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El negocio de la lidia no quiere riesgos

En los toros hay poco espacio para la improvisación. Dentro del ruedo se permite la inspiración de cada torero, pero en la organización del espectáculo todo está atado. Detrás de cada feria y festejo hay un entramado de seguros mediante los cuales el empresario pretende protegerse de las posibles eventualidades adversas. La lluvia y el viento son, tradicionalmente, los grandes enemigos de los organizadores de espectáculos taurinos, aunque los seguros se extienden también a los toros, ese material vivo y sensible.

En 2004, los gestores taurinos facturaron en primas, sólo con la empresa Roages, a la cabeza de su sector, algo más de un millón de euros en el millar de espectáculos que fueron asegurados y que supone el 70% del total de los festejos mayores celebrados en España. La facturación de esta empresa cubre cerca del 99% de la parcela de suspensiones taurinas. Mapfre y Allianz son las aseguradoras líderes en el conjunto del mercado taurino.

La cuantía de la prima varía notablemente según el cálculo del riesgo debido al tipo de espectáculo asegurado y también en función del mes en que se celebre. No es lo mismo asegurar una corrida que una novillada sin picadores, y tampoco es igual si se celebra en Madrid o en un pueblo. Los tres primeros meses del año son los más caros, debido a que en esa época de la temporada hay un riesgo mucho mayor de suspensión por lluvia. En el otro extremo, en el verano se produce un descenso de las primas, como respuesta a la mayor estabilidad climática.

Los espectáculos del primer trimestre se encarecen por temor al mal tiempo

Gerardo Roa, un antiguo novillero pionero en el mundo de los seguros taurinos, dirige Roages desde 1986. 'Cada prima, que puede hacerse por un solo festejo o por una feria de una semana -asegura Roa-, cubre los gastos ocasionados por la publicidad, el transporte de los toros y la apertura de la plaza, así como los de los toreros y los sueldos de taquilleros, porteros y médicos, entre otros trabajadores. Nosotros nos regimos exclusivamente por el reglamento taurino, y en caso de suspensión nos guiamos por el acta de la autoridad competente'.

La autoridad, generalmente Guardia Civil o comisarios de policía, debe firmar y supervisar los partes de suspensión, lo que impide la picaresca. Tras la cancelación del festejo, al empresario se le abona íntegra la cantidad asegurada, que viene a equipararse con los gastos, previamente establecidos y que son idénticos para todos, siempre en función del tipo de festejo, la categoría de la plaza o la época del año.

'Los seguros se hacen a primer riesgo o valor pactado -añade Roa-, lo que significa que al empresario se le abona la cantidad pactada, sin necesidad de comprobar las facturas que han originado los gastos, ya que las compañías, Mapfre y Allianz, fundamentalmente, han aportado los capitales que entienden que conlleva la organización de cada espectáculo'.

En los seguros no está incluido el gasto en toros, pues las compañías entienden que, en caso de no celebrar un festejo por la lluvia, pueden ser lidiados en otra corrida, sin que eso suponga más gasto para el empresario. Sin embargo, el traslado de los toros sí tiene unos seguros individuales, que suponen una facturación en Roages de unos 240.000 euros, y que abarcan desde el momento en que salen de la finca hasta que aparecen en el ruedo.

La rotura de pitones u otros factores que les hagan inservibles para la lidia, bien en el traslado o durante su manejo en los corrales, están cubiertos por un seguro especial. Un toro de una ganadería de prestigio suele asegurarse en 12.000 euros, y la prima es de unos 240 euros por cada 6.000 asegurados.

Cantidades que parecen insignificantes si se comparan con los seguros en los grandes conciertos musicales, a los que también se dedica la empresa Roages. En los dos conciertos que los Rolling Stones dieron en España hace dos años, se aseguró por valor de tres millones de euros por show, con unas primas de casi 54.000 euros por concierto. En el capital asegurado iba incluido el caché de los artistas, lo que no ocurre con los toreros que únicamente perciben los gastos originados por sus desplazamientos.

'En el sector taurino -concluye Gerardo Roa-, la siniestralidad es alta. De los cerca de mil festejos que aseguramos en 2004, en las mil primas que se realizaron con las diferentes compañías, se produjeron 60 suspensiones. Esto quiere decir que, aproximadamente, el 60% de las cantidades recaudadas se destinó al pago de siniestros'.

El peor día del año fue el muy lluvioso Domingo de Resurrección, en el que se suspendieron, entre el sábado y el domingo, 28 de los 30 festejos que iban a celebrarse.

Los toreros, reacios al seguro

Quizá se deba a que son supersticiosos o quizá sea debido a que 'piensan que están tirando el dinero, porque todos tienen la filosofía de que nunca les va a coger el toro', en expresión de Gerardo Roa. Pero lo cierto es que los toreros son reacios a contratarse seguros. En 2004, cuatro matadores de toros suscribieron una póliza con esta empresa 'por perdida de beneficio', que incluía veinticuatro horas al día, con la posibilidad de que la inactividad fuese a causa de un accidente en el ruedo o fuera de él.

Las primas suelen rondar los 500 euros por cada 6.000 asegurados, y en los casos de los diestros asegurados, de quien Roa prefiere reservar la identidad, el capital oscilaba en unos 12.000 euros por corrida, y por unas 20 corridas cada uno. Es muy raro que un torero quiera pagar 10.000 euros por un seguro, cuando, salvo unas mínimas excepciones, las cantidades que perciben no son muy elevadas.

Además, las compañías de seguros incluyen en los contratos dos corridas de franquicia, lo que significa que el seguro no comienza a ser efectivo hasta la tercera actuación.

Las cuantías de las primas

El capital asegurado es muy variable en función de diversos factores. Desde los 60.000 euros por los que se asegura una corrida en Madrid, hasta los 9.000 de una novillada sin picadores en un pueblo, pasando por 36.000 de una corrida en una plaza de segunda o una novillada en una de primera, o los 21.000 de este mismo festejo en una capital de provincia. Según Gerardo Roa, 'con estas cantidades se cubren gastos, pues todo está estudiado para que nadie se beneficie del seguro en caso de suspensión de un festejo'.

La época del año en que se celebran estos festejos es lo que hace variar la cuantía de las primas. Sirva como ejemplo la recién celebrada feria de Valdemorillo: por una corrida asegurada en 18.000 euros, en febrero se pagó una prima de 540 por cada 6.000 asegurados, mientras que ese mismo festejo hubiera supuesto un desembolso para el empresario de sólo 180 euros en caso de haber sido en agosto. Si el día de San Blas hubiese llovido en Valdemorillo, la aseguradora hubiera pagado al empresario la totalidad del capital asegurado.

De media, en verano la prima ronda los 150 euros por cada 6.000 asegurados, cantidad que en los tres primeros meses del año se dispara a 500 euros.