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Caer en el síndrome del parado

Perder el trabajo no daña sólo el bolsillo. Los médicos recuerdan que también afecta a la salud

Era tal la depresión y la ansiedad que tenía, que en la primera entrevista de trabajo que conseguí después de meses de búsqueda se me saltaron las lágrimas nada más empezar'. Clara, ahora flamante directora de comunicación de una empresa de servicios, está convencida de que hace dos años padeció lo que algunos especialistas en medicina laboral denominan el síndrome del desempleado.

Con exactitud de manual, Clara detalla las tres fases que, según esos mismos expertos, viven las personas que se quedan sin trabajo. 'Al principio me dije a mi misma que todo iba bien, que iba a descansar, ordenar mi vida y empezar a buscar con calma. Estaba tranquila, incluso animada', explica.

Es lo que los psicólogos denominan la fase de optimismo, el momento de las iniciativas y de los planes: viajar, estudiar un idioma, volver al gimnasio, descansar, incluso pintar la casa. No dura mucho. 'Pronto empiezas a darte cuenta de que encontrar un empleo no es fácil. Acudes a todos tus contactos, envías el currículo a todas las empresas, te pasas el día buscando oportunidades y los días son muy largos. No quieres gastar tus ahorros, así que no sales apenas. Es un círculo del que es difícil escapar'. Es la segunda etapa, denominada obsesiva, y en la que el desempleado se topa de bruces con la realidad. Es el momento en el que se empiezan a experimentar ansiedad, insomnio, depresión.

A ello sigue un estado de apatía o acomodamiento -la tercera fase- de los que en ocasiones es muy difícil salir. 'Es la clásica imagen de la persona sin trabajo que se pasa el día delante de la televisión o jugando a las cartas con los amigos, que se aísla de su familia y que incluso puede acabar teniendo problemas con el alcohol. Es gente que ha tirado la toalla, que se siente incapaz de superar esa sensación de fracaso', apunta el responsable de salud laboral de una empresa mediana.

Pese a que expertos de todo el mundo coinciden en relacionar la falta de trabajo con el aumento de trastornos psicológicos y de otras enfermedades (hipertensión, asma, accidentes cardiovasculares), la virulencia del síndrome del desempleado tiene mucho que ver con la percepción que la sociedad tenga del paro y la situación económica del propio país. 'La patología relacionada con el paro ya no se contempla hoy en día en España como hace unos años, el dramatismo de estas situaciones ha cambiado mucho y también la percepción social que se tiene de ellas, aunque obviamente para la persona desempleada sigue siendo una situación difícil', señala el psiquiatra Juan José Díaz Franco, presidente de la Comisión Nacional de Medicina del Trabajo.

¿Recetas para afrontarlo? Díaz Franco es muy rotundo en su respuesta. 'Es imposible dar unos consejos generales porque en el desempleo concurren circunstancias muy heterogéneas. No es lo mismo un prejubilado, que un joven que no encuentra su primer trabajo o que un parado de 45 años' dice. En general, señala Díaz Franco, el desempleado del sector secundario o terciario, residente en medios urbanos, vive estas situaciones de forma más difícil que el del sector primario, donde el ambiente 'es más amable y más cercano que en la ciudad'.

Para los consultores de recursos humanos la clave está en no perder los nervios y aceptar la situación con realismo. Algunos especialistas, como Nicholas Buisson, presidente de Michael Page España y Portugal, recomiendan acudir a empresas de recolocación donde se puede disponer de un despacho con todo tipo de servicios, un consultor para facilitar la búsqueda de empleo y la posibilidad de tomar contacto con otros ejecutivos en la misma situación. Eso sí, no es un servicio gratuito.

Cuando la desigualdad se convierte en ventaja

Aunque para cualquier persona perder su trabajo es una tragedia, no todo el mundo está igual de preparado para afrontar esa prueba. Los estudios realizados sobre la actitud de hombres y mujeres ante el desempleo ponen en evidencia que las segundas están mejor dotadas para sobrevivir a estas situaciones que los primeros. La razón, señalan los especialistas, es muy sencilla: la mayoría de las mujeres tiene doble jornada (en el trabajo y en casa), así que cuando pierden su empleo no permanecen inactivas. 'æpermil;sta es una sociedad que sigue siendo muy machista y en la que las mujeres realizan jornadas dobles, la mayor parte de las veces sin ayuda o con una mínima colaboración por parte de su parejas. Es injusto, es oneroso, pero en situaciones como la del desempleo es algo que puede venir bien', explica el psiquiatra Juan José Díaz Franco, presidente de la Comisión Nacional de Medicina del Trabajo.

Así, mientras la inactividad lleva a muchos hombres -especialmente a los que jamás han compartido las tareas del hogar- al borde de la depresión, el tener que ocuparse de esas mismas obligaciones protege a las mujeres de estos trastornos psicológicos y les permite afrontar en mejores condiciones la búsqueda de empleo. Los psicólogos explican que es un proceso similar al que se produce en la jubilación. 'Muchas mujeres explican que cuando se jubilan se encuentran a si mismas', señala Díaz Franco, en alusión a que disponen de más tiempo libre para dedicarse a sus aficiones, pero continúan ocupándose de una serie de tareas de las que jamás se jubilan.