Elecciones en Galicia

Anclada en el furgón de cola

Los gallegos encaran unos comicios decisivos, con una economía que crece por debajo de la media y una dependencia excesiva del sector servicios

Hay dos formas de examinar los indicadores de la economía gallega. Una es aislándolos de los del resto de España y de Europa, opción elegida por el Partido Popular, y otra es sometiéndolos a una comparación que cuestiona la eficacia del largo mandato presidido por Manuel Fraga. Un informe elaborado el año pasado por el Instituto de Crédito Oficial cuando todavía gobernaba José María Aznar, sirve para encontrar un cauce de objetividad más apacible, alejado del ruido electoral. Esta es la foto que dibuja de la economía gallega: intenso descenso demográfico debido al crecimiento vegetativo negativo de la población, sobre todo a partir de 1996. Crecimiento económico por debajo de la media española, sobre todo en el periodo comprendido entre 1995 y 2000. Estructura productiva con una elevada dependencia del sector primario, peso creciente de la construcción y ratios de endeudamiento en relación al PIB superiores a la media del resto de las comunidades.

Para compensar esta foto en blanco y negro, el PP está echando mano en campaña de aquellos indicadores a los que la Xunta puede sacar lustre. Es cierto que el año pasado Galicia creció un 3%, tres décimas más que la media española gracias, entre otros motivos, al tirón turístico del Xacobeo y a que el PIB aumentó, incluso, en los sectores agrícola y pesquero, hasta alcanzar tasas del 2,3%. Hay que tener en cuenta que en 2004 se empezaron a superar los efectos de la catástrofe del Prestige, registrada en noviembre de 2002, cuyas pérdidas para la economía gallega se calculan en más de 1.500 millones de euros.

El mejor comportamiento del PIB se reflejó el año pasado en la construcción, con un crecimiento del 3,6%, seguido de los servicios (3,3%), la agricultura y la pesca (2,3%) y la industria (1,5%). Este sector cayó un 1,2% respecto a 2003.

Para este año, la Xunta ha previsto un crecimiento del PIB de dos décimas por encima de la media española y un crecimiento del empleo del 2%. En 2004, se crearon en Galicia 25.300 nuevos empleos en los sectores no agrarios. En opinión de los gestores del PP, no es descabellado que se puedan crear 120.000 empleos en cuatro años, siempre que se mantenga la evolución del mercado de trabajo del último cuatrienio.

Continuidad como objetivo 1

Al revelar la foto en color de la economía gallega que ofrece el Gobierno de Manuel Fraga, los partidos de oposición, principalmente el PSG-PSOE y el Bloque Nacionalista, han dirigido la mirada a aquellos aspectos de la vida cotidiana en los que se demuestra que Galicia está anclada todavía en el furgón de cola. No en vano, sigue siendo a efectos comunitarios región objetivo 1.

Es verdad que se ha creado empleo, admiten, pero Galicia figura entre las comunidades con mayor tasa de paro, el 12,5% frente al 10,3 del Estado. Además, los sindicatos denuncian que sólo la mitad de los desempleados gallegos tiene acceso a prestaciones.

En el sector pesquero, se perdieron 2.300 empleos en los últimos cuatro años y la flota se redujo el 28%. Además, sólo se realizó la concentración parcelaria de una cuarta parte de las hectáreas previstas. Los agricultores y los ganaderos han perdido, según los sindicatos, el 11% de su renta en esta legislatura. Como consecuencia de la falta de perspectivas, en los últimos cuatro años han emigrado a otras regiones alrededor de 70.000 jóvenes menores de 35 años.

Descenso del gasto social

Los socialistas ponen también el acento en la disminución del gasto social: Galicia es la segunda comunidad con mayores listas de espera sanitarias, en ella sólo el 22% de los ancianos dispone de atención domiciliaria y el 80% de los menores de tres años carece de plaza de guardería pública.

El rosario de insuficiencias alcanza también a las inversiones en investigación y desarrollo. Esta comunidad gasta un 20% menos que la media española y ocupa el último lugar en el número de hogares con acceso a internet.

El Plan Galicia se convierte en uno de los ejes de la campaña

El Plan Galicia se ha convertido en un arma electoral que los principales partidos manejan a su antojo en la campaña. Su asignación presupuestaria, comprometida tras la catástrofe del Prestige, asciende a 12.459 millones de euros, destinados a la recuperación medioambiental, la promoción de imagen de la comunidad, los estímulos a la actividad económica, las nuevas líneas del AVE y las autovías.

El PSOE aceptó las grandes líneas del plan cuando llegó al Gobierno central tras las elecciones de marzo del año pasado, pero la Xunta le acusa de incumplirlo y ha abierto un debate estéril sobre cifras y plazos. De momento, sólo está en marcha la parte del plan que afecta a las infraestructuras del transporte y a los programas forestal e hidrológico, que abarcan hasta 2008.

El PP ha pedido el respaldo de la patronal gallega para paliar el supuesto ninguneo del plan por parte del Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero. El consejero de Economía de la Xunta, José Antonio Orza, aprovechó el pasado 3 de junio una reunión en Santiago con los representantes de los empresarios para demandar su ayuda.

Manuel Fraga sostiene que sólo se han ejecutado 784 de los 10.693 millones presupuestados para Fomento. La Xunta mantiene que Galicia sólo ha recibido el 0,3% de la licitación de este Ministerio en el primer trimestre del año.

El 76% está descontento con el clima económico

La opinión de los gallegos sobre la situación económica de la comunidad aparece muy fragmentada en las encuestas. Según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), sólo el 22% del electorado tiene una buena impresión de la coyuntura, frente al 26% que la considera mala o muy mala y el 50% que la califica de regular. La mayoría de los encuestados, más del 27%, opina que la situación ha ido a peor desde hace cuatro años, mientras que el 20% estima lo contrario.

Manuel Fraga aspira a revalidar por quinta vez consecutiva la mayoría absoluta con estos mimbres, consciente de que si no la consigue no logrará alcanzar de nuevo la Presidencia de la Xunta porque el PSG-PSOE se aliaría con el Bloque Nacionalista Gallego.

A los comicios autonómicos del próximo domingo están convocados 2.616.956 electores, de los cuales 305.218 residen en el extranjero, principalmente en Buenos Aires, Uruguay y Suiza. Estos tres países han sido visitados en las últimas semanas por los principales candidatos, pues el voto emigrante, tradicionalmente favorable para el Partido Popular, se antoja decisivo en unas elecciones cuyo resultado se presume va ser bastante ajustado.