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Antonio García Marcos

'La Administración prefiere tecnología extranjera'

Teldat es un ave rara en el desierto tecnológico. Donde otras españolas cayeron en cascada, la empresa de este tenaz ingeniero ostenta una cuota del 55% en la transmisión de datos, voz e imagen de las exigentes entidades financieras.

García Marcos fundó Teldat en 1985. Tras 20 años de actividad, en 2004 facturó 35 millones, un 15% más, vendiendo routers de última generación en Europa, Asia y Latinoamérica. La empresa dedica a I+D el 20% de la facturación y ha impulsado con éxito tres nuevas filiales: Fibernet, para comunicaciones por fibra óptica; Prodys, de equipos de difusión multimedia, y Telsec, de sistemas de seguridad y vídeo digital sobre redes IP.

¿Cómo interpreta los 20 años de Teldat?

Pues eso, lo del tango: 'Que 20 años no es nada'. Nos queda todo por delante y vamos a hacernos grandes.

¿Cuántas aventuras como la suya ha visto morir?

Más de 30. ¡Ha sido una pena! No sobrevivimos ni el 5%. En algunos casos sus promotores no estuvieron a la altura del reto. Yo digo que se compraron demasiado pronto el BMW. A la mayoría le llegó el fin porque nadie les dio un poco de oxígeno. En un bancal donde no llueve y con nutrientes escasos, sembrar empresas es de locos.

¿Cuál es su receta?

Seguimos una reglilla que, si bien no deja crecer rápido, permite pisar en firme. Se trata de estar convencido de que con tus fuerzas eres capaz de proponer al mercado soluciones innovadoras tanto o más que cualquier otra empresa del mundo. La receta es mucho trabajo, mucho entusiasmo, mucha audacia y un poquito de imaginación.

¿Existe el concepto de tecnología nacional?

No. En ningún sector y menos en el nuestro. La tecnología no es algo misterioso. La mayoría de los que estamos en este rollo sabemos lo que podemos esperar de ella. Cualquier desarrollo se puede generar aquí, de la misma manera que en el Congo. Y además, si no piensas en mandar un cohete a la Luna, no se precisan inversiones imposibles. En este país somos capaces de hacer cosas importantes en tecnología, y no sólo conectar equipos que otros hacen y no únicamente programar cuatro tonterías para que funcionen máquinas que siempre nos llegan de fuera. Hemos de tener el rigor y la osadía de programar esas cuatro tonterías pero para hacer que funcionen las máquinas y los sistemas que nosotros desarrollamos, para que funcionen nuestros propios equipos.

Teldat ha ganado su cuota de mercado derrotando a Cisco; ¿da una satisfacción especial?

La satisfacción no está en ganar a nadie, sino en que reconozcan el valor de lo que haces. El gusto está en saber que tienes elementos para convencer al cliente de que el conjunto de tu solución tecnológica, servicio y precio es mejor que el del resto.

Si los desarrollos españoles son competitivos, ¿por qué en la propia España se compran menos que los de fuera?

En nuestro caso eso es sólo verdad en parte. En los entornos más exigentes para los que tenemos producto, que son los de las grandes empresas privadas, mantenemos más del 50% del mercado. Curiosamente en las compras de la administración pública la cuota es mucho menor.

¿Cómo se explica?

Cuando la Administración saca un concurso siempre lo plantea para un servicio global. El tamaño de las empresas tecnológicas españolas no permite aspirar en solitario al todo, por lo que hay que acudir en consorcio. En ese contexto nadie valora las ventajas que puedes aportar y mucho menos si la adjudicación de ese contrato a una empresa nacional genera valor para mantener el tejido industrial. La Administración española, además es un poco advenediza; piensan que es más cómodo comprar Cisco o IBM, porque 'seguro que así no me equivoco'.

¿Sería de recibo que, en este sector, ocurriera como en el AVE, donde se han comprado trenes porque son de tecnología española y a las ofertas extranjeras se les obliga a fabricar en España?

La palabra obligar no me gusta. Existe la posibilidad de que se haga una reflexión colectiva y se llegue a la conclusión de que, a igualdad de producto, cuanto más valor añadido se quede en nuestro entorno, mejor para nuestros hijos, para la sociedad y para nuestra economía.

¿Y eso cómo se logra?

Habrá que mirar lo que hacen otros. En Francia y en Alemania sí hay compromisos sólidos a medio y largo plazo con sus emprendedores y con su industria. Nadie puede embarcarse durante dos años en una aventura tecnológica cuyo desarrollo se lleva el 20% de lo que facturas si no te garantizan que, asegurada una calidad y un precio, vas a poder vender una parte de la producción. Yo aspiro a ser más grande y global, pero amigo, es imposible ganar la Liga si ni siquiera puedes aspirar a ganar los partidos de casa. ¡Es imposible!

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