Ramón Monegal

'España es el país con mayor cultura de perfume'

Las ciudades son cada vez menos verdes, por eso quiere llevar la naturaleza al hogar. Hijo y nieto de perfumistas, Ramón Monegal entiende el perfume como poesía, 'un fragmento de música que empieza, se desarrolla y termina'.

Pregunta Sus aromas para el hogar se acercan más a un perfume que a un ambientador.

Respuesta Son dos cosas distintas. El ambientador como se entendía hasta ahora era un producto que olía mucho y siempre igual para tapar olores. Yo he aportado la técnica de la perfumería, en la que el olor es como una poesía, como un fragmento de música que empieza, se desarrolla y acaba.

'La demanda de otros países se parece cada vez más a la nuestra'

P A pesar de lo sofisticado, sus aromas surgen de cosas sencillas.

R La fuente de inspiración es la naturaleza, que es donde se encuentran todos los olores. Y dado que vivimos en ciudades cada vez menos humanas, menos verdes, intentas aportar una parte de la naturaleza al hogar.

P ¿A qué debe oler cada parte de la casa?

R Son propuestas abiertas. Por ejemplo, los aromas para la cocina no son para tapar los olores. Cada vez hay más cocinas inactivas dado que la vida se hace fuera de casa y, de vez en cuando, en estos espacios donde sólo funciona el microondas nos puede apetecer que huela a un pastel recién hecho, con aromas de vainilla o chocolate.

P ¿Es su primera experiencia en este campo?

R Sí, pero cada vez soy más partidario de buscarme una excusa para crear un poema que pueda desarrollar. A veces cuando trabajas con diseñadores y me piden que convierta su nombre en un perfume no sé que hacer.

P Ahora la mayoría de perfumes están vinculados a diseñadores.

R El problema es que se vinculan al nombre. Antes los diseñadores desarrollaban conceptos que podías convertir en olor. Lo difícil es transformar un nombre en un aroma, porque trabajas sobre un papel en blanco.

P Pierre Cardin dijo que el perfume es un primer traje que te pones antes de la ropa.

R Es como una segunda piel. Es un juego de comunicación en el que las personas encuentran un sistema de expresión de su cuerpo.

P La oferta actual de perfumes es amplísima.

R España es el país con mayor cultura perfumística del mundo. Primero por la herencia de los árabes, que eran grandes amantes del olor, gente muy limpia que siempre estaba rodeada de aromas. Después, porque es el único país del mundo en el que perfumamos a un bebé desde que nace, lo que nos hace tener la mejor y más amplia memoria olfativa. Y, finalmente, el pasado régimen hizo que los fabricantes creásemos el tamaño familiar, el granel, que popularizó lo que en otros países era un lujo. Hemos vivido dos generaciones o más en contacto con el olor y eso nos convierte en el país que mejor sabe lo que quiere.

P ¿Y qué queremos?

R Mucha limpieza. Que el olor huela a limpio es fundamental. Por tanto, tiene que ser fresco y hay una parte ligada a cítricos, o de aires, o acuosos. Y que dure. Eso es lo difícil, porque las notas de fondo, las últimas que se quedan en la piel, no son frescas.

P ¿En otros países son muy distintos?

R Los nórdicos no tenían nuestra cultura de la higiene. Eso les llevaba a perfumes más concentrados, más empalagosos, dulces, densos, envolventes, que realmente eran para tapar el olor de la piel. Pero la demanda del mundo se parece cada vez más a la nuestra: perfumes más fáciles de llevar, más frescos.