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Una familia judía reclama a España un Pissarro

Camille Pissarro realizó en 1895 una serie de vistas de calles de París, una de ellas la de Saint-Honoré, tomada en 1897 desde una ventana del Grand Hotel del Louvre (hoy Hotel Louvre Concorde). Al pintor le gustaba captar la vitalidad de la urbe, con sus edificios y sus gentes, destacando las tonalidades grises y los reflejos sobre los pavimentos mojados por la lluvia.

Rue Saint-Honoré, après-midi. Effet de pluie (La calle Saint-Honoré después del mediodía. Efecto de lluvia), uno de los tres Pissarros que el Museo Thyssen-Bornemisza exhibe en el madrileño Palacio de Villahermosa, es reclamado desde 2001 por la familia Cassirer, congresistas estadounidenses, líderes de la comunidad judía de ese país. Desde entonces, el Gobierno español ha ido denegando las solicitudes de devolución de la obra. Ahora, Claude Cassirer, un fotógrafo retirado de 84 años, ciudadano estadounidense desde 1947, residente en San Diego, ha presentado una demanda contra el Reino de España y la Fundación Colección Thyssen-Bornemisza para recuperar este cuadro impresionista que los nazis expoliaron a su abuela.

En un comunicado emitido el pasado martes, después de presentar la demanda en un tribunal de Los Ángeles (California), Cassirer declara que el cuadro perteneció a su familia durante cuarenta años antes de que los nazis lo robaran.

La obra de Pissarro fue comprada por Julius, el bisabuelo de Claude Cassirer, poco después de haber sido pintada. En 1927, fue heredada por la abuela, Lilly, quien conservó el cuadro en su casa de Berlín hasta que en 1939 lo entregó a un perito oficial designado por los nazis a cambio de obtener visados que les permitieran a ella y a su marido huir a Inglaterra. El perito pagó una cantidad simbólica que ingresó en una cuenta bancaria congelada de la que Lilly no podía retirar fondos.

Tras la guerra, Lilly Cassirer reclamó judicialmente la obra y en 1958 el Gobierno federal alemán la reconoció como su propietaria legal, y le entregó 120.000 marcos como compensación, según declaró a Efe el abogado del demandante, Victor A. Kovner.

A partir de ahí, Claude Cassirer asegura perder el rastro al cuadro, hasta que lo localiza en el año 2000 en la colección Thyssen-Bornemisza.

La obra había sido adquirida por el barón Hans Heinrich en la galería neoyorquina Joseph Hahn en 1976 y en 1993 el Estado español compró la colección Thyssen-Bornemisza por 42.000 millones de pesetas (252 millones de euros).

Cassirer es bastante duro con el Gobierno español, asegurando que con su negativa a devolver el cuadro está permitiendo que el legado nazi tenga continuidad, en lugar de repudiarlo. Su abogado, además, considera una ironía que el próximo 8 de junio España sea la anfitriona en Córdoba de una conferencia internacional sobre antisemitismo y otras formas de intolerancia.

En el caso de que el Gobierno español no le devuelva la obra, Cassirer pide una cantidad por daños equivalente al valor de la pintura. Reclama, además, otras compensaciones por el enriquecimiento resultante por el uso de la pintura desde el tiempo que viene reclamando el cuadro.

Los efectos del pillaje artístico en la Segunda Guerra Mundial

El Museo Reina Sofía de Madrid cuenta desde el año 1995 con una pieza procedente del expolio nazi: La familia en metamorfosis, de André Masson, propiedad de los descendientes de Pierre David-Weill, que llegaron a un acuerdo con el centro de arte, según revela Héctor Feliciano en su libro El museo desaparecido.

Este escritor y periodista portorriqueño se centró en el expolio de las colecciones de los Rothschild, Berheim-Jeune, Schloss, Rosenberg y David-Weill. Durante la investigación, Héctor Feliciano descubrió que el pillaje artístico de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial alcanzó a más de 100.000 obras de arte.