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Cuatro españolas aspiran al Nobel de la Paz

1.000 nombres de mujer integrarán este año una de las tres candidaturas

La paz se ha interpretado en el pasado como una forma de statuo quo. Yo intento enseñar que los conflictos forman parte de la vida y que las crisis sirven para mejorar las cosas'. Mireia Uranga es asesora en educación para la paz en el centro Gernika Gogoratuz, un centro de investigación para la reconciliación en recuerdo de los bombardeos de Gernika. Ella es una de las cuatro españolas seleccionadas a raíz de una 'idea loca' de Ruth-Gaby Vermont-Mangold, miembro del Consejo de Europa: llevar al comité del Premio Nobel la candidatura de 1.000 mujeres para el Nobel de la Paz de este año, que coincide con el centenario de la primera mujer que recibió el galardón, la escritora austríaca Bertha von Suttner.

Tras dos años de largas búsquedas por parte de organizaciones de todo signo, 1.000 mujeres de 150 países son ya candidatas oficiales. Un número simbólico que quiere 'rendir homenaje a mujeres de todo el mundo comprometidas por la paz en su vida diaria', explica la organización promotora del proyecto. Vidas que se olvidan de ellas mismas y se vuelcan en una convicción. Como la de Montserrat Sampere, que desde hace cinco años trabaja en un proyecto de mujeres en la Asociación San Fermín, un colectivo que se creó en los años noventa para sacar del marasmo social al barrio de San Fermín, en el sur de Madrid. Un lugar sumido en la drogadicción, el fracaso escolar, los malos tratos, la delincuencia y con problemas de integración de la población inmigrante, 'que ha aumentado de forma brutal en los últimos tres años'. Su deseo, que 'la igualdad estuviera tan interiorizada que no tuviéramos que existir'.

La misma herramienta que defiende Mayte Pagazaurtundúa, a quien ETA mató un hermano hace dos años, y que desde hace apenas dos semanas es presidenta de la Fundación Víctimas del Terrorismo. Cuando se le pregunta cómo se resiste a la violencia, ella deja caer la sentencia, como si fuera evidente: 'con sentido común'. 'Cuando uno se respeta a sí mismo y a los demás, en seguida se detectan las anomalías', explica. En este caso, la del 'fanatismo de la identidad', para el que dice tener dos antídotos, 'el sentido del humor y el sentido creativo'. Y si fallaran, entonces hay que agarrarse a la 'paciencia histórica', en recuerdo de quienes sufrieron para promover avances.

El homenaje a estas mujeres no se reduce a la obtención del Premio Nobel, cuyo galardonado se conocerá en el mes de octubre. De ahí que, con o sin premio, sus biografías se recogerán en un libro. También está prevista una exposición itinerante para dar a conocer su trabajo.

Las cuatro candidatas

¦bull; Mireia Uranga. Asesora en educación para la paz en el centro Gernika Gogoratuz, un centro de investigación en recuerdo de los bombardeos.

¦bull; Montserrat Sampere. Trabaja en un proyecto de mujeres en la Asociación San Fermín, un colectivo creado en los 90 para recuperar el barrio madrileño.

¦bull; Mercedes García Miembro de la Federación de Mujeres Progresistas de El Ejido cuando en 2000 se produjo un brote de violencia contra inmigrantes.

¦bull; Mayte Pagazaurtundúa. Nombrada presidenta de la Fundación Víctimas del Terrorismo, dos años después de que ETA asesinase a su hermano.

El Ejido, cinco años después

'El pensamiento único sigue ocupándolo todo en El Ejido'. Es la indignada sentencia de Mercedes García, miembro de la Federación de Mujeres Progresistas de El Ejido cuando en el año 2000 se produjo en la localidad la 'caza al inmigrante'.

Tres días en los que un pueblo entero se levantó, ante la pasividad de los poderes públicos, contra la población inmigrante. El miedo que entonces lo invadió todo también pudo con ella. Las represalias también fueron contra quienes entonces ayudaban a los trabajadores inmigrantes, casi todos empleados en el 'mar de plástico' que son los cultivos de invernadero, a defender su integración. Tras lo ocurrido pasó un mes en el campo, escondida de las amenazas vertidas sobre ella y su familia. Aguantó hasta el año pasado, cuando decidió 'trabajar a distancia'. Ella y sus compañeras levantaron otra asociación, la primera quedó destrozada, y ahora va y viene a El Ejido para seguir luchando, 'porque nadie nos va a callar'. De forma que sigue denunciando la 'esclavitud' en la que vive la mayoría de inmigrantes y la cultura 'del miedo al inmigrante' que se fomenta desde el poder 'y que tan buenos resultados electorales da'. 'El silencio cómplice' que todavía reina en El Ejido, donde 'nadie ha tenido que rendir cuentas', es lo que más le preocupa.

'La gente sigue teniendo miedo a perder el puesto de trabajo, como me pasó a mí'. Con el recuerdo de aquel año también vuelve el fantasma de 'la ideología del bolsillo' que dice sigue reinando entre los políticos de El Ejido.

Pese a que la situación ha evolucionado 'muy poco' en cinco años, 'no podemos permanecer pasivos, los logros que se han conseguido a lo largo de la historia no pueden retroceder'.

Como el resto de sus compañeras de candidatura al Premio Nobel, cree que la educación es la clave para 'crear espacios de convivencia' y combatir el racismo.