que vuelan desde varias ciudades españolas hasta Leeds (capital de Yorkshire), como Jet2 (www.jet2.com) o Thompson (www.thompsonfligths.com). Para moverse por la ciudad, nada mejor que el York Pass, que permite entrar en más de 30 lugares. Este pase se puede adquirir para uno, dos o tres días a partir de 19 libras.

alojamiento

El Hilton York (1 Tower Street, 44 (0) 1904 648111, www.hilton.co.uk/york) tiene la ventaja de estar asomado a la Torre de Guillermo el Conquistador y al Museo del Castillo, en un lugar muy tranquilo y céntrico a la vez.

comer

Four High Petergate Bistro (ubicado junto a la puerta medieval de St. Peter, www.fourhighpetergate.co.uk) es un lugar desenfadado y elegante al mismo tiempo, con muy buena comida.

The Blue Bicycle es un restaurante francés, rústico y romántico, ubicado en un antiguo burdel.

más información

En distintas web como www.visityork.org y www.visitbritain.com/es, ó en el teléfono 902 171 181.