Lealtad, 1

Un máster en Greenspan

Si usted cree que ha entendido lo que yo he querido decir, entonces es que me he explicado mal'. El lenguaje ambiguo y alambicado es común a las instituciones financieras influyentes, como la Reserva Federal. Pero, como demuestra la frase anterior, Greenspan ha perfeccionado su técnica, y parece disfrutar con las paradojas encerradas en sus comentarios como un personaje de Tolkien.

Esto sólo es posible cuando el interlocutor, en este caso la comunidad financiera, entra gustoso al juego; cuando escucha con total atención las palabras del misterioso oráculo, pasa horas desgranando desde la estructura de los comunicados hasta los adverbios utilizados y, para terminar, compara unas frases con otras para advertir cambios en el tono. Si esta claque observase a Greenspan con la misma distancia con la que se escucha Trichet, el presidente de la Reserva Federal optaría, seguramente, por una actitud más ortodoxa. Pero no es el caso. Probablemente el hecho de que ningún instituto de finanzas imparta un máster sobre Greenspan sólo se deba a la pronta jubilación de éste. Por ello no rechina tanto como debería el que el mercado se ponga nervioso si la Reserva Federal omite en su comunicado las siete palabras con las que, en ocasiones anteriores, ha señalado que las perspectivas de inflación a largo plazo están contenidas.

Centenares de analistas, banqueros y académicos, bien formados y mejor pagados, dedican su tiempo a estudiar el gran volumen de información económica generado mensualmente. Pero esta acumulación de conocimiento cuenta, al parecer, menos que siete palabras. Tal es la confianza del mercado en Greenspan que se mueve más ante cualquier cambio en su rictus que ante el mejor informe de estrategia.

Algo no funciona. La Fed no es ni puede ser un observador omnisciente. La obsesión con Greenspan no es sólo incoherente con la filosofía del libre mercado. Es peligrosa, pues encierra la idea de que hay un salvador por encima de nosotros que ya se ocupará de arreglar entuertos. Y no existe tal mesías. nrodrigo@cincodias.es