Marca reconocida

Michel Laline reinventa el bombón en Chocolat Factory

La compañía, desde sus inicios en 1997, ha conjugado tradición y vanguardia. Una fórmula de éxito que vende en España, Holanda y Gran Bretaña

Chocolat Factory es el sueño de un arquitecto, Michel Laline. Belga de nacimiento y chocolatero de profesión. Laline llegó a España hace 25 años y se hizo un nombre en el mercado del interiorismo catalán; sin embargo, en 1997, desencantado, abandonó el diseño y a sus clientes, y se adentró en un mundo desconocido, pero lleno de posibilidades gastronómicas y formales, el mundo del cacao.

Sin tradición familiar, pese a tener pasaporte belga y haber pasado su infancia en Zaire, uno de los principales productores de cacao del mundo, Laline dio en la década de los noventa un giro de ciento ochenta grados a su vida: cerró su estudio, tomó un año sabático, estudió con los maestros Luis Morera, Claudio Uño y Ramón Morato, y abrió un obrador de 200 metros cuadrados en Sant Cugat del Vallés. Hoy, esta factoría hornea 340 kilos de bombones al año.

El éxito de este empresario y su equipo no es fruto de la carambola. Chocolat Factory combina una materia prima exquisita, el cacao que Laline compra en Bélgica, con una imaginación desbordante. En el obrador, casi con el alba, un operario da forma a una bola Tiessler, uno de los muchos hallazgos de este maître chocolatier. Dentro ha guardado un puñado de crujientes bombones elaborados artesanalmente sin costra de azúcar y rellenos con algunos de los licores más preciados del mundo. Tiessler, una renovada versión de la caja de bombones de licor, invita al juego. Para acceder a las dieciocho bolas rellenas que se esconden en su interior hay que romper la esfera y hacer crujir en la boca sus suaves pedazos de chocolate negro, preámbulo exquisito para disfrutar del resto de los aromas y sabores.

El maestro chocolatero dedica gran parte de su tiempo a repensar los sabores. El español adora el praliné, las mezclas con frutos secos y la esencia de naranja, pero Laline comercializa actualmente con éxito un bombón a la sal (Maldón), que se degusta con vino dulce. Sus clientes son sus mejores catadores: de cada diez consumidores que probaron inicialmente este bocado, sólo uno rechazó su explosiva mezcla. El industrial quiere comercializar próximamente un chocolate con pimentón.

La investigación es la columna vertebral de esta empresa. Su especialidad creativa le permite presentar hasta cincuenta y seis modelos diferentes de bombones y 29 sabores. La Fondue es una de las últimas locuras del maestro. Dentro de un bote de aluminio ha encerrado un frasco de cristal, listo para ser introducido en el microondas o cocinado al baño maría ¿Y dentro del tarro? Cuatro deliciosos chocolates fundidos, acompañados de sus deliciosas recetas.

La estrategia de esta sociedad ha sido desde sus comienzos mezclar en el horno vanguardia y tradición, todo ello aderezado con unas gotas de comunicación

y marketing. Para sacar adelante sus proyectos, el empresario cuenta con una plantilla de 68 trabajadores y la colaboración del estudio Ruiz+Company.

Uno de los logros más transgresores de este tándem es The Vase. Un centro de mesa comestible escondido en una caja, cuya contenido es un jarrón de chocolate negro, blanco o con leche, cuatro hojas crujientes de tres chocolates, una bolsa de arena de chocolate para plantar las hojas, guantes de algodón e instrucciones para proceder al montaje y... sorprender a los invitados zampándose un florero.

En noviembre de 2000, Chocolat Factory abrió su primera tienda y desde entonces le han llovido los premios. El último reconocimiento ha sido este Príncipe Felipe a la Excelencia y una producción capaz de sustentar numerosos puntos de venta en Barcelona, Madrid y desde hace escasos días en Palma de Mallorca. Es la primera tienda que Laline abre en régimen de licencia.

El maestro elabora los bombones con técnicas artesanales que realiza personalmente, reinventando las viejas recetas de su país natal. Por el obrador pasan cada día los mejores cacaos del mundo: de Java, Venezuela, Ghana o Santo Thomé.

No quiere perder la esencia de su trabajo, y asegura que eso sólo se consigue controlando la identidad de la marca. A su juicio, este es un negocio de autor. Ningún bombón tiene una producción superior a los 25 kilos.

Chocolat Factory prevé abrir, en esta su primera etapa de expansión, quince tiendas y un segundo obrador en la capital. Después, consolidar el negocio y dar prioridad a los gustos de los clientes. A medio plazo se propone reiniciar su andadura comercial 'con un crecimiento nunca superior a los 20 establecimientos'. El equipo catalán también ha dados sus primeros pasos en el mercado europeo. Actualmente vende en algunas tiendas gourmets de Londres y Holanda.

Galardón para el diseño de producto

La mezcla de innovación, diseño y tradición ha influido decisivamente en este galardón concedido por el ministerio de Industria. El jurado, presidido por Amadeo Petitbó, ha reconocido a esta compañía en la categoría de diseño 'por hacer de la innovación el eje troncal y la herramienta clave para la gestión de su actividad empresarial'.

La fórmula comercial elegido por Chocolat Factory ha permitido a esta empresa, entre otras cosas, transformar un producto tradicional en otro diferenciado y de vanguardia, distanciarse de la enorme competencia que invade el sector y asegurarse un crecimiento sólido y continuo. El premio ha sido concedido también por la importancia que esta factoría otorga a la inversión en I+D y a la investigación de nuevos sabores del chocolate.

El jurado destaca que la expansión prevista por Michel Laline se basa en la creación constante de nuevos proyectos y en la apertura de nuevas tiendas, y resalta que la 'función medular del diseño en cada manifestación de la compañía -producto, envase, comunicación e interiorismo- constituyen todo un ejemplo para la industria española.