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Refugios históricos para un patrimonio diversificado

Las monedas antiguas, especialmente las acuñadas en oro o plata, cuentan con revalorizaciones constantes en largos periodos de tiempo

Son valores refugio especialmente en momento de crisis económica o de inestabilidad política, y además mantienen rentabilidades constantes a medio y largo plazo. Estas son algunas de las características de la inversión en monedas antiguas y de oro, que destacan expertos como José María Martínez Gallego, de Afinsa, quien añade que 'a diferencia de otros bienes tangibles, como el arte o las antigüedades, tienen una diversidad de tratamiento que las convierten en un excelente terreno para la inversión'.

Otro aspecto destacado es que se puede iniciar una colección-inversión con cantidades de dinero pequeñas, incluso unos 50 euros, aunque si esas compras se prologan en el tiempo se convierten en un patrimonio. Y son uno de los posibles componentes de ese porcentaje, entre el 10% al 15% del total del patrimonio invertido, que entidades como la banca privada aconsejan destinar a bienes tangibles.

Los datos sobre la revalorización de las monedas son muy diversos y Martínez Gallego aconseja adquirir aquellas piezas que con los estudios de los últimos 10 ó 20 años 'hayan demostrado que mantienen una línea regular de revalorización'. Y ya sea 'por su escasez en el mercado, por su preferencia por los inversores o por la estabilidad que le proporciona el patrón metálico en que están acuñadas (oro o plata)'.

Para algunas piezas españolas antiguas la rentabilidad se sitúa entre el 60% al 70% en diez años, como se señala en el catálogo de Cayón y Castán. No obstante, la media para todas las monedas de las más variadas civilizaciones está en el entorno del 30% al 40%, también en diez años, sin tener en cuenta la posible revalorización del oro y la plata si están acuñadas en esos metales. Y los profesionales de la numismática destacan que casi nunca bajan los precios, aunque en ocasiones la cotización de ciertas piezas se estanca.

Y el consejo de Iñaki Lavín, de Antigüedades Lavín, de Bilbao, para el inversor profano es comprar básicamente las destinadas a inversión, denominadas bullions, 'cuyo valor está siempre determinado en su mayor porcentaje por el del metal'. Entre ellas están los krugerands, de Sudáfrica. Pero si se opta por adquirir piezas de interés y rareza reconocida, recomienda 'acudir al asesoramiento profesional'.

Otro de los consejos de Lavín es 'realizar una colección, ya que las posibilidades temáticas o históricas son enormes, y podemos adaptarnos a cualquier presupuesto'.

Subastas y garantías

Pero además existen criterios prácticamente objetivos para invertir en esos activos sin riesgo de ser víctimas de fraude. Y un camino es acudir a las subastas organizadas por asociaciones nacionales e internacionales que ponen en el mercado monedas catalogadas. Son eventos como los que organizan Sotheby's, Christie's o la Asociación Española de Numismáticos Profesionales (AENP), que pueden igualmente garantizar la calidad de un determinado establecimiento. Por otro lado, los expertos recomiendan comprar piezas en un estado que permita leer las inscripciones, al no ser que por su rareza (como la brevedad de un emperador romano) o por su interés compensen los aspectos negativos del deterioro. Y pueden tener más valor si no han circulado.

Y aunque las cantidades que se pagan por una moneda no son normalmente muy elevadas -un antoniano de Trajano por 30 euros o un áureo de Nerón por unos 1.500 euros- hay algunas significativas. Ese es el caso de una moneda de oro acuñada en Toledo a nombre de los Reyes Católicos subastada por la firma Jesús Vicó, de Madrid, por 215.000 euros. Se trata de una de cuatro monedas similares acuñadas en ciudades diferentes.

Sobre el tratamiento fiscal, Iñaki Lavín recomienda acudir al asesor fiscal, pero señala que de momento las piezas de oro anteriores al año 1800 están exentas de IVA.

Áureos, dracmas, ducados y onzas

Cuando se trata de citar monedas antiguas con interés numismático o por el metal que fueron acuñadas, o por ambos aspectos al tiempo, los expertos citan un sinfín de piezas de las más variadas procedencias geográficas e históricas. Así, Martínez Gallego recomienda, entre otras, las onzas de oro españolas o monedas de ocho escudos, 'tan codiciadas por los piratas', que se emitieron desde el siglo XVI al XIX.

Y Iñaki Lavín señala que 'las más demandadas en los mercados mundiales son las griegas y las romanas'. Los áureos, por ejemplo, que eran una moneda de oro que se empleó básicamente desde la época de Augusto hasta Constantino. O los didracmas de plata que circularon en Grecia en el siglo III a.C.

Piezas posteriores muy solventes son los ducados de oro, utilizados en España en la época de los Reyes Católicos, aunque los profesionales del sector numismático recomiendan asimismo las medievales castellanas por su capacidad de revalorización o los reales de ocho de plata, que circularon entre los siglos XVI y XIX. El experto de Afinsa subraya el interés de algunas monedas de la época en que España era una potencia colonial.