Pensiones

El 'efecto Vladimiro'

La 'tregua demográfica' de la Guerra Civil a efectos de gasto se quiebra este año con la jubilación de los nacidos en 1940

La Seguridad Social y sus finanzas se han tomado un reparador respiro en los últimos años con la llegada a la jubilación de los españoles nacidos en plena Guerra Civil (1936-1939). Esta especie de tregua demográfica ha venido como agua de mayo a un sistema de pensiones que espera problemas dentro de una decena de años por el envejecimiento creciente. En los últimos cinco años el crecimiento anual del número de pensionistas no ha superado nunca el 1%, tasa que ya quisieran para siempre los actuarios del sistema público de retiro, ya que lo habitual (y así era diez años antes) es que el avance neto de pensionistas fuese de al menos un 2%.

Esta llegada con cuentagotas de personas a los 65 años, esta austeridad involuntaria, es en parte responsable de que la Seguridad Social nade en la abundancia y sustente, con su superávit financiero, las cuentas del Estado.

La tregua demográfica ha sido tan intensa y generosa, que en febrero de este año forzó una caída de pensionistas por vez primera en la historia, y sus efectos permanecerán varios años más, a juzgar por las cohortes de nacidos en los años siguientes al conflicto bélico.

Pero este año la historia ha deparado una sorpresa estadística. Una tregua en la tregua. Un fenómeno sociológico conocido entre los profesionales de la demografía española como el efecto Vladimiro, que tiene su origen en la desgraciada contienda civil, y que proyecta su alargada sombra ahora.

Este año, en el mes de septiembre, ha irrumpido tal número de pensionistas nuevos en la Seguridad Social que ha duplicado los ritmos tradicionales de crecimiento. Han llegado los nacidos en 1940, primer año natural completo de posguerra en el que los índices de natalidad no fueron muy diferentes a los del conflicto. Sin embargo, los registros de población oficiales revelan unos nacimientos en ese año un 50% superior al de 1939: 627.757 frente a 419.848.

¿Qué había ocurrido para que la natalidad diese un salto de nada menos que 207.909 personas, un 50%, en un momento en que la escasez, el hambre y la abultada mortalidad infantil eran lastres diarios en la gran mayoría del territorio?: el efecto Vladimiro.

Este fenómeno, bautizado así por el estadístico Joaquín Leguina (ex presidente de la Comunidad de Madrid), refleja la inscripción masiva de niños procedentes de las zonas republicanas tras finalizar la guerra. El registro poblacional español sólo reconocía entonces como documento oficial válido para la inscripción la fe bautismal, expedida exclusivamente por la Iglesia. Como buena parte de la población que pasó la guerra en la zona republicana no bautizó a sus hijos, carecían del documento imprescindible para acreditar la fecha de nacimiento. Además, los registros civiles habían desaparecido o no eran reconocidos por los vencedores.

Por tanto, en 1940 fueron registrados como nacidos en tal año miles de españoles que contaban ya con uno, dos o hasta tres años. Una parte nada despreciable de estos niños llevaban los nombres de determinados líderes revolucionarios. El más común era Vladimiro, como muestra de la admiración que gran cantidad de familias republicanas sentían por el líder de la revolución bolchevique (Vladimir Illich Ullianov, Lenin), y era también de uso extendido Pasionaria.

En los primeros años del terror de posguerra el nombre en el nuevo registro seguía siendo Vladimiro, pero ahora en honor de un inexistente santo polaco, o simplemente Dolores.

La llegada al retiro de estos españoles inscritos masivamente en 1940 se ha producido este año. Así, en el mes de septiembre el crecimiento neto del número de pensionistas de jubilación ha sido de 56.983 (número de altas menos número de fallecimientos) y la tasa de avance interanual ha llegado al 2,2%, cuando un año antes era del 0,4% y en agosto, sin ir más lejos, sólo del 0,9%. El efecto Vladimiro.

Ocho millones de pensionistas

El día 1 de septiembre había en España 8.036.376 pensionistas, según el registro del Instituto Nacional de la Seguridad Social, y se superaba por vez primera en la historia la barrera de los ocho millones de personas en la nómina de la Seguridad Social. Pese a que en los últimos años el avance no ha sido muy acelerado en el número de perceptores de prestaciones de retiro, viudedad u orfandad, en los diez últimos años se ha incrementado en un millón de personas.

Sin embargo, en el mes de febrero de este ejercicio se produjo un hecho también histórico: el primer descenso neto de pensionistas, ya que la abultada mortandad en ese mes acumuló mayor número de bajas que de altas.