Derechos

Continúa la batalla por el nuevo copyright de la era internet

La ley de propiedad intelectual es como un caleidoscopio: depende de quien mire a través de ella verá una cosa u otra completamente diferente. Y esto ocurre con la reforma que se tramita estos días en el Congreso: mientras unos consideran que se queda corta protegiendo a los creadores, otros creen que perjudica al sector tecnológico y algunos opinan que quien pierde con ella son, sin duda, los ciudadanos que leen libros, compran discos y ven películas.

La reforma reconfigura completamente una ley de propiedad intelectual aprobada en una época analógica (1996) para adaptarla a la era digital. Y en el intento, los legisladores quieren dejar claro que en el mundo de los unos y ceros, los derechos de autores y de usuarios sobre la cultura son diferentes del entorno analógico. El canon (compensación equitativa, según la ley) a nuevos soportes y los sistemas tecnológicos para impedir las copias son dos de los pilares sobre los que se construye la reforma. Y mientras el proyecto cierra algunos frentes abiertos, como el del canon sobre los discos digitales (CD, DVD, Mini-Disc), abre otros nuevos (canon sobre reproductores portátiles, sobre grabadoras, la introducción de sistemas anticopia, etc).

Aunque los fabricantes de discos digitales lo pagan desde el año 2003, esta obligación no figuraba en la ley. La reforma deja claro que estos soportes deben pasar por caja. Y no son los únicos, dispositivos como las grabadoras de CD y DVD, que hasta ahora no estaba claro que debieran pagar canon, estarán gravadas igualmente.

El proyecto especifica claramente que quedan exentos los 'discos duros de ordenador y las líneas ADSL, pero esto puede ser confuso', considera Pedro Farré, director de relaciones corporativas de la SGAE: 'si se quieren exonerar a los PC de sobremesa, aunque no estemos de acuerdo, que lo digan con claridad, pero no vamos a permitir que queden exonerados los dispositivos que actualmente pagan canon como las memorias USB, reproductores al estilo del iPod, etc'. Algunos fabricantes de este tipo de dispositivos ya pagan, dice Farré. Una de las batallas podría desarrollarse en torno a este frente.

Las asociaciones de empresas fabricantes de electrónica siguen peleando por librarse del canon o rebajarlo. Los CD-R que se venden por 37 céntimos pagan 21 céntimos por canon (un 57%), mientras en los DVD la relación es de 60 céntimos de canon en discos que valen unos 80 céntimos. 'El canon es una compensación encubierta por la piratería', critica Francisco Lara, asesor legal de Asimelec, que, como otros expertos consultados, señala la necesidad de que en el ámbito profesional quede fuera del pago de este canon, puesto que los discos no se usan para copias privadas. Pero Farré argumenta: 'la copia privada es un motor de la industria tecnológica'.

Pero si el canon es desde hace tiempo el elemento que centra la batalla por la propiedad intelectual en España, son quizás algunos elementos de fondo los que apuntan a una completa reconfiguración de los derechos de autor en el ámbito digital (artículo 161.5). Las posibilidades que los usuarios tienen de acceder y usar la cultura en el entorno digital (en Internet, en discos digitales, a través de los móviles, etc.) cambian completamente y esta ley apunta la dirección del cambio. La nueva ley 'amplía el campo de los derechos de autor y se restringe el acceso de los ciudadanos a la cultura', dice Carlos Sánchez Almeida, un abogado convertido en estandarte de quienes se oponen al reforzamiento sin límites de la propiedad intelectual.

El proyecto establece que cuando se compren obras en servicios digitales como las tiendas de música o de películas (por Internet, desde el móvil...) los usos posibles dependerán de lo que diga la licencia del servicio. Que uno pueda copiar un libro electrónico de su ordenador de sobremesa al portátil, o pasar una canción del PC al iPod dependerá de que la licencia del servicio lo permita, y será ilegal usar cualquier tipo de programa para saltarse la restricción. Cómo se pueden usar las obras depende de las licencias, y todo queda en manos de lo que decidan los titulares. 'Ni copia privada ni nada, los límites de los derechos de autor se van a paseo', dice un profesor de Derecho Civil, que prefiere no desvelar su nombre. Este planteamiento, subraya, 'es una barbaridad'.

Lo cierto es que en el paso de lo analógico a lo digital, con las nuevas leyes, los usuarios pierden derechos y opciones para usar las obras (una canción digital, un libro electrónico, una película...) que antes tenían en el mundo físico. En el nuevo ámbito de unos y ceros 'todo queda en manos del mercado', señala un profesor de propiedad intelectual que prefiere dejar su nombre al margen, la nueva regulación española, como otras realizadas para el ámbito digital, simplemente 'traslada el oligopolio del mundo físico a internet, todo queda en manos del mercado'. La batalla por los derechos de autor y el nuevo copyright sigue abierta.

Pagar por los distintos usos digitales

'Un uso es descargarse la canción al ordenador, y otro uso es pasarla al reproductor portátil, por ejemplo', describe Pedro Farré, de la SGAE, por cada uno habrá que pagar. Es el modelo que la ley española consagra para el ámbito digital. 'Los titulares llevan años frotándose las manos porque en internet podrán exprimir hasta el último uso de las obras', dice un profesor de propiedad intelectual que prefiere mantener el anonimato. 'La industria sigue anclada en sus viejos modelos', carga Carlos Sánchez Almeida, 'y los legisladores les hacen los trajes a medida'.

Sistemas para permitir sólo tres copias

La nueva ley de derechos de autor hace encaje de bolillos con el tema de la copia privada, el canon, y los sistemas anticopia. El canon se paga por la posibilidad de hacer copias, pero si hay sistemas que no lo permiten no tiene sentido pagar, argumentan muchos. Para contentar a todos y no satisfacer a ninguno (a juzgar por diversos testimonios), el nuevo proyecto tira por la calle de en medio. Establece que es ilegal romper los sistemas anticopia y al mismo tiempo obliga a que las obras con estas protecciones permitan que se haga al menos tres copias.

La solución no satisface a Asimelec, la asociación de fabricantes de electrónica, que defiende el uso generalizado de sistemas que no permitan ninguna copia, como un medio para acabar con el canon que grava los soportes digitales. 'Las medidas tecnológicas anticopia se deben implantar en todos los productos, nosotros preferimos que no se pueda copiar nada', dice Francisco Lara, asesor legal de Asimelec, 'y que se licencien cada una de las copias, el que quiera copiar que pague por cada copia que haga'. Farré, de la SGAE, nada y guarda la ropa: 'desde la SGAE estamos muy contentos de que se puedan hacer copias privadas', otras entidades de gestión, en cambio, están en contra, pero que se obligue a permitir tres copias 'en el ámbito cinematográfico es excesivo, se les ha ido la mano', dice.

Nadie parece contento, y sobre todo los usuarios, sin representación, y a expensas de lo que cocinen entre entidades de gestión y fabricantes de tecnología. 'Antes tenías el derecho a hacer infinitas copias privadas para uso personal', dice Sánchez Almeida, 'ahora sólo tres, los derechos que existían en el ámbito analógico ahora se restringen en el digital'.