El porqué de la resistencia a vender
Un gestor de fondos explicaba hace unos días el porqué de la resistencia del mercado ante las recientes malas noticias: '¿Para qué vas a vender? No sabemos qué hacer con el dinero, no encontramos alternativas interesantes de inversión, así que cuesta mucho. Aunque el mercado tenga mala pinta, es mejor mantenerse en Telefónica u otro valor con alto dividendo que vender y quedarse con caja, arriesgándote también a que te pille a contrapié una subida'. La Bolsa, pues, no baja porque el gestor no sabe qué hacer con el dinero después de vender.
Bendito dilema, diría alguno, el de no saber qué hacer con las monedas. Pero se trata de un dilema recurrente en los mercados durante los últimos años, y exacerbado ahora. Como muestra basta ver la evolución de los bonos europeos, cuyos tipos de interés cotizan en mínimos históricos, en un momento en que la situación económica no es tan negativa como hace tres años y en el que el precio del petróleo -factor inflacionista por excelencia- supera los 50 dólares el barril.
La renta variable, en esta situación, tiene las de ganar. A no ser que pendan sobre el mercado amenazas de gran calibre, el inversor siempre tenderá a comprar Bolsa si el resto de opciones no le convencen. Máxime cuando en la renta variable puede encontrar un buen número de compañías que pagan dividendos más altos que los de la deuda de referencia.
Teniendo en cuenta que la corrección registrada por la Bolsa tuvo siempre aspecto de cortoplacista, es lógico que el inversor se lo pensase dos veces antes de salir del mercado. Vender y esperar a que la situación se aclare antes de recomprar puede llevar mucho tiempo y obligar a tener el dinero quieto. De modo que el inversor se queda en la Bolsa y aprovecha la alta retribución al accionista. Si las cosas vienen realmente mal dadas, queda tiempo de vender un 5% más barato. Y si la Bolsa, como ha ocurrido en este arranque de mayo, remonta, miel sobre hojuelas.