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Caballos de madera a precios de verdad

Durante toda su adolescencia, los hermanos gemelos David y Tony Stevenson observaban con admiración la labor de su tío James Bosworthick, de profesión carpintero de navío. Al llegar el momento de emprender una carrera propia, los dos hermanos decidieron unir fuerzas y seguir los pasos artesanales de su tío, montando un taller en la campiña del sur de Inglaterra del que todos los años salen unos 400 caballitos de balancín, cada uno una verdadera obra de arte.

'Se trata de un regalo nostálgico que nos trae a la memoria una época en que sobraba tiempo para mimar nuestras fantasías', dijo Marc Stevenson, uno de los tres socios de la empresa Stevenson Brothers. 'Cuando observas a un niño montado sobre un caballito de balancín, te das cuenta de que se ha entregado cuerpo y alma a sus propios pensamientos. Ese niño se imagina a sí mismo galopando por la playa o volando hacia la luna'. Stevenson declara que los caballitos también representan una inversión. 'No cabe duda que con el paso de los años aumenta el valor de estos caballitos', defiende.

Los caballitos Stevenson cuestan entre 1.500 y 10.000 libras (2.175 y 14.500 euros) y entre sus clientes se encuentran la reina Isabel II, el difunto Husain de Jordania, el futbolista de Newcastle United Alan Shearer y el célebre jockey Frank Dettori. Sue Russell, vecina de los Stevenson que entró en la firma como la tercera socio en 1984, dijo que también han vendido un ejemplar a una española, importadora de obras de arte que reside en Londres, que prefiere guardar el anonimato.

La pieza clave del marketing de la empresa es la oferta de replicar en madera cualquier caballo del cliente, copiando en detalle el color del pelo y hasta la forma de la cola. 'Nuestros caballitos son esculturas equinas, pero también son esculturas útiles', dijo Stevenson. 'Cuando contemplas el escaparate de una juguetería y te preguntas a qué juguetes estarías dispuesto a ceder espacio en una habitación, la mayoría procede de la China y carece de valor. Nuestros clientes buscan algo que no esté fabricado con chips de silicona y pilas'.

Los caballitos de balancín tuvieron su apogeo en Inglaterra a finales del siglo XIX, en los últimos años del reinado de Victoria. En aquel entonces, los caballitos ocupaban un lugar privilegiado en los caserones de campo de la nobleza y se utilizaban para entrenar a sus hijos a montar a caballo.

El taller de los Stevenson cuenta con un equipo de 11 artesanos. La madera más popular que se utiliza en el tallado de los caballitos es el tulipán, por su elegancia y acabado lustroso. También se emplea el roble y el nogal, según la moda y la demanda de los clientes. Hace unos años el cerezo fue la madera más solicitada. Cada caballito lleva un compartimento secreto en la tripa, donde los propietarios suelen guardar sus documentos o incluso una cápsula del tiempo. Como último detalle, los caballitos llevan una manta bordada con las iniciales del cliente.

Reproducir la melena representa un problema que a veces resulta complicado, sobre todo cuando el cliente pide un color poco común, como, por ejemplo, el gris. Para esto se usan las colas de caballos muertos. 'Hemos tenido enormes problemas en algunas ocasiones porque como es natural, los caballos no se mueren a la medida', dijo Stevenson.